UNA PARA LAURA.
"ahema ueme e ito, ahgo"
Dije y me seguí cepillando los dientes. cuando volví la cabeza vi a Cata mirándome bastante confundida.
"qué?"
Escupí la crema y repetí:
"que apenas suene el pito salgo. es que me da putería tener que esperar afuera y yo sé que el se va a demorar"
me puse la primera camiseta que vi, que según ella era "de ayer y olía a farra". para mi sorpresa, el pito sonó enseguida.
Bajé las escaleras y sentí los pasos de ella detrás.
"mierda Cata, no tenés que bajar, vos sabes que..." ella bajó de todas maneras.
El asunto es que, hace unos meses, un año ya casi, Cata y yo nos habíamos ido a vivir juntos. a nadie le gustó mucho eso. por muchos motivos y tal vez no el menos importante era que ella me había engañado con un supuesto embarazo para que me casara con ella.
Pues, yo no me casé con ella, pero todo el tiempo le dije que no se preocupara, que lo íbamos a resolver todo juntos, que todo iba a estar bien y todo eso y me mostré tan responsable con el niño que ella se enamoró de mí, aunque no tuvo el valor para contarme sino cuando descubrí que llevaba unas sábanas en la barriga un mes después de estar viviendo juntos. nunca he sido muy apegado a las cosas, así que no me importó perder a mi hijo.
Tampoco me importó mucho el engaño, habíamos encontrado que nos la llevábamos muy bien y que funcionábamos como pareja. ella sabía que yo no tenía nada de dinero, sé que ella no se quedó conmigo por dinero, sólo quería un buen chico con quién vivir. yo no quiero una buena chica, sólo una cabecidura y mala clase, y Cata era la mejor en eso. no es lo más celebrable del mundo, no es lo que hacen todas las chicas... bueno, algunas sí, pero esas tienen niños de verdad, Cata era muy seria con esas cosas, nada de verdad. al final las cosas resultan bien si uno no pierde la paciencia.
"toes qué" Diego me abrió la puerta y yo me senté.
Diego es mi primo. es lo que llamamos un valija. muy valija. no hablaba tanto como valija, pero sí se vestía y se comportaba como uno, atracaba ancianas, salía a trotar sin camisa y con una pantaloneta de la talla de un niño de 8 años; trataba de meterse con todos los gomelos y los farándulas posibles y cosas así. el lunes se la pasaba planeando alguna guevonada, el martes la hacía, el miércoles, jueves y viernes huía de la ciudad y pasaba el fin de semana en la cárcel, para descansar y comer sin que mi abuela y mi tía lo molestaran. bueno, él era tan malo como una cerveza caliente o unos frijoles fríos o algo así, pero un día mi tía, mi abuela y mi mamá decidieron comprarle una moto. ¿porqué decidieron regalarle una costosa moto a quien no sólo se la pudo haber robado, sino a quien había traído no pocos problemas a la familia? nunca entenderé, pero esa es la justicia materna.
Funcionó bastante bien, de hecho, Diego se enamoró perdidamente de la moto. no la dejaba de mirar, y cuando no la estaba ensuciando la estaba limpiando, y le cambiaba el aceite seguidísimo. yo creo que todos en la familia nos enamoramos de la moto, porque nos devolvió a Diego. y de paso se llevó todos los escándalos relacionados con la ley. la moto hasta tenía nombre, se llamaba multa. se imaginarán porqué. no la dejaba tocar de nadie. excepto de mí y de Cata, mi primo siempre nos quiso mucho. el caso es que mi primo se volvió un hombre de bien hasta que salió esa ley según la cual los motociclistas debían usar un chaleco con las placas.
Y el casco con las placas, como olvidarlo.
Para mi primo y para mí, cuidarse la cabezota es cosa de cada uno, y las placas son cosa de uno, por que la moto es cosa de uno y si uno no ha hecho nada malo, es cosa de uno. la ley es la ley y Diego estaba en paz con ella, así que.. hizo su mejor intento. acumuló tantas multas que le quitaron la moto, el nombre de la moto, el casco sin la placa escrita, y otro montón de cosas. fue una grande, gorda y puta lástima, todos lo lamentamos.
Obviamente para Diego fue peor que quedar viudo, estuvo de luto muchos días y lloraba y se la pasaba sorbiéndose los mocos y con nudos en la garganta.
Todos esperamos el día en el que volvería al crimen. y mientras más se demorara, más obscuro se veía ese nubarrón. por eso cuando me llamó y me dijo "parce, báñese y vístase que nos vamos de ratón" me imaginé que algo sucio venía.
"sentáte Dani, sentáte, y ponéte el centurión que te voy a llevar de ride" Cata que venía detrás de mí se rió del ingles mal pronunciado de mi primo y saludó.
"qué más Dieguín. pa' dónde te me llevas a Daniel" yo me lleve la mano a los ojos, y los froté con algo de fuerza.
"qué dice la Cata! ¿cómo sigue el niño? ¿cuánto tiene ya? ¿cómo es que le pusieron?" la verdad mi primo la había empezado a odiar desde que ella había fingido el embarazo, por que yo me tuve que salir de estudiar y nos pagaban un apartamento y eso. pero antes se llevaban muy bien.
"Diego, ya, ya, dejála, eso fue hace rato, vámonos. ciao gatica, por la noche hablamos."
Cata se despidió y caminó hacia el apartamento. Diego se bajó tras ella. yo levanté una ceja, estiré la trompa y miré.
"Catalina! espérese... quiere venir?"
"hay Diego! no chimbee!"
"no en serio. yo me porté mal, si me entiende? venga, démonos un paseo, venga..."
"no Diego... es que no puedo, más bien vengan temprano, yo tengo que hacer unas cosas acá en el apartamento, pero por la noche les puedo hacer una comidita. ¿cierto Dani? (yo asentí con los ojos muy abiertos) compramos unas polas y hablamos ¿listo?"
"que conste que la invité! esta noche hablamos entonces"
Diego se montó otra vez al carro me miró, se rió y se puso el cinturón.
"¿qué pasa, por que no arrancás?"
"Dani... si me entiende?"
"Diego parce... no me has dicho nada"
"yo no es que no la quiera... es que..."
"vámonos guevón, esta noche hablamos.. y... de dónde sacaste carro?"
Diego arrancó. como a las tres cuadras dijo: "me lo robé"
Yo me quede callado por mucho rato. hasta que salimos de la ciudad por la variante.
"está muy bonito pa ser robado sí o qué?"
"¿qué? esto sí es una gueva... Diego, si te robás un carro bonito, el carro es bonito.. eso.. eso no funciona así"
"parce, nunca me había robado un carro tan bonito."
"pues... sí... y... Diego.. pa’ dónde es que vamos?"
"parce, no me va a creer... vamos pa’l Chocó"
Yo me reí. miré por la ventanilla. sabía que era en serio.
"Diego vení, el Chocó ¿cierto? ¿y eso?" mi pregunta lo dejó asombrado.
"nada, rico, ¿no?"
"pues... vamos."
"¡pero alegá guevón! ¡decí algo! ¡este sí es más marica ome! una vieja dice que va a tener un niño y él dice que de una, que todo bien, que entonces era una farsa, y que un chimba! que no pasó a la u, y que hágale que qué putería! que pa'l Chocó y que de una ¡reaccione!"
"Diego, qué querés que diga? que no nos vamos? entonces vos paras por ahí, nos compramos unas polas, le mostrás tu pistola a un niño que pase jugando pelota, me decís que las cosas son muy buenas en el Chocó, moviendo esa pistola como si estuvieras dirigiéndo una orquesta, te montas al carro, pitas, y nos vamos."
Diego paró en un estaderito.
"vení malparido nos tomamos unas polas y me decís lo que me tenés qué decir."
Sucedió exactamente como yo dije, excepto porque no le mostró la pistola a un niño sino a una vieja que le encantó, la vieja no estaba jugando pelota, pero estaba bastante bonita. nos montamos al carro muy prendos.
Cuando íbamos en Amagá me advirtió:
"parce, en Chocó hace mucho calor, uste' que mantiene con calores... yo no sé qué va a hacer"
Yo me reí. mucho. él sabia que yo sufría de calores crónicos, siempre estaba con calor, y lo decía en serio preocupado por mí. me miraba y medio se reía, pero intentaba seguir serio.
"¿en serio? ¿es que vamos para ese Chocó? ¿allá hace calor parce?"
Me seguí riendo. a él no le gustaban del todo mis sarcasmos. se quedó callado hasta que por fin dijo:
"¿sabes qué es bueno para el calor? comerse a una vieja frígida"
Yo todavía tenía fresca la risa del anterior chiste, pero éste me mató. el comentario se me hacía un poco ofensivo, pero era demasiado gracioso para que me ofendiera.
"hahaha, yo no creo que eso funcione así Diego... yo creo que... hahaha!!"
Todavía me estaba riendo cuando paró el carro y una vieja se montó atrás.
"qué más preciosa, yo me llamo Diego. este es mi primo, Daniel, vamos pa’l Chocó, ¿venís o qué?"
"yo me llamo Juliana pero voy para Fredonia. ¿ustedes pasan por ahí cierto?"
"pues Juli, pasamos por Fredonia, nos tomamos unas polas, te dejamos y seguimos"
"y esa maleta qué? abrimos atrás? Diego abrí atrás yo la monto..."
"no, no tranquilos, Fredonia es aquí cerquita"
Seguimos el camino tranqilos. Juliana prendió un cigarrillo y yo me pasé para atrás a conversar con ella. y a parasitarle cigarrillo.
