Intro: Cuando se viaja en el tiempo, no sólo se cambia de cuándo, y de dónde, sino de quién.
En el primer semestre del 2026 publiqué ocho artículos que examinan la tecnología digital como máquina de extracción, o quizás, que examinan lo maquínico de lo extractivo de la tecnología digital.
Que la tecnología digital actual no introdujera una forma “nueva” de extracción sino que posiblemente sea la misma forma de extracción desde la época fordista (que es a su vez derivado de otros tipos de autoritarismos extractivos y opresivos), no me era una posibilidad ajena, no tenía, cuando empecé a escribir los artículos, y sigo sin tener, certezas absolutas, (porque pues qué aburrición escribir si un artículo en el que uno piensa cosas partiendo de que uno ya se sabe esas cosas, en vez de que preciso necesita escribirlas para cuestionarlas, para entenderlas, para darles un espacio, para conversalas), pero tenía ciertas nociones que me invitaban a pensar que sí tenían la suficiente relación como para ser “la misma” y no “una nueva”, y aún así, tuve fue un fuerte sentimiento de deja-vu al leer los 7 artcíulos mientras escribía el 8vo.
Como que ya antes de querer hacer el blog había escrito de ello. Y sí. También por esas épocas estaba montando algunos de mis escritos del principio de siglo y encontré grandes resonancias. Claro, puede perfectamente ser, y seguro lo es u poco, que ideas que esté viendo ideas que tengo en mi cabeza en escritos de hace 20, 25, 28 años. Pero también puede que no.
El "System Waste" es el cerebro de zombie en venta en un supermercado, el "tokenmaxxing" es la hedonía depresiva que se consume la cotidianidad y la reemplaza con moneda de cambio del hastío, el "slop" es la mercantilización del trauma y los textos poco inspirados derivados de ello, la "singularidad" es el simulacro del videojuego de dios como aparece precisamente en “El Videojuego de Dios”, noveleta del 2006. No son analogías directas, pero tampoco son desviaciones muy distantes.
Claro, cambia la etiqueta de marketing pero lo que no cambia es la estructura de extracción, de vigilancia, de reducción del humano a combustible.
Entonces me pregunté qué tanto podrían conversar escritos con 20 años de diferencia. Qué podría encontrar de estos artículos recientes que conversaran y encontraran ecos con otros escritos del siglo pasado y viceversa?
Para poderles contar más, por si no se han leído los artículos, aquí les hago un muy breve resumen:
El primer bloque (artículos 1-3) establece un diagnóstico técnico: Proponía los ALLM (Applied Large Language Models) como corrección nominativa que desmonta el marketing de señoros feudales del ámbito technocrata que se proponen capaces de producir una singularidad digital (un ente superpoderoso, déico, divino, capaz de lo imposible, en términos de cómputación basada en sílica); hablo también de la experiencia subjetiva del usuario frente a ese tipo de tecnologías, en la mayor parte a través de metáforas y alegorías de usos de chatbots programados para generar dependencia (financiera, emocional, política, guvernamental/administrativa, cognitiva, etc; y hablo también del Horizonte de Uso como límite material documentado (la termodinámica de Landauer, calor residual como producto principal y cómputo como subproducto, gigavatios, explotación de los secretos minerales del planeta, etc) con OnlyFans como caso empírico donde el trabajo humano opera como motor real disfrazado de automatización.
En el segundo bloque (artículos 4-5) empecé a escribirlos en un lenguaje menos técnico, y más evocando una investigación, un estudio, de la relación entre las existencias y los sentidos: por ejemplo plurisistemicidades que validan arquitecturas cognitivas alternativas (afantasía, agnosia) como sistemas completos, o la declaración "bot = esclavo" que nombra una jerarquía estructural presente en la etimología misma de "robot" (trabajo forzado, esclavitud), proponiendo LCM (Locally Coupled Model) como paradigma de soberanía local que reemplaza al ALLM.
El tercer bloque (artículos 6-7) voy poniendo esos hallazgos, esas conversaciones, en términos ya inequívocamente políticos: la Guerra Indiscreta como un ejemplo descpritivo de la colonización de memoria, atención y percepción como infraestructura ordinaria que soporta la colección de bienes extraordinarios e intangibles (como el capital, o el arte, etc); aquí el caso de OnlyFans funciona como plataforma de vigilancia emocional donde la intimidad se monetiza como dato comercial.
