El pensamiento tradicional del Norte y Occidente (eurocéntrico) presenta a los fenómenos cognitivos y sensoriales operando dentro del Representacionalismo Antropocéntrico, un marco ontológico basado en la generación de representaciones (principalmente visuales) ajustadas a una lógica alrededor del humano.
Si bien hay una precedencia en la que nuestros sentidos están optimizados para reconocer patrones pertinentes a nuestro lugar en el ecosistema (nuestro reconocimiento de patrones está optimizado de tal forma que somos capaces de detectar la voz humana entre otros ruidos de mayor volumen, o ver, en algunos casos como el de la pareidolia, de forma agresiva patrones humanos en superficies no-humanas) esta no es la única forma, y el hecho de que se siga considerando la forma primaria, primigenia, o básica natural, puede deberse también a sesgos.
Este paradigma posiciona el modelo imagístico como una línea base biológica universal, funcionando, de hecho, como un artefacto cultural e histórico, monolítico y absolutista; una estructura que niega la pluralidad cognitiva al imponerse como el único estándar legítimo de experiencia, pensamiento y empalme con la realidad, invalidando cualquier método que no se ajuste a su lógica jerárquica y visualista, centrada en el humano (ni siquiera el patrón humano, sino el abstracto moral humano, el humano que debe ser).
Más bien existen múltiples arquitecturas cognitivas distintas. El objetivo de este artículo es encontrar algunos rasgos de algunas de ellas por medio de enfrentarnos con algunas alteraciones de la percepción y procesamiento de la realidad.
Esta arquitectura de la que vamos a hablar funciona como un despliegue ontológico integral de percepción sensorial, pensamiento conceptual y participación filosófica. Constituye una forma autónoma de aprehensión de la existencia, afirmando que la existencia abarca diversos métodos estructurales para interactuar con el entorno.
La fase de percepción sensorial de esta arquitectura específica, ejemplificable mediante los términos contenidos en las descripciones de la agnosia de orientación de objetos y la agnosia topológica, utiliza una percepción que llamaremos kinética y topológica.
Cabe mencionar que estamos llamándolos kinéticos y topológicos para el propósito de este artículo, en un esfuerzo por establecer el marco teórico, pero no lo son inherente ni exclusivamente.
Es crucial también distinguir que, si bien la "realidad subyacente" sigue siendo un absoluto potencialmente innombrable e inalcanzable, esta arquitectura cognitiva percibe dicha realidad como una malla de redes de energías potenciales, continuidades fluidas y vectores de fuerza, sentando las bases para un proceso cognitivo sistémico.
En este modo de recepción de estímulos sensoriales ambientales, la orientación y las propiedades de un objeto (frente/atrás, arriba/abajo, temperatura, gusto, olor, textura, etc.) se manifiestan simultáneamente con su vector de acción, estableciendo la identidad como un evento kinético ligado directamente a su movimiento y cualidades, con múltiples fuerzas posibles coexistiendo, apiladas o sumadas.
Dentro de este marco, el concepto de un estado quieto, estático, es abstracto, inalcanzable en la naturaleza; en el universo físico, concedamos que nada está verdaderamente quieto.
La percepción kinética se extiende más allá de la locomoción macroscópica para abarcar vibraciones y actividad termodinámica, micro-eventos apenas perceptibles, pero que sí son recogidas por el aparato sensible: Eventos sensoriales como la textura, el calor, el sonido, el gusto y el olfato son, fundamentalmente, el procesamiento de partículas y moléculas en movimiento.
Por lo tanto, encontrar un objeto aparentemente estacionario constituye, de todos modos, la recepción de materia en existencia, un evento kinético.
De manera similar, los límites espaciales y de contenedor (dentro/fuera, continente/contenido) emergen como campos relacionales continuos y superpuestos donde las contingencias y los umbrales permanecen dinámicos, plurales y capaces de coexistir.
Esta arquitectura no rechaza el monismo relacional pero sí rechaza el concepto de vacío. Una entidad no puede definirse de forma aislada porque la existencia está intrínsecamente ligada a la interacción.
Las materialidades existen también como energía/ondas que interactúan y se superponen constantemente con otra materia; la relación misma es también propiedad fundacional de la identidad.
Tras esta percepción kinética y topológica, el procesamiento, desarrollo y manipulación de conceptos pueden ocurrir de la forma descrita por los espectros de la afantasía (hipofantasía, sinestesia, y otras "alteraciones" del procesamiento perceptivo, ejemplificando en este artículo la afantasía en general).
Operando bajo una lógica de sistemas, relaciones, contingencias y comportamientos materiales, esta arquitectura de procesamiento estructura la realidad a través de redes de agencia e interacción.
Los conceptos abstractos surgen como fenómenos dinámicos. El pensamiento afantásico mapea el mundo a través de la mecánica del cambio y su impacto ambiental, organizando la percepción sensorial fluida en marcos rigurosos, orientados a objetos y resultados. Estos resultados no están impulsados por una intención teleológica (es decir, la persecución de un propósito predeterminado, un diseño consciente o un fin último), sino por la emergencia derivada del reconocimiento de patrones en fluctuaciones entrópicas: A medida que el índice entrópico de un sistema fluctúa a través de iteraciones y pliegues, proporciona un rango de resultados posibles. La arquitectura cognitiva mapea estos resultados mecánicos recurrentes, permitiendo el reconocimiento funcional de objetos y procesos sin particionar permanentemente la realidad fluida subyacente.
La imaginación conceptual sintetiza variables, rastrea la entropía y analiza contingencias estructurales, transformando los estímulos sensoriales kinéticos y topológicos brutos en complejas redes de interacción material y mapas de cómo las entidades y fuerzas reaccionan y operan dentro de sistemas traslapados o vecinos.