"¿y vos sos de Fredonia?"
"sí. pues, estaba estudiando en Medellín"
"¡ah! vas de vacaciones"
"no. me acabé la plata. vuelvo a donde mi papá a que me de más"
Miré a mi primo. enseguida levantó las cejas y sonrió. yo no pude evitar sonreír también.
"¿te la gastaste en copias?" ella se rió. condescendiente debo decir.
"farriando, más bien"
"¿te gusta farriar?" preguntó Diego desde adelante
"parce, si se gastó la plata del estudio farriando..."
Ella se rió.
"ustedes también huelen a pura cerveza!"
"¿y por qué no venís con Diego y conmigo al Chocó?" Diego me miró aprobando.
"¿al Chocó? ¡no! qué pereza..."
"Juli, cuánto te da tu papi?" preguntó él otra vez
"por ahí un millón"
Diego se cagó de la risa y le daba palmadas al volante sacando la lengua y haciendo caras.
"¡¿un millón?! ¡¿te gastaste un millón farriando?! ¿si oíste pues Diego? ¿si ves parce? ¡un millón!"
Yo creo que en este punto la vieja pensó que éramos verdaderos ladrones... pues, los dos, uno de nosotros sí lo era.
"parce, con eso vivimos en el Chocó por un año"
"no, qué pereza. hagamos una cosa, vamos al pueblo, recogemos la plata y yo les pago el viaje y nos devolvemos juntos y vamos todos a farriar, yo invito."
"con razón se las gasta todas...Juli regaláme un cigarrillito"
Ella me estiró el cigarrillo y me sonrió muy coqueta.
"parce, no perdás el tiempo, yo soy casado"
Diego se rió, ella también.
"yo le dije a Catalina que viniera, ella no quiso, ya lo perdió, usted ya no es de ella" dijo esto y miraba a Juliana por el espejo. yo lo miré sonriendo y diciendo que no con la cabeza. Juliana sonrió puso el maletín en el suelo para recostarse en mis piernas. yo me agaché y le dije en secreto
"yo sé que vos querés es a mi primo y me estás cayendo no más pa’ despertarle las ganas"
Ella me respondió en secreto también "él también sabe?" yo hice que sí con la cabeza. ella se rió.
"Juli, vos qué signo sos?" mi primo siempre preguntaba por el signo de las viejas que le gustaban, era una costumbre que tenía desde hace años, y cuando podía leía el horóscopo de él y el de la vieja de turno en esas revistas para quinceañeras que había de muestra en estanterías.
"para qué querés saber?"
"decíme, gatita, ¿cuál es tu signo?" ella me sonrió. era una mimada.
"acuario"
"uy, ¿si oíste Dani? acuario, como las que me gustan a mí!"
Cuando llegamos a Fredonia, Juliana nos invitó a almorzar. mientras estabamos en la mesa con doña Marta, la mamá, ella se encerró con el papá a explicarle porqué se había gastado la plata en menos de la mitad del tiempo. hubo gritos pero mi primo y yo seguíamos cascándole a los frijoles tranquilos.
Ella salió gritando y sacudiendo los brazos, palmotiando y tirando cosas al piso. doña Marta casi se pone a llorar. nosotros seguimos concentraos en los frijoles. ella salió de la casa. doña Marta nos sirvió el jugo y nos preguntó que si queríamos tinto después del almuerzo. luego salió don Alfredo, el papá. un señor gordo, que tenía mucho ganado y que se sabía el nombre de una de las vacas porque se llamaba seguramente como una tía suya. esa vaca sería la primera que él tuvo, antes de volverse el ganadero más exitoso de Fredonia. luego se me ocurrió que no había tantas vacas en Fredonia como para cubrir el gran emporio que este hombre tan gordo tenía qué tener para complacer su envergadura y darle a su mimada hija un millón de pesos mensuales además de pagarle el estudio.
"¿quienes son estos dos?" mi primo se levantó, estiró la mano y empezó:
"mucho gusto señor, Diego, un compañero de su hija, me tomé la molestia de traerla, ya ella le habrá contado su problema, él es Daniel, otro compañero, doña Marta hace unos frisolitos de concurso, uste debe mantener muy bien de barriga, si o qué?"
El señor lo miró como seguro miraba a los culos de las vacas de los demás ganaderos de la región.
"¿quién se cree esta gono..." mi primo interrumpió alzando la voz:
"don Alfredo, déjenos nos tomamos el fresquito y el tintico y lo dejamos tranquilo"
"qué tal el hijueputa este"
Diego se mandó la mano atrás, levantó un poco la camisa y desde yo estaba no se veía, pero yo estaba seguro de que le quitaba el seguro a su pistola. yo me mandé las guevas a la garganta.
"ya nos vamos señor, no se me azare, qué pena, yo le llevo a su hija a la ciudad"
Salimos pitados antes de que la cosa se pusiera fea.
Juliana nos estaba esperando sentada en la maleta del carro. estaba llorando. toqué el capó y estaba demasiado caliente, yo hubiera esperado en la sombra.
"venga nos tomamos un fresquito y un tinto... ese hijueputa de tu papá no nos dejó ome! mucho... qué ganas de... " se llevaba la mano a el pelo, mostraba los dientes y se limpiaba el sudor.
Nos sentamos en un barcito y Diego fue a traer las cervezas.
"¿todavía puedo ir con ustedes al Chocó?"
"sí claro Juli, tranquila... ¿qué te dijo tu papá?"
"que me fuera a la mierda, que lo estaba explotando, que él ya había hecho mucho por mí, que ya me había advertido, que me tomara todo eso en serio, y todo eso..."
Diego llegó y se sentó.
"listo, no más habladuría de lo que pasó, ese perro malparido... vámonos todos pa’l puto Chocó, vos por mimada, vivís pobre, uste guevón, sufre de calor, y yo trabajo, y por las noches comemos pescadito y tiramos maría, y nos bañamos en el mar, como esas películas gringas, como una jubilación. ¿les parece o no? venga vamos a meter su maleta atrás y arrancamos de una vez."
"¿parce, y las polas?"
"Juliana las trae"
Juliana fue feliz con el nuevo ánimo de Diego y cogió las cervezas.
Diego abrió la maleta del carro, miró adentro y la volvió a cerrar.
"quietos en primera, quédense ahí" nos mostró la palma de su mano mirándonos un poco severo. nos quedábamos donde estábamos, como a media cuadra del carro.
Diego sacó la maleta de Juliana, hizo espacio en el baúl y la metió. Se quedó como pensando un rato y luego reaccionó:
"listo, vámonos. Dani, ¿querés manejar?"
Me senté al volante. Diego y Juliana se sentaron atrás.
"Juli pasáme un cigarrillo, no soy capaz de manejar sin fumar" era mentira pero quería fumar. ella me pasó la cajetilla y el encendedor... o sea que no quería que la molestara más... Diego también lo notó y le tiró. ella le respondió y empezaron a besarse como si yo estuviera manejando muy rápido. destapé la cerveza y pasé por un puesto de azules. les sonreí y les levanté la lata en saludo. supongo que fue tan natural que no les importó.
"Diego, parce qué pena yo te interrumpo, ¿por aquí por dónde?"
No hubo respuesta
"¡¡¡Diego maricón!! ¿por dónde?"
Él levantó la mirada, se rió y no respondió.
Ella dijo: "seguí.... las... lih.... neas.."
Yo me pregunté cuales líneas. luego ella se rió y pararon un momento y ella dijo: "qué pena, estaba distraída... seguí los avisos" miré hacia arriba pero ninguna de esas señales verdes me decían cómo llegar al Chocó.
"seguí derecho... este guevón..."
"Diego parce, qué había en la maleta?"
"¿por qué?"
"es que estabas como haciendo espacio para la maleta de Juli"
"parce, no pregunte." lo miré. casi serio.
"Diego. decíme." Juliana se extrañó y frunció el ceño.
"hay una muerta" seguí unos metros esperando la verdadera respuesta, pero no llegó.
Frené, bajé la mano por la izquierda, halé la palanca, oí el baúl abrirse, me bajé, me paré frente a la maleta, tomé un trago de la cerveza, seguí parado frente al baúl... qoqué la chapa, inmediatamente separé la mano bruscamente porque esa mierda estaba calientísima, pero me llené de ganas, y está vez sí abrí el baúl del carro.
Me devolví, abrí la puerta de atrás, la de la izquierda, entré, me senté, cerré la puerta, volteé la mirada hacia la derecha, vi a Juliana, abrí la puerta otra vez, me bajé, cerré la puerta, di la vuelta por detrás del carro, abrí la puerta de la derecha, de atrás, entré, me senté, cerré la puerta, vi a Diego en la mitad de la banca de atrás, entre Juliana y yo, contraje los labios, mostré los dientes, apreté la mandíbula, tomé un trago y callé.
"no fui yo"
Juliana me miró. estaba perpleja.
"¿en serio hay una muerta? ¡Daniel, dígame!" mi mirada fue un sí. el más sí del mundo.
"no es mía, no fui yo"
"parce dejémosla aquí y vámonos a tu puto Chocó"
"ni mierda Dani, yo no la maté, yo no la dejo aquí... nada parce, nada."
"como querás. yo no quiero manejar más este carro." me encendí otro cigarrillo.
Diego me pasó por encima, se trepó al volante y arrancó.
"parce, eso va a empezar a apestar, dejémosla aquí." Él frenó, seveía que estaba furioso. mi buscó en el espejo retrovisor.
"Daniel comé mierda. no podemos." se volteó y me miró. arrancamos otra vez.
Paramos en un estadero. nos parqueamos lejos de todo y de todos. Diego fue a comprar las polas. Juliana todavía estaba petrificada en la silla de atrás.
Yo me bajé y fui a abrir el baúl y vi el cuerpo otra vez. era una vieja. estaba muy muerta. también estaba hermosa, pero no sé qué tanto su estado actual de... mortandad tenía efecto en eso. la revisé. cuando la moví un poco me di cuenta que ya estaba empezando a oler. quién sabe cuánto tiempo llevaba ahí. o muerta. o las dos.
Todavía tenía unas cosas con ella, como una mochila y el bolso y la billetera y eso. se llamaba Laura. tendría como unos, ¿qué?... no sé, soy malo adivinando la edad de los muertos. la mochila en realidad era de Juliana, pero yo no me acordaba.
Diego volvió.
Me prendí otro cigarro y arranqué con la pola.
Juliana se bajó del carro y se empezó su cerveza.
Diego nos vio un poco más calmados y empezó la suya.
"parce, ¿porqué no haces un cuento de esto?"
"¿qué?"
"sí, vos sos escritor, ¿por qué no escribís un cuento con esto?"
"parce, qué putas va a pensar la gente de mí, si pongo que me iba a pasear con mi primo, una vieja que recogimos y que se bebe la plata, que el carro era robado y que había una muerta en la maleta? además vamos pa'l Chocó, ¿no?"
"ah... sí."
En este momento empecé a dudar de las verdaderas intenciones de Diego, pero qué más daba.
Juliana encharcó los ojos y quebró la voz.
"¿cómo así que el carro es robado? ¿y por qué no nos dijiste de la muerta?"
"yo no sabía de la muerta"
"¿y porqué me empezaste a besar cuando la viste?"
"se me ocurrió que la muerte nos queda chiquita, y si nos la ponemos no nos la podemos quitar. tenía que hacerlo con vos antes de... sabés qué muñeca, este carro es robado."
"¿cómo es que te vas a robar un carro con una muerta?"
Yo me reí. Diego se rió. ella se empezó a reír.
Nos terminamos la cervezas con ruinas de sonrisas derrumbándose amargas en nuestras bocas.
"ya vengo. voy por más polas"
"Diego, trae cuatro"
"¿y eso?"
"una para Laura"
"¿se llama Laura?"
"sí."
"mierda. ya tiene nombre y todo."
"si no le conseguía nombre iba a seguir con ganas de dejarla por ahí, ya simplemente no puedo tirar a Laura por ahí."
Yo encendí el carro y cuando él llegó arrancamos de una. pasó mucho tiempo. yo manejé mucho mientras el estaba atrás acariciándole la cara a Juli. luego ellos se pasaron para adelante y yo fui a atrás a dormir. cuando desperté el sol me daba en la cara como la luz de foco de un interrogatorio. ellos estaban sentados en las sillas largas de madera de un estadero. faltaban pocos minutos para llegar a Quibdó y no sentía tanto calor.
Me senté y pedí una.
Ninguno decía nada.
Pedí desayuno.
Nadie tenía hambre.
Pedí otra pola para mí y una para llevar. "qué maricada, ¿y ahora qué?"
"una para Laura."
EL NOVIO DE ANA ESTÁ MUERTO
Nadie sabía lo que él pensaba metido en ese búnker con su póster y su Bleach. Ana y yo entramos y antes de acercarse a él, se acercó al t.v. llorando. luego se acercó a él y tomó la nota.
"Querida Ana:
Nadie sabía. llevaba días escuchando esa canción que tanto te ayuda en esos casos. me levantaba y la boca me sabía a sangre. llevaba muchos días escuchando esa canción, y últimamente no me ayudaba tanto a mantener el volumen de los pensamientos buenos en la cabeza, tu recuerdo se desvanecía y la idea de olvidarte me tortura. y a medida que las cosas se salían de control, las cosas auto destructivas subían volumen, y los recuerdos de cuando una flor significaba amor se desvanecían. las arcadas antes de dormir, toser sangre y orinar como un boxeador retirado. ni las drogas legales ni las ilegales me ayudaban y tú? tú hace mucho tiempo que te habías rendido conmigo. y lo merezco, tal vez, pero si hubieras dejado que te contara mi historia... tal vez no hubieras hecho lo que hiciste el mes pasado, y yo no hubiera hecho lo que estoy haciendo ahora.
La vecina se quejaba del ruido. yo me quejaba del silencio de mi vecina. alguien tan silencioso no puede estar escondiendo nada bueno, no sabes a qué te atienes con tanto silencio. tenía mi sótano. tenía mi búnker. la señal del radio no llegaba, por eso no te compré un t.v cuando viviste conmigo.
Sólo tenía mi cama, mi reproductor de acetatos, mi lámpara, mi repisa de libros y discos, mi guitarra, mi transistor y a una chica colgada detrás de la puerta, la señorita noviembre de 1973. la compré en el centro por tres cervezas con el vendedor. pero últimamente tampoco me ayudaba. se venía coqueteando con el póster de Bob Dylan, con el que te coqueteabas tú también. pero el póster de Dylan sólo miraba hacia mi repisa de discos, y se aseguraba de que nada malo entrara allí. siempre que traía un disco nuevo a casa, antes de ponerlo a sonar, lo ponía a los ojos de Dylan y algo me decía si era bueno o malo. por eso cuando me regalabas un disco no lo escuchaba en ese momento sino al día siguiente. generalmente Dylan tenía la razón, pero se equivocó con nirvana. no le tuvo tanta fe, como a ninguna de las otras bandas de esa ciudad. nirvana siempre fue la mejor banda del mundo, mejor que los Beatles, mejor que los Stones, mejor que los Cream, mejor que Hendrix, mejor que los ramones, mejor que los Sabbath, mejor que los Doors, mejor que Iggy, mejor que los Ramones, mejor que los Division, mejor que los Zepellin, mejor que los Velvet, mejor que Bowie, y mejor que Dylan (y por eso la señorita noviembre del '73 prefería mirar a otro lado cuando yo ponía a sonar el Bleach) y qué decir que mejor que cualquier banda de después de los 70's. Nirvana patea.
Cuando me diste su primer disco, dejé de escuchar el resto de cosas por un mes. ni siquiera te escuchaba a ti, sólo escuchaba el Bleach y la máquina lavadora de mi vecina. no era tan silenciosa después de todo, eso me tranquilizaba, y hasta me daba confianza, pero aún así, nunca le debes hablar.
Me levantaba, vomitaba un poco de bilis con sangre, orinaba más bilis con sangre, y sentía que perdía toda la bilis con sangre del cuerpo. luego iba y me quería tomar un vaso de bilis con sangre antes de salir a trabajar, pero no hubiera sido cómico contarle la anécdota al doctor, así que me tomaba un jugo de naranjas. en el trabajo, saludaba a los chicos y me hacía en mi cabina a esperar que algo pasara, y que el dinero empezara a llegar. obviamente no llegó, por eso no te compré un t.v cuando viviste conmigo. allí a todos nos gustaba el Bleach. aunque algunos no conocían a las otras bandas que escribí arriba, que debes escuchar, toma mis discos, pero el Bleach y el Nevermind, déjalos para el final.
Cuando estuvieron de gira por tercera vez y me buscaron para ir a mi sótano, y te presenté a Kurt, no te gustó mucho, pero es un buen chico. aquella vez no era yo quien te estaba invitando a licor, era él quien nos estaba invitando a los dos. no sabes lo mucho que lloré cuando no quisiste seguir viviendo conmigo. le conté a Kurt, y alzó los hombros. pero hubiera llorado mucho más si me hubieras dejado. tal vez debiste haberlo hecho. porque todo me sabía a sangre, y daba arcadas, y me dolía la gente, y siempre que nos veíamos te hacía llorar al verme tan mal y tan triste. y porque nunca te compré un t.v.
Desde que me despierto, tengo una semana encima en la que no he dormido. me siento perdido, pero sé que todo el mundo puede verme y está encima de mí, esperando que por fin empiece el show. qué se espera de mí sino el fracaso? sé que tú no, sé que tú quieres que yo tenga un buen trabajo o... un trabajo de verdad, y sé que tu quieres que yo duerma por la noches y no por el día, sé que quieres que no haga más drogas y que no resulte con heridas y cicatrices después del domingo en el bar, y que termine mis estudios y esté contigo, y sé que quieres que vaya a vivir contigo a la casa de tus padres, y yo quiero vivir siempre contigo, y cuando escucho el Bleach me preguntó porqué tu no estás, quisiera que siempre estuvieras conmigo cuando estoy pasándola bien, pero... yo tengo mi sótano, y allí no tengo tu t.v. y allí me amargo porque tú no estás. pero no quiero herirte ni amargarte, ni que tu quieras cosas. quiero que lo tengas todo, incluso un t.v., pero en mi sótano.
Nunca quise estudiar. y el estudio tampoco me quiso nunca. lo único bueno que me pasó en aquella escuela fue haberte conocido. por eso me expulsaron esa mañana, para que saliera temprano y pudiera verte bajando del bus de la escuela. sabían que nada bueno sería de mí, pero también sabían que nunca has estado bien de la cabeza y te enamorarías de mí al ver que me expulsaban en un día soleado en el que no había querido quitarme las gafas obscuras dentro de la clase. pero es una concidción, el doctor del trabajo me dijo y me dejn trabajar con gafas. porqué no me dejaban estudiar con gafas?