Esta participación ontológica continua, desde la recepción sensorial kinética hasta la percepción, procesamiento y desarrollo cognitivo sistémico no antropocéntrico, se encuentra ejemplificada en algunos individuos frecuentemente diagnosticados con alteraciones a una norma exógena, en lugar de ser ubicados en categorías que operan con una arquitectura ontológica diferente.
Esta configuración ontológica encuentra articulación y participación filosófica dentro de los marcos animistas y daoístas.
En las ontologías animistas, una "persona" o entidad existe a través de la capacidad de interactuar con la "agencia" del entorno y sostener relaciones dentro de un sistema, reflejando el enfoque en el impacto material de sus vectores y características, y las respuestas operativas relacionales del entorno.
Simultáneamente, la fluidez topológica de la fase de percepción se alinea con los principios daoístas, en algunos de los cuales se aborda la realidad como un estado de potencialidad pura e integración ambiental fluida.
Al analizar conceptos masivos como el tiempo, la divinidad, la felicidad, dios o la libertad a través de sus tangentes, ramificaciones y vectores de fuerza, esta arquitectura cognitiva cultiva un compromiso espiritual e intelectual fecundo y orientado al proceso.
Se erige como un modelo de realidad, generando significado al moverse en resonancia no particionada con las fuerzas que transforman el mundo.
Integrar esta arquitectura alterna dentro de un marco ontológico, en lugar de uno puramente clínico, desmantela la noción de que operar fuera del estándar imagístico constituye una falla del sistema, una anomalía o una carencia estructural.
Las dinámicas observadas en los espectros de la afantasía y las agnosias (topológicas y de orientación) no se proponen aquí como la única alternativa al modelo hegemónico, sino como ejemplos ilustrativos que abren la puerta a innumerables otras arquitecturas; una declaratoria de "plurisistemicidades".
Esta arquitectura no postula una superioridad sistémica, sino sencillamente otra forma de alineación y empalme material con el universo. (En todo caso, siendo la realidad quizás inconmensurable, carecemos de instrumentos de cualquier tipo para hacer aseveraciones absolutas y definitivas).
Esta consideración libera a la multiplicidad cognitiva de las jerarquías médicas, otorgando un marco teórico que valida estos procesamientos como estructuras ontológicas completas.
Demuestra que se puede operar, filosofar y procesar sistemas complejos a través de mecánicas, vectores y relaciones sin depender de un teatro antropocéntrico visual interno, operando como un sistema autónomo que no necesita ser reparado ni asimilado por la lógica dominante.
Al concebir la identidad a partir de las respuestas operativas relacionales, se disuelve la separación colonial entre el "sujeto" espectador y el "objeto" natural; el humano pasa a operar como un nodo participante dentro de una malla de fuerzas vecinas, permitiendo modelos de habitabilidad basados en la coexistencia sistémica en lugar de la dominación.
En el ámbito de la creación, esta desvinculación de la mirada exclusivamente óptico-visual y antropocéntrica desencadena una disolución ontológica similar a la muerte del autor (acuñada por Barthes). Al remover la supremacía del humano como observador central, el individuo deja de ser el eje absoluto de la creación. El eje se desplaza hacia la interacción material entre el artesano o hacedor y la naturaleza.
La "imagen" o la obra puede seguir existiendo, pero no como un subproducto visual de la voluntad humana, sino como un entramado relacional, vectorial y matérico.
Bajo este paradigma, muere el autor artístico como único productor de arte y emerge el interpelador artesanal: esta figura es quien devela las interacciones físicas, entrópicas y espaciales entre la realidad y el individuo, no para imponer una narrativa, sino para materializar un registro investigativo, poético, artístico y experimental que permita a otros asomarse a esta plurisistemicidad.
Como anexo complementario al artículo, el siguiente video ("Explaining Deleuze with drum machines" de Jonas Čeika) ilustra conceptos paralelos a través de la filosofía de Gilles Deleuze y Félix Guattari. A continuación, cuatro puntos de convergencia teórica presentes en el material:
La representación fallida frente a la autonomía operativa Así como una caja de ritmos se considera "defectuosa" si se la juzga exclusivamente por su capacidad de imitar una batería acústica (un ideal platónico preestablecido), la arquitectura afantásica y agnósica es diagnosticada como un "déficit" médico únicamente cuando se la mide contra el estándar hegemónico del modelo imagístico. En ambos casos, fallar en la imitación de una norma no es una carencia estructural, sino la evidencia de un conjunto de capacidades completamente distinto.
El calco visual frente al mapeo relacional El análisis diferencia entre "calcos" (imágenes prefabricadas estáticas que se imponen como calcomanías sobre la realidad) y "mapas" (la construcción dinámica de nuevas rutas y conexiones). Esto refleja la transición planteada en el texto: del representacionalismo visual y estático, hacia un procesamiento kinético y topológico que mapea redes de agencia, fluctuaciones entrópicas y vectores de fuerza sin particionar la realidad.
Sistemas arborescentes frente a redes rizomáticas La crítica a las estructuras arborescentes —aquellas que son jerárquicas, monolíticas y que obligan a referir todo a un único punto de origen central— resuena directamente con el desmantelamiento del Representacionalismo Antropocéntrico. La propuesta de un sistema descentralizado empalma directamente con la malla de energías relacionales y la declaratoria de "plurisistemicidades".
De la representación a la capacidad material Abandonar la pregunta teológica "¿qué representa esto?" para preguntar "¿qué puede hacer esto?" ilustra la disolución de la separación colonial y la muerte del autor. La creación deja de ser la reproducción de una imagen mental humana forzada sobre la materia inerte, y pasa a ser labor del interpelador artesanal, quien explora el impacto material, las tensiones físicas y las contingencias operativas de su entorno.