Sabes que la gente me desespera. la gente me... duele. cada día duele más que el anterior, y cada gente tiene muchos de esos días, y si los miras bien, puedes robarles todos esos días y todo ese dolor, y por más auto destructivo que seas, estás muy cansado como para lidiar con que hay un mundo afuera de tu sótano.
Ves la muerte demasiado cercana. sé que tú ya no quieres morir joven. yo tampoco quiero morir joven, es sólo que ya estoy viejo. parezco joven por fuera, pero es sólo porque vivo en un búnker alejado del sol, con la señorita noviembre del '73 y con Dylan haciéndome masajes. sé que nací sólo meses antes que tú, pero es que si miras a la gente a la cara, y los escuchas por mucho tiempo, envejeces por dentro.
Cuando me regalaste el segundo disco de nirvana, el mes pasado, ya era tarde, no había nada que me salvara. no quiero estudiar nada, no quiero un trabajo en el que me asciendan a un mejor puesto, no quiero progresar ni tener éxito en la vida, solo quiero que la señorita noviembre '73 deje que Dylan haga bien su trabajo, y que tú puedas venir a mi tumba a ver t.v. sé que no tuve mucho tiempo para escuchar el Nevermind, pero lo he escuchado todo este mes, o, por lo menos lo que el Bleach a permitido. No sé qué les faltó en las baterías que el Bleach sí tiene.
Anna, no quiero que te pongas triste porque estoy muerto, quiero que, después de leer esto, cambies de lado el disco, los cigarrillos están en la repisa, y si quieres, la cuchilla está todavía en mi mano. en la otra mano, tengo un lápiz. esta hoja la voy a poner encima del t.v nuevo, así que... imagino que cuando entres al cuarto me vas a ver tirado en mi cama, con el Nevermind sonando, al llorar, con tu mano derecha en tus labios y la izquierda agarrando tu collar con la foto de tu abuela, vas a caminar lentamente hacia el t.v. para mirarlo, y maldecirlo, porque significa que ese fue mi último respiro, mi patada de hombre ahogándose, pero al mismo tiempo amarás al t.v. porque simboliza el sacrificio que estuve dispuesto a hacer por ti. puedes ver t.v. pero recuerda, no es mentira que no entra la señal, además no puedes ver t.v. y escuchar música, arruina la música. quisiera haber disfrutado todo eso contigo. pero... estoy my mal, estoy viejo, estoy cansado y la voz me falla. tengo mucha sangre fuera de las venas, está casi toda en mi estómago. y las arcadas no me dejan besarte bien.
Puedes escribir una nota, no quiero presionarte, pero... si no pude vivir contigo por culpa del t.v., puedo morir contigo viendo t.v. y escuchando nirvana. sé que habíamos pactado no suicidarnos, pero... tú rompiste el voto primero el mes pasado, y cuando estabas en el hospital, después de leer esa nota tan triste que me dejaste, me dijiste que me amabas, y desde eso estoy llorando. esa canción ya no me ayuda tanto como solía ayudarme. te llamé, quería que vinieras hoy. nunca quise matarme ni matarte. pero algunas veces las cosas llegan a esto. puedes llevarte todo. puedes llevarte el póster de Dylan, sé que dices que odias el de la señorita noviembre '73 pero también sé que lo veías mucho cuando teníamos sexo aquí. puedes venir a vivir aquí. está a tu nombre, después de todo. estoy empezando a ver borroso. creo que ya no tengo sangre, ni siquiera en el estómago. espero que entiendas que lo del t.v. es una broma. no lo había comprado porque no tenía dinero, y no tiene que ver mucho con mi muerte, es sólo que hoy... hoy no fue un día más duro que los demás, fue exactamente eso, un día. y nada pudo calmar mi dolor. no creo que pueda llegar al t.v. a dejar esta nota. me está costando mucho trabajo mantenerme sentado, tengo mi cabeza recostada en la pared. Anna, te amo, estoy llorando mucho y ya no veo, siento más sangre saliendo de mi boca que de mis muñecas. siento horribles llagas dentro de mi estómago, estoy débil y el cigarrillo me quema, no veo ya. te amo. te amo. te amo. si alguna vez vuelve alguien a buscarme, diles que me suicidé de una sobredosis de sangre con bilis. te amo."
Anna se sentó en la cama a su lado. acercó su temblorosa mano a las heridas muñecas del chico para tomar el pulso. saltó de la cama. no podía tocarlo, lloraba demasiado. Volteó el acetato, encendió el t.v., le quitó todo el volumen, y notó toda la sangre que salía de la boca de su novio. caminó por todo el sótano. hacía círculos. estaba desesperada. me sacó del sótano. yo me senté en las escaleras y sostuve la cabeza entre mis manos y no sabía qué hacer. ella miraba a todos lados y le pegaba a las paredes, fue y me pegó, y me preguntó porqué seguía ahí, pero me advirtió que no llamara una ambulancia. miró a Dylan. Dylan tenía gafas obscuras y sólo el cadáver en la cama podía saber a dónde Dylan miraba, él siempre sabía hacia dónde estaba mirando Dylan. me preguntó si sabía a dónde miraba Dylan. me vio llorando y gritó y cayó al suelo. le pegaba a la cama. se levanto y le dio un beso en la boca. sus labios quedaron rojos de sangre. le ofrecí un cigarrillo. tomó la hoja ensangrentada, escribió "Te amo" y la puso sobre el t.v. se acostó a su lado y lo abrazó. antes de poder terminar el cigarrillo, sin aguantar un segundo más, tomo la cuchilla y acercó a su cuello. la enterró un poco y la deslizó, pero antes de llegar a la vena, escuchó al chico toser. lo miró. me preguntó si yo había escuchado una tos. dije que sí asintiendo con la cabeza. ella lo abrazó, y sin que yo viera, se terminó de cortar la garganta. ahora los dos tosían sangre. cuando me di cuenta de que ella tosía, fui, la halé de la mano pero era tarde. mi hermana y su novio estaban muertos.
CATAFILIA SEXUAL (Cinco Estudios)
Estudio primero. Génesis del abuso.
Tengo frío. Pero no es un frío cualquiera. Es un frío "existencial".
Eso quiere decir que no importa si me encuentro en una tina caliente, o bajo el sol del medio día. El frío que me aborda no es cuestión del haber meteorológico, ni del termostato general.
El frío es victimario de mi despertar por otro tipo de cuestiones. Tal vez cuestiones más serias. Tal vez cuestiones sobre las que tengo más control. Bueno, no tengo control sobre ninguno de los dos climas.
Tengo frío. Sí. Y no soporto cerrar los ojos ni estar solo. Y todo obedece a un motivo raramente simple. Es decir, es simple, pero me cuesta un mar de trabajos sacarlo a flote. Tanto que ya llevo una página y media y aún no he dicho que estoy siendo abusado sexualmente.
Tengo veintitrés. Siempre he tenido una vida normal, en todos los niveles: familiar, afectivo, sexual, etc. Es decir, el termino normal es algo amplio y a la vez estrecho, pero lo que quiero decir es que mi vida no va por caminos ni extraños, aledaños, ni nada de eso. Mi familia siempre ha sido la familia que apoya y la que todos mis amigos envidian y todo eso. Todas mis novias han sido normales, excepto la actual, con la que estoy viviendo. Ella es una artista. En todo el sentido de la palabra. Y aunque eso es una cosa usual, fue algo que causó demasiado revuelo y cuidado en mi vida. Así de normal soy.
Soy cineasta. Me encuentro realizando un proyecto personal, después de haber ganado el patrocinio de una gran compañía por medio de un concurso de filmes independientes. Y esto me da cierta tranquilidad. La suficiente como para trabajar sólo entre semana y relajarme el resto del tiempo.
Este fin de semana en especial, del que les voy a hablar, pasó hace un mes ya. Mi novia no estaba en la ciudad, estaba en casa de sus padres. Muy a su pesar. A pesar de que ella era el rostro extraño y movido en una vida tan quieta y tranquila como la mía, sus padres siempre pensaron que yo era una mala influencia para ella. No me sorprendió el hecho de que no me invitara en aquella ocasión especial. Aunque debo confesar que me molestó un poco que le advirtieran que no me llevara por ningún motivo.
Así que estuve solo todo el fin de semana. El viernes fui a teatro. Vi "Los diplomas", una recopilación del trabajo de Andrés Caicedo. Me tomé unas cervezas con los actores. Costumbres y conocidos heredados de Loris, mi novia.
El sábado estuvo lloviendo todo el día, de esas lluvias densas y lentas; pesada, casi viscosa.
Estaba revisando mi e-mail y sonó el timbre.
Era la hija de la vecina, a quien Loris había prometido unas lecciones de francés. La vecina vivía sola y esta niña, su hija adoptiva, la visitaba de vez en cuando. Loris se conmovió al escuchar como la niña se había encariñado con su madrastra y ofreció a darle clases. A la niña, claro.
Sin su tutora presente, ni motivo para estar en una casa ajena, la niña iba a volver con su madre putativa. Pero como la vecina no era tan vecina, y la lluvia no le había hecho fácil el camino de venida, me ofrecí a darle su primera lección, después de todo yo también era amigo del francés.
Le serví algo caliente y nos sentamos al comedor. Me dejé enternecer por su cuadernito empapado.
Media hora después habíamos hecho lo básico. Y a pesar de que no contaba como primera sesión, la pereza había caído sobre mí. Así que di por terminada la clase.
Nos sentamos en el sofá, donde me contó su historia y de como Loris se había ofrecido. Lo mismo que Loris me había contado pero desde la perspectiva de la niñita.
Me contó que había visto mi cortometraje y que le había gustado. Dudo que una niña de trece años lo entendiera.
No sé a ciencia cierta en qué momento se encontraba tan cerca de mí, ni en qué estaba pensando cuando le devolví el beso que me lanzó desde las cercanías de los respiros en guerra.
Está bien, estoy siendo violado por una niña menor que yo, pero esa no es mi queja, esa no es la excusa que utiliza el frío existencial para violarme también.
Lo que más me preocupa es mi deseo de ser asaltado una y otra vez por esta niña. Mi vida sexual era activa pero no agitada. Ahora no veo la hora en que esta niña me sorprenda desde cualquier esquina o bajo cualquier arbusto. Y no es que lo haya hecho antes, porque lo de esa noche no se repitió Y creo que nunca lo hará, es sólo que me muero de ganas de que eso pase.
Como les iba contando, estábamos en el sofá y nos besamos. Un beso fresco, ligero y muy contrario al clima o ritmo del día, rompía con este por completo. El día se había dejado venir como un gigante y lento dinosaurio, se dejaba ver por las ventanas, pesado e intimidante. Todos los acontecimientos de ese instante hacia atrás, incluyendo la conversación que estábamos teniendo antes del beso eran densos; no por el contenido sino por el desarrollo.
No lo podía creer, yo trataba a esta niña como trato a mi hermana y eso que mi hermana es menor. Me siento como besando a alguna de las amigas de mi hermana, o peor aún a mi hermana.
La escuchaba como se escucha a un menor; esas personas que supuestamente están cursando lo que tú cursaste con éxito. Ella trataba de mostrarme su incomodidad ante la situación, pero yo no podía hacer nada más que tratarla como se trata a un error por corregir. Ella encontró qué hacer para ponernos a iguales. Recurrió a ese lugar en el que yo no puedo jugar al que se las sabe. Puso una tabla de juego en la que ambos podemos perder.
Era un beso plano hasta que ella decidió cambiarlo. Esto es lo que me gusta, que no soy quien decide, no tengo participación alguna, simplemente ella decide cuándo sorprenderme. Ella se tiró sobre mi y a moverse compulsivamente. Eso me pareció exagerado y me sentí siendo sujeto de una actuación exagerada para lograr algo. Pero me dejé llevar, porque fui cobarde y miope y tonto. Me quitó la camisa y me guió hasta la habitación. Me tiró al colchón y me quitó los pantalones dejándome en interiores Se lanzó sobre mí, y se fue quitando la ropa. Toda. En el momento no supe si esto me excitaba o si tenía que verla como a una menor.
Tuvimos nuestros jugeteos y los movimientos implicados y cuando me iba a quitar los interiores ella comenzó a vestirse. Y allí estaba yo todo húmedo con lo que parecía una amiga de mi hermana que no me estaba dejando terminar lo mío. Así lo estaba pensando en ese momento. "lo mío". No iba a dejar que eso pasara, así que la traje hacia la cama y la intenté desvestir de nuevo. Ella no puso resistencia alguna, así que presumí que esa era su intención cuando se comenzó a vestir. Afortunadamente algo me detuvo. Fue el teléfono, el teléfono llevaba sonando un rato. Le solté la mano.
Era Loris, ya saben, mi novia. La salude mientras sacaba mi rostro de entre sus piernas. La niña se escondió en las cobijas para que yo no la escuchara. No recuerdo haberme reído la primera vez que me vine en la boca de alguien, pero me pareció que se estaba riendo como tras una victoria.
Loris sólo llamó para quejarse. Odiaba a su familia tanto como yo quería a la mía. Tanto como su familia me odiaba a mí.
La niña estaba vestida. Dijo que si las clases conmigo eran divertidas, no podía esperar a probarlas con Loris o con ambos. Yo no pude añadir nada a ese comentario. Nada excepto otra erección.
Estudio segundo. Ella tiene que saber.
-Claudia estuvo aquí el sábado-
-¡Uy, se me olvidó! Ah, ahora tango que llamar a esa señora y todo eso. Los paseos familiares me la vuelan ¿La mandaste para la casa?-
-¡No! ¿Con esa lluvia? Le di la primera clase. Dijo que hablaba con vos para la segunda o algo-
-¡Ah! sí, yo la llamo después. ¿Ella estaba aquí cuando yo llamé?-
-Sí. Es que apenas terminamos nos pusimos a hablar en el sofá. Me tomé un trago y cuando me iba a tomar el segundo ya estaba desnudo con ella en la cama-
-¿Qué? ¡Pero si lo hicimos horitas antes de yo salir! ¡El insaciable pues!-
-Yo no sé.-
-¿Entonces?-
-No sé. Ella estaba llegando cuando te contesté. Pues, cuando me di cuenta que estaba sonando el teléfono-
-¿Llegando? ¿Llegando? ó llegando-
-Llegando. Hablando de eso yo no sabía que las niñas llegaban desde tan jóvenes-
-Vos no sabés ni mierda, cuántos años creés que... ¿Cierto que no limpiaste las sábanas?-
-No. ¿Sabes qué fue lo más raro? Imagináte que...-
-Sh, sh, esperate... ¿no cambiaste las sábanas?-
-Dijo que se preguntaba cómo serían las clases con vos. O con los dos-
-¡No! Esa niña nos demanda y hasta ahí llego la artista-
-Yo no creo. Yo creo que es de esas niñas que las violan y quedan todas desubicadas.-
-Muy mal. No me hubieras dicho eso. Además porque en este cuadro, vos también la violaste-
-Uy... pues sí no.... tengo qué ponerme a pensar en eso-
-Qué tal que no. Imagináte que vos te vayas un fin de semana y llegue un tipo bien lindo, menor que yo, y hagamos cosas. tendría qué ponerme a pensar en eso.-
-Pues, pero, es que ella y yo no "hicimos cosas"-
-¿Besarse desnudos no se llama hacer cosas? ¿Cómo se llama eso pues?-
-Listo, listo, hicimos cosas.-
-Lo que te preocupa es que te quede gustando. ¿Si o no?-
-Pues, mas o menos. ¡Ah! Yo no sé. Me preocupa que alguien me haya visto. Ya ni sé qué es lo que me tiene que preocupar.-
Estudio tercero. Ella tuvo qué saber.
La vida es una maldita perra. Me voy un fin de semana y cuando vuelvo me encuentro con que mi novio se dejó envolver por una muchacha. Él cree que ella es mucho menor de lo que es, pero no le voy a decir ni mierda, por bobo. No sé eso qué significa. No estamos bien como pareja, o sexualmente falta algo, o cualquier cosa podría pasar y mi novio de una me se mete con alguien más... y no sé realmente cuáles son las intenciones de la niña.
Es extraño que no me sienta celosa. Siento que la niña no puede afectar nuestra relación. Siento que no puede tocar los cimientos de lo que él y yo hemos construido. Cesar y yo sabemos tratar muy bien con los asuntos de pareja. Sabemos que la relación que se tiene entre una pareja no puede ser puesta en cuestión por nada. Porque lo que yo tengo con Cesar no lo puedo tener con nadie más, y lo que él tiene con esa muchacha no lo puede tener conmigo. No sé nada, me quiero decir muchas cosas, pero a fin de cuentas, a la primera oportunidad mi novio se empelotó con alguien más.
Pero tengo qué decir una vez más. Tengo mucho de qué hablar con la persona que amo. Tengo que decirle que por muy inofensiva que sea la situación, la cosa se salió de sus manos y de mi tranquilidad. Esto tiene que acabar. Porque si eso no acaba, se acaba la atracción que yo represento en su vida. Si él no logra sacar esa muchacha de su cabeza, creo que la mía va a estallar.
Estudio quinto: Fin de la obsesión, principio de la filia.
Él se llama Cesar. Ella se llama Dolores. Pero no le gusta ese nombre. Primero le gustaba que le dijeran Lola. Pero luego le pareció que Lola sonaba a una puta. Y ella nunca ha querido tener relaciones sexuales o de ningún tipo por dinero. Luego le decían Lolita, pero tampoco le pareció bien enamorar hombres mayores. En eso sí me parezco a Lolita. Yo enamoré a Cesar. Un día, que había acordado encontrarme con Dolores para unas clases de francés que ella iba a dictarme, llegué a la casa de la pareja. Ella no estaba, así que Cesar me dio mi primera clase. Luego de la clase, cuando estábamos tomando algo caliente, fue cuando se me ocurrió seducirlo. No sé realmente por qué. Y creo que él tampoco supo. Pero desde ese día él hacía lo posible por verme y yo hago lo posible por que él me vea. Y aunque para mí no es gran cosa, sé que para él es muy importante. Porque Loris me lo dijo. Loris fue el apodo que Dolores se inventó. Un día se acercó a mi casa y me lo dijo todo. Dijo que sin querer estaba interviniendo en su relación. Me lo dijo de una manera amable. Yo en parte lo sabía y como no es mi intención causar problemas, me alejé. De ella no. Con ella tengo muy buenas relaciones. Nos reunimos en la biblioteca a estudiar idiomas desde hace unos cinco o seis años. Y como ya terminamos francés, empezamos con otros idiomas. Yo le cuento todo. De mis novios, de mis amigos, de mi relación con mi madrastra y mis familiares. Ella me cuenta algunas cosas suyas. Y no sé porque, pero desde que tuve aquel incidente con Cesar, quien aún me recuerda con confusión, según Loris me cuenta, me dedico a seducir hombres casados. Como si tuviera esta extraña manía de separar las parejas. Como si encontrara mi sexualidad llena no cuando consigo completar mi relación sexual con aquellos hombres supuestamente ajenos, porque en realidad no pasa de la seducción, sino cuando logro que ellos sientan tambalear su relación. Muchos han sido víctimas de mi terrible y tal vez poco usual fetiche, pero muchos otros, como es el caso de Loris y Cesar, mis muy primeros, han permanecido juntos, esperando de nuevo un ataque tal que reavive su sexualidad. Pero mío no. Ya la diferencia de edad no es tan grande, no es gracia así.
EN UN AVIÓN
-¿Eso es un arma?- Le pregunté más burlesco que preocupado.
Él me respondió afirmativo y miró por la ventana del avión en un infructuoso esfuerzo por verse casual.
Yo tenía poca idea de cómo él había logrado entrar al aeropuerto con el dispositivo, pero sí sabía cómo él, sentado en la silla reclinable que da al pasillo, la había sacado de su bolso para ponerla en mis manos.
Y sí que mis manos la recibieron gustosas.
Lo hicieron en la misma posición en la que uno recibe agua cuando se va a lavar la cara.
Aún no me atrevía a empuñarla de manera adecuada cuando la asistente de vuelo comenzó a llamar la atención con sus instrucciones.
Yo guardé el arma con un disimulo forzado y fingí escuchar.
Él lo notó. -Escucha bien- dijo -No sea que un loco se monte con una pistola, se nos cague en el viajecito y no sepamos qué hacer-
Él siempre ponía una ceja en las alturas cuando hacía este tipo de bromas, que aunque tenían cierto grado de humor negro, no me conmovían tanto como para reír o siquiera sonreír. Yo aún no sabía de alturas que no se elevaran en su ceño, así que cerré los ojos al sentir el tirón del avión al despegar.
Deseé no estar estorbando en el camino de la ventana a él, sino que él me protegiera de la ventana. No sé porqué, pero me sentía terriblemente amenazado por la ventana, que me susurraba a los ojos que estaba lejos de toda seguridad, casi a la deriva, abandonado en los aires.
-¿Es una pistola?- Traté de disimular mi miedo con una conversación.
-Sí- Respondió él -Una colt. O un revolver. O las dos-
La examiné un poco mejor, pero aún no encontraba lo que estaba buscándole. Tal vez porque no sabía qué era precisamente lo que esperaba encontrar.
-No le busques que es de mentiras- Me advirtió enseguida. Al verme que casi la desbarataba con los ojos. Aún así, yo nunca lo hubiera notado. ¿Cómo saber si una pistola era de verdad o de mentiras si no era pegando un tiro con ella?
La tuve todo el camino. Excepto cuando una asistente de vuelo nos ofreció el aperitivo. Él era extremadamente coqueto. Y para su pena o deleite, todas las chicas caían en su pozo de flirteos. Cuando la chica hubo abandonado nuestro lado para traernos unas bebidas que él nos había logrado con sus encantos, volvió a sacarla como de un cajón invisible ubicado justo en el espacio de aire que quedaba en frente de mi nariz.
-Es un jugete- Le reproché. Un poco decepcionado, aunque de nuevo, con más afán de distraerme del hecho de que estaba volando.
-¿Juguete? Si te estuviera apuntando con ella no querrías saberlo. ¿Te gustaría, si no te lo hubiera dicho, averiguar con un tiro al aire, a la cabeza o algo así?- Callé. Porque era muy cierto. -Créeme- Continuó - El arma es un instrumento, es tan solo una herramienta para infundir miedo. A mí no me gusta matar, por eso juego. ¿Y con qué se juega? Pues con juguetes. Ya vez. Juego con juguetes, para ser más explicativo. Que me maten a mí, yo no mato a nadie-
Seguí en silencio. Realmente no quería discutir. Ni con él ni con su pistola. Ni con su inofensividad ficticia.
-¡Vaya un viaje! Casi no llegamos. ¿No? ¿Entonces qué?-
-Nada. Tú sigues con tu arma y yo sigo con mi miedo a las alturas.
SAMSARA
El filo se hunde suavemente en la piel. es un roce gentil, ya lo había probado antes.
"¿Dani? ¿qué estás haciendo ahí adentro? dejáte ese pelo en paz, no te lo cortés más"
El cigarrillo se está acabando y sé que es el último de la noche. duele mucho. no tienes cómo salir a comprarte más, es un dolor inexplicable y no es para nada superficial. me han confundido con la superficialidad muchas veces y las últimas veces me ha ofendido. "usted, el sonriente que se cree Morrison" los Doors me gustan. no siempre me han gustado, pero he aprendido a amarlos y a dejarme tocar por sus manos de madera vieja. al principio me agradaba que me dijeran que lucía como un Jim Morrison un poco menos drogo, pero ya no es divertido. de hecho me gustan los doors a pesar de morrison. cuando era más joven, creía que era el ser más horrible de la ciudad. sabía que más allá de las montañas habría gente que no podría mirar, o dejar de mirar. me pasa con la gente que me parece deforme, pero sabía que los de más allá de las montañas no tendrían deformidades, sólo serían horribles. crecí y me hice un chico apuesto, como el patito feo. el complejo de horrible quedó en mí y de alguna forma, Jim Morrison, quien en realidad me parecía mosntruoso y me disgustaba, se deshizo de él. cuando me comparaban con Morrison no podía creerme horrible, porque sé que no lo veían así. luego estoy en una terapia de grupo y el malparido psicólogo me está diciendo que soy sonriente y me parezco a Morrison. ya no es gracioso.
"yo me supongo que se siente muy bien cuando entra a este cuarto y las chicas todas lo miran"
"se dice yo supongo... y no, no me di cuenta."
"claro que sí, y lo disfrutó"
"¿entonces usted nota cuando entra a un cuarto y nadie lo mira?"
"sí, sí lo noto, pero no me acompleja"
"¿y yo sí debo sentirme acomplejado por ser agradable a la vista?"
"¿reconoce que es agradable a la vista?"
"si usted no reconoce que es feo, como persona, tranquilo, todo el mundo lo sabe y por eso no lo miran ni lo escuchan"
Las cosas se pusieron feas. terminamos todos por concluir que yo no tendría un proceso de mejoría. nunca me pareció que debiera mejorar mi consumo, creo que consumo lo suficiente. ya lo temía, pero las cosa pasan y sin importar si eres feo o no, corres el gran riesgo de ser escuchado.
Quisiera dejar de sonreír algunas veces. quisiera que mi chica no me odiara, no sé porqué le empecé a gustar, pero esas cosas pasan. alguna vez le dije que estaba con ella por que era la chica más guapa del mundo. no lo dije con esas palabras, pero lo pensé. a ella no le gustó. eso me agradó, que no sintiera que sólo estaba con ella por ser guapa. pero me ofendió un poco que se creyera que yo era así de superficial. no se lo dije en ese momento, había emotividad y licor de por medio, no se lo pienso decir nunca personalmente, de todas maneras. no le diría nada que la alejara de mí. le dije que no podía parar de extrañarla y querer estar con ella. la abrumé bastante.
No hace mucho, cuando sufría de insomnio, me encerraba por largas horas en el baño y me iba cortando pequeños mechones de pelo, hasta que sentía que el filo me iba arrullando y entonces lavaba todo y me iba a dormir. algunas veces hasta me quedaba dormido ahí en el piso del baño abrazando el sanitario con las tijeras en la mano. esto me generó una gran dependencia y tenía qué cortarme algo antes de dormir. no había nada de sangre en este punto.
Luego enloquecí un tiempo, nada nuevo aquí, he repasado eso tantas veces que ya parece que le hubiera pasado a alguien más, aunque de cierta manera fue así.
"Dani, salí ya del baño, me estás asustando, vas a salir calvo"
La sangre brotaba a montones y ya no sabía qué otro rincón del baño pisar.
Me resbalé y me abrí una ceja.
No estoy tan mal.
Tal vez sí. pero estoy cansado de tener gastritis todo el tiempo. todo el tiempo tengo ganas de vomitar. no sé si es fisiológico o algo que carcome desde muy adentro y cada vez con más ahínco. y si es algo de adentro, me queda un largo camino, que no creo querer recorrer. es tarde supongo. el filo es gentil, coqueto, cínico. clava una sonrisa roja en la piel y se va relamiéndose su propio filo. quisiera poder vomitar todo el malestar de una sola vez, pero tiene que ser de a poco, siempre de rodillas, mirando como sale de ti todo lo malo que has hecho, y sabes que hay mucho más en camino.
"Dani, escuché ese golpe, voy a llamar a alguien, hay sangre saliendo debajo de la puerta"
"ya voy a salir"
"¿cómo? ¿calvo y muerto?"
"nunca calvo"
Conocí a mi chica después de un concierto. salía del bar, con los labios heridos de tocar el saxo y ella estaba allí sonriendo y me ofreció un cigarrillo. dijo que le había gustado como había tocado, pero que no debía quedarme así nada más, que era música muy angustiosa y tal vez podía explotar otras cosas para enriquecerla. no entendí mucho, pero estaba con ella en ese callejón. tenía que ir a seguir tocando y le pedí un beso para la buena suerte. es una buena chica, no tengo idea de qué hace metida con un tipo como yo, que se levanta dando arcadas, que desconfía de la gente que intenta hacerle el bien, que vomita culpa, con un embarazo constante que da patadas de amor gastrítico tierno. no la culpo, tampoco, sé que por encima o por debajo de todo eso, soy un buen chico.
"qué mierda con vos" íbamos en una ambulancia
"yo cómo iba a saber que ibas a llegar a la casa tan temprano"
"eso no importa, no te podés ir cortando por ahí. y se supone que ibas a terapia hoy"
"no fui, estoy cansado de ese tipo"
"mi papá es muy buen psicólogo, quiere lo mejor para vos"
"tu papá me la trae flojísima, no me gusta, me dice Morrison"
"¿y preferiste quedarte en la casa volviéndote mierda? tenés concierto el viernes"
"ya dejé el saxo"
"¿qué pasó? ¿cuándo decidiste eso?"
"cuando tocaba batería decían que era mala para la morfina"
"lo contrario, la morfina es mala para la batería"
"lo que sea, que el ritmo esto, que los que metían morfina tocaban otros instrumentos"
"¿fue por eso que empezaste a tocar saxo?"
"y porque me regalaron uno, el caso es que esta tarde dejé el saxo"
"vas a volver a meter morfina entonces..."
"no, estoy con vos, yo te dije que mientras estuviera con vos no iba a volver a hacer eso, la terapia sobra"
"¿entonces qué? ¿me quedo con vos y te cortás y te volvés nada? ¿te dejo para que sigas tocando saxo y metiendo morfina?"
"si me dejás, empiezo a meter morfina otra vez, no es una amenaza, es que no tendría nada más, nada que valiera la pena, nada, ninguna razón para seguir sin hacerme daño, pero me da putería, vos detrás de mí, siempre preocupada, sufriendo por mí y eso está bien, yo quiero ser el único que te haga sufrir, y quiero que cada vez que sufra sea por vos"
"ya llegamos, ahorita hablamos, te van a coser y yo necesito llamar a los chicos, tenemos qué cancelar lo del viernes"
"no, no, no, yo soy capaz de tocar, simplemente quiero dejar de tener la culpa amontonada en el estómago."
PRENDE CIGARRILLOS
Ella está en el café.
Iluminación de neon.
Suena Jimi Hendrix a volumen de música de ascensor
No estoy muy segura, pero creo que estoy aburrida. Odio a mi familia. Odio mi vida. Odio mi casa. Odio mi cuerpo. Ya nada puede distraerme de mí. Ni el licor. Ni el juego. Nada. (Apaga el cigarrillo) Lo único bueno de esto es que no pasa nada. Nadie se da cuenta... No hay nadie de quién quiera escapar. No necesito irme de mi casa. Sólo me quedo cuando los demás se van. Me encierro cuando están. Algunas veces vengo a la tienda a tomar un café. Algunas veces los veo. Se ven como una pareja muy feliz. Siempre piden lo mismo que yo. ¿Cuál de los dos será más lindo? Al monito, a ese algún día le hablo. (Pide la cuenta y el monito se sienta con ella) "¿Dónde dejaste a tu amiguito?" (Los dos ríen) "¿Querés fumarte un cigarrillo mientras te cuento?" ; "sí" ; "terminamos, por fin... no estoy para escuchar historias de nadie, entonces no te cuento más. vámonos para una fiesta" ; "¿tengo pinta de ir a fiestas?" ; "¿yo tengo pinta de salir con viejas?" ; "¿es una fiesta gay? espero que no, no me gustan los hombres maricotas, ¿qué música ponen?" ; "qué importa, no la vamos a comprar" ; "¿cómo te llamás?" ; "Andy."
Los dos están en la fiesta.
Iluminación de discoteca.
Suena pulsante música electrónica de un DJ local a volumen discoteca
"(...)y me di cuenta de que me gustaban los niños" ; "Es una buena historia, pero no tiene un buen final" ; "Las mejores historias no tienen final" ; "Las peores historias tienen secuelas... estoy muy aburrida, vámonos para mi casa a escuchar música"
Están en el carro de él.
Suenan los Beatles a volumen de carretera.
"14" ; "Yo tengo 23" ; "Parecés de unos 18" ; "De 18 parecía de 20, matemática simple" ; "¿Porqué se te dio por hablarme?" ; "Siempre estás ahí, es como si te conociera de antes. Hasta sé el edificio en el que vivís. Además, me han hablado de vos" ; "¿Sí? vea pues" ; "¿Nunca salís con amigas?" ; "Odio tener amigos" ; "¿Novio también?" ; "Nunca he tenido. Me corto las piernas, y eso los asusta" ; "A mí me asustaría" ; "Vos no le quitarías los pantalones a una mujer" ; "Eso es verdad" ; "Yo sí" ; "¿Te gustan las mujeres?" ; "No menos de lo que me disgustan los niños" ; "14 años, las piernas cortadas, un cigarrillo en la boca... y ¡como tomás! No faltaba sino eso, lesbiana... Contame más" ; "Vivo con mi tía hippie, que no le importa nada, y mi abuela senil, que no está en ningún lado, pero siempre está ahí" ; "Sí, yo conozco a tu tía, un día le compré unos pantalones. Ella fue la que me habló de vos" ; "No sabía que mi tía vendiera ropa" ; "Ella no vende ropa, trabaja en la floristería, es que tenía unos pantalones muy bonitos y se los quería regalar a una amiga, y como nos llevamos bien, me los vendió" ; "Yo sé que ella trabaja en la floristería, y vení, ¿es que vos vivís por ahí?" ; "Sí, al lado de la floristería de tu tía" ; "Pará el carro, vamos a hacerlo" (Andy frena el carro y la mira con seriedad) "Tabitha, eso no funciona así, yo soy gay, me gustan los hombres. Además sos muy niña, y conozco a tu tía" ; "¿Cuál es la diferencia? Pues... me lo metés por el culo" (Andy arranca el carro y se queda en silencio, notablemente molesto)
Están sentados en el andén donde queda el café.
El café está cerrado.
Iluminación callejera.
No suena ninguna música, sólo pasan los carros.
"No tomés más" ; "¿Para qué me comprás cerveza si no querés que tome?" ; "Vení yo te acompaño a tu casa, estás muy borracha" ; "¿nunca te emputás?" ; "¡claro que sí!" ; "¿y si estoy tan cansona porqué no te emputás conmigo y me dejás aquí? Estoy al frente de mi casa de todas maneras" ; "Simplemente estás sola" ; "Vos también" ; "Sí" (Andy se queda pensativo mirando al vacío); "Vamos, lleváme a mi casa" (Andy ayuda a Tabitha a levantarse y tira la botella de cerveza y sonríe cuando la ve caer y reventarse con medio contenido)
Están en la pieza de ella.
Iluminan el ambiente tres lámparas hippies.
Suena The Velvet Underground a volumen de conversación.
Estoy hablando con el monito. Lo traje hasta mi casa, pero ya sé que no voy a tener sexo con él. No porque él sea gay, sólo porque es un hombre. (Tabitha intenta besarlo) (lo consigue) (se besan apasionadamente, ella intenta quitarle el pantalón) "No, Tabitha, no lo hagás. No te estoy besando por lástima, ni para seguirte la corriente porque estás borracha, pero tampoco quiero hacerlo con voz" ; "No lo vamos a hacer, yo te lo voy a mamar" ; "¿Ya lo has hecho antes?" ; "¿Qué? ¿mamarlo o hacerlo?" ; "No has hecho ninguna de las dos cosas" ; "No... Pero eso no quiere decir que no pueda" ; "Eso no quiere decir nada" ; "¿Sabés qué? Andáte, salíte de mi cama, de mi pieza, de mi casa, y ya. Qué pereza voz" ; "Como querás" Andy se paró, está en mi cuarto, y yo sabía que no iba a hacerlo conmigo y me la cagué. Dejémoslo ir.
Están en el corredor del edificio. cerca al ascensor.
Iluminación de neon, y luces de tungsteno.
Suena reverberación, y carros muy lejos.
"Esperáte" ; "¿Qué pasó?" ; "No te vayás, quedáte, quedáte conmigo" ; "Yo mejor me voy ya, ahorita me preguntaste si yo alguna vez me emputo, pues estoy putísmo. No he sido más que un niño bueno con vos, el mejor tipo del mundo, el tipo que no te mereces con tu auto indulgencia y tu pereza estúpida y anhedonia con la vida, como si la vida te lo debiera todo, y yo vengo, y me porto como si fuera el que te va a pagar lo que la vida supuestamente te debe, te saco a fumar, a tomar, a bailar, a sacar a pasear tu burbuja de mierdas y sangre en la que te gusta ahogarte, y vos, vos, vos me sacás de tu pieza porque no te quiero hacer el puto daño que vos te podés hacer sola, me voy, y pasará un buen tiempo antes de que te vuelva a hablar" (Andy se monta al ascensor, ella con él) "¡Esperáte! Necesito que me cobijés, y que te metás en las cobijas conmigo, y me abracés, y nos durmamos así, y ya. No voy a hacer nada, te lo juro, no me dejés sola" (Andy la encierra contra el espejo del ascensor y la besa apasionadamente. ella le devuelve el beso. paran el ascensor. ella se quita primero los tenis, luego las medias, luego la camiseta, y de último el jean. ella llora cuando ve las cicatrices en sus piernas desnudas, pero él se agacha y las besa y le da un beso en la vagina, por encima de los panties, mientras sube sus manos para acariciarle sus tiernos y tambaleantes senos. ella sonríe y gime, no muy duro, con un susurro felino y se moja como nunca, le hala el rostro, y lo trae hacia ella y lo besa, y lo arrincona contra el espejo, y mientras le besa el abdomen, le quita la camiseta y le baja el cierre del jean, e intenta soplársela) "No, odio que me lo mamen" (Ella le quita las botas y como no tenía medias, le besa los pies, y de un tiro, le hala los jeanes y se los quita, y aparece una carpa como si hubiera llovido en el circo. Él la pone en pie, y le baja los panties con una mano mientras le mete el dedo con la otra. Ella apoya sus manos en el espejo y evita mirarse y mirar hacia abajo para ver sus piernas mutiladas. Él también se quita los boxers y comienza metiéndosela suavemente, tomándola de la cintura y la cadera, con un ritmo lento. ella abre los ojos porque el espejo ya esta empañado y no se ve nada. Acaricia sus senos y le besa el cuello. ella tuerce su cuello y su espalda para poder besarlo. Él pasa su mano lentamente por su cuerpo y sus senos. Ella le toma la mano y la lleva hasta su vagina para enseñarle cómo estimular el clítoris. y gime más duro esta vez. Se voltea y lo besa en el pecho, y él le agarra las nalgas agresivamente, y busca sus labios para besarla y no dejarla hasta que sus labios estén rojos. Siguen haciéndolo en el ascensor hasta que se cansan)
Están en la pieza de ella.
Iluminan el ambiente tres lámparas hippies.
Suena Lou Reed a volumen de música para dormir.
(Están bajo las cobijas, el detrás de ella, y le besa los hombros como ella le dijo que le gustaba que se los besaran, aunque nunca antes se los habían besado) "Me gusta mucho Lou Reed, con la Velvet también" ; "Son muy buenos, yo tuve algunos discos de Reed" ; "Para ser un marica tenés muy buen gusto" ; "O vos tenés muy mal gusto, para no ser gay" ; "Vos sos un hijo de puta. Apuesto que no sos gay y todo esto es una apuesta" ; "Si no te estuvieras riendo, hubiera jurado que lo estabas diciendo en serio. Vamos mañana al café" ; "No puedo, tengo que quedarme aquí" ; "¿Para qué?" ; "Te voy a mostrar donde es la cocina, y me vas a hacer desayuno. Yo no sé hacer nada, pero vos me vas a enseñar" ; "¡Vea pues! ¡Me gané una esposo!" ; "Sí, una tomboy recién legal y con unas piernas horribles" ; "Hay Tabitha, dejémoslo así, no más con tus piernas" (Andy acaricia las piernas de ella bajo las cobijas y siente un millón de coyotes gritando dentro de él de sólo pensar en la sensación de estar tan cerca de su vagina) "¿otra vez?" (Andy se rió) "No, no, yo te quiero querer y te quiero mucho y lo de anoche fue hermoso... pero me gustan los hombres... podemos seguir siendo amigos y ya?" ; "sí, claro que sí, enseñame a hacer desayuno y nos hacemos desayunos juntas"
CUADRAS
Llevo unas cuantas cuadras.
Salí de la casa de mi amigo.
Son tal vez las 3:00 AM. no sé
No veo mucho.
Sólo escucho mis pisadas, ¿Y las de alguien más?
Miro atrás pero no veo a nadie. Sigo de largo.
Los techos caen en puestos de venta cerrados y el arrullo de la quebrada trata de desviarme.
Miro de nuevo hacia atrás, escucho las pisadas ajenas pero no veo a nadie.
Los barrios cambian, aún los prados de las casas se ven diferentes a los que he recorrido ya
Sigo escuchando pasos acompasados a los míos
pero no hay nadie persiguiéndome.
Tal vez...
Tal vez nadie me persigue, tal vez YO persigo a alguien. Eso es...
Trato de alcanzarle, le doy caza. Le sigo apasionadamente, tal vez vea su silueta en la próxima esquina.
Mi paso acelera y mi corazón se agita Aún no le veo, ¿podrá sentirme en su rastro? Estoy a punto de correr hace ya tres calles pero no pienso darme al desespero. No correré hasta que le vea.
¿Por qué no se detiene a mirar atrás? Dónde está que puedo sentirle tan cerca, tan íntimo, tan sigiloso. Sentí la sorpresa compulsiva en el sobresalto de su cuerpo
Me detengo. Me mira en medio del terror.
Sentimos mutuamente nuestro respirar pesado, nuestro temblor nervioso. Tropecé un poco. Quién perseguía a quién me pregunto ahora.
-No puedo verte- le escuché decir a la silueta obscura -El amor tiende a cegarme- continuó, alzando un poco sus gestos, que no su voz.
-No quiero que veas al amor entonces- respondí entre suspiros y ojos bien abiertos. siento su cercanía. creo sentir un beso.
-¿Cuánto tiempo tuve qué seguirte?- preguntó al romper el beso
-Hasta que te dejaste atrapar- repliqué, antes de que los dos emprendiéramos huida de nuevo.
CUBIERTO DE MALLAS
Sabes que todos están aquí conmigo, yo lo sé también, pero ya no puedo verlos.
Los vidrios de la ventana están cubiertos de mallas, por fuera y por dentro, así que no puedes simplemente romper la ventana para cortarte las venas, o la garganta, tienes que quedarte allí, viendo como el sol se mueve a través de todo el cuarto, con su forma rectangular, y se alarga y se achica, y no hay nada que puedas hacer para evitar que el sol rectangular corte su camino y te abandone. y ya no hay luna que te pueda ayudar, porque realmente no hay excusa que tú quieras que te salve, no es tan importante lo que ha pasado o lo que va a pasar, siempre que pueda seguir escuchando tu voz en medio de mis recuerdos, y mirarte por largos ratos, besándote los labios, los ojos, los hombros y cada centímetro absurdo que tu piel se antoja de ocupar, algunas veces con mis manos, o mis labios, y las veces más lejanas con mis ojos, y recostarme en tu cuerpo, y aunque no duerma, descansar, por un momento flamante, de todas las maricadas que me pasan siempre, y no son tan pocas, porque las siento pulsantes como una herida en llamas, y no podrías saberlo, porque cuando estoy allí no estoy tan triste, pero la amargura me consume, soy amargado, y mis risas son falsas, y allí hay una luz, con curvas cleopatrezcas, y me he ganado algo que no merecía pero no hay nadie que quiera reclamar aquel premio en mi lugar, así que, tal vez, después de todo es mío, y la obsesión es tan grande que no sé qué hacer con toda esta energía inagotable, la verdad es que no sé qué hacer, pero todo eso es mío, y está allí, por mérito, y qué fue aquello que hice tan inefable, que nadie puede arrebatar... no sabemos qué es aquello que nos une hasta que se acaba, pero sinceramente, soy muy perezoso como para tener la curiosidad necesaria.
Lo que es bendición, es martirio también, y allí estás, como un ángel con hambre, y los seres hijos de la divinidad tan sólo comen almas de pobres hijos de satán como yo... tal vez... los hijos de la noche todos nos juntamos para bailar con la misma canción, y allí estamos, y para ti, cantaría y bailaría como si no hubiera ningún futuro, pero el que cortó mis piernas te llevó a casa al principio de la noche...
tú sabes cómo es realmente, si no lo sabes es porque no te das cuenta de que no hay nada que no sepas. si mi vida es un disfraz, tu eres mi fiesta. al final de la noche, sólo tú lo vas a develar. espero que no muy pronto, no antes de que nos fumemos un cigarrillo, y nos besemos un poco.
Chaqueta de cuero, pantalones de cuero, piel de cuero, y un rojo entre los ojos, como un corazón envenenado, como una mirada pervertida, todos danzamos cogidos de las manos, llévame al próximo bar, tal vez no tenga dinero para otro whisky, pero una cerveza nos tomamos, y rodamos y rodamos entre todos los bares esperando que alguien nos quite esta aureola, para dejar de actuar como los elegidos y poder desenvolvernos como hijos de la noche.
A través de la vida me han quitado mucha suerte, tal vez tú eres todos los días buenos que me deben los de las montañas. y todos somos de las montañas. hasta que alguien nos da contra el suelo. Sin muchas mierdas, de nuevo tocando suelo con la frente, besándole las cuerdas y los tambores a este aguerrido asunto. todos nos hundimos en este barco, todos vamos al fondo, y si alguien salta a la barca de emergencias, sacaré mi escopeta mata cobardes, y si fallo y no le doy, vendré de la muerte a darle dolor eterno. lo juro.
Te levantas en la mañana, te das otra cerveza y el hígado de nuevo te mira como si le debieras... le debes una vida de malos tratos, y los pulmones lloran porque saben que después de un trago de cerveza vienen aún más cigarrillos de los que te fumaste antes de la cerveza, y el cerebro ya no sabe cómo quejarse, lo ha intentado todo, pero siempre vuelves a caer en la misma tumba, tú solo. llega la navidad y estás en rehabilitación de nuevo, porque has pasado todo un año produciéndole dolor a todo y a todos. llega la hora de descansar, huir de casa. y por eso te digo, sabes que todos están allí mirándote, pero yo no puedo verlos. los vidrios de la ventana están cubiertos de mallas...