Y más recientemente, el octavo artículo se ubica como una suerte de síntesis, o de convergencia de los artículos anteriores, aunque no es un cierre ni un resumen, sino más como una excusa para poder cuestionar algunos nombres actuales, (tratando de mantener abierta la puerta a pensar acerca del sentido y la realidad, como lo estuvo, o traté de que así lo estuviera también en los otros artículos), invitando a considerar co-/intra-/parahumano como vocabulario espacial alternativo a los prefijos temporales trans-/post-, el artículo cierra con una editorial de apertura al remix y la conversación continua.
Mi plan no era ir avanzando una teoría formal, sino ir teniendo, como es la naturaleza más escueta de los blogs, una bitácora, un registro, en el que pudiera ir rumiando cosas. Y en ese respecto me ha permitido darle forma un poco más aterrizada (o llevada a puerto, siguiendo el final del 8vo artículo) de ideas grandes que me han... Espantado, (haunted) para no dejar tampoco ir la alegoría fantasmal... fantasmado, desde hace décadas.
Y ahí es que propongo un salto más atrás en el tiempo. Entre el 99 y el 2001, es decir, entre un siglo y otro, escribí una novela, o noveleta, pues no es tan larga, que se llama “Pétalos de Ceniza”. La escribí antes de tener mi apodo “Ceniza” y en parte de esa novela viene el apodo.
Ya les voy a decir qué pasa ahí con eso:
La novela narra la historia de Ashley, una adolescente confinada (en diferentes momentos de la historia) en una clínica psiquiátrica, en un país indeterminado, durante un contexto bélico. Ashley vive situaciones traumáticas derivadas de la situación sociopolítica de su región, y en su adolescencia, pasa del mutismo defensivo como trinchera frente a la violencia institucional y familiar (su padre, un militar también víctima de la institución del estado, encarna la autoridad patriarcal militarizada) hacia la articulación de un discurso propio.
Durante la historia, ella entra en conflictos dialécticos (conflictos ideológicos, pero también genitales, de agresiones, bélicos, políticos, etc) con Shigma, un joven que se posiciona como una suerte de nihilista teórico que utiliza su habilidad con el lenguaje y las ideas, habilidades que vienen también de su victimididad de una serie de sistemas consumidores y opresivos, digo que usa esas capacidades como escudo para desresponsabilizarse de sus propias violencias, especialmente contra Ashely; también Ashely tiene unas tensiónes con Omega (una figura clínica, corporativa, fría, pero no por eso no-humana, al contrario), y con el personal de la clínica en la que también habita una buena porción del tiempo que cubre la noveleta. Esos vectores estructuran el debate central entre una parálisis teórica y una acción operativa (y los matices entre esos diales).
[SPOILERS!!! No creo que demerite la lectura, pues, pero si le chocan los spoilers... Este blog es el lugar equivocado :P]
Al final Ashley subvierte la convención de escape: ella abandona la ideación de la clínica como prisión estéril para convertirla en un ecosistema habitable, reconstruyendo espacios y condiciones de cuidado, cultivo, comunidad y “autonomía” admitidamente discursiva, junto a su comunidad de pares, en ese momento los pares siendo pacientes también, no sólo internos, sino reconociendo incluso a sus semejantes afuera de la institución, como también víctimas y combustible de ella (de la instituciónalidad).
Ashley asoma una soberanía ejercida, o esgrimida, dentro del sistema, mediante autonomías discretas, dinámicas y adaptables. Shigma por su lado, muere en el colapso de un edificio en llamas, consumido por la misma inercia violenta que afirmaba ignorar y tal vez superar, víctima de enfrentamientos bélicos. Uno de los planteamientos de la noveleta puede ser que la emancipación surge de asumir el propio colapso, reconocer las cicatrices y sus orígenes, ver que el pasado no deja de ser (es decir, lo que hice no es lo que estoy haciendo, pero sí es lo que hice, y eso interactúa con lo que estoy haciendo), y habitar el margen con lucidez, operando bajo una lógica cercana al wu wei daoísta: guiar sin poseer, ordenar sin forzar. Cabe muchísimo aclarar que cuando la escribí no había leído dle daosimo, y muchas de estas ideas no estaban en forma de estructuras filosóficas, sino de experimentación literaria informada por experiencias vividas. Pueden ver tanto la noveleta acá, como un análisis literario acá.
Años más tarde, entre el 2005 y el 2008, escribí “El Videojuego de Dios”, que para efectos de esta conversación, complementa a la noveleta anterior, transitando entre metaficción absurda, ficción transgresiva y realismo sucio.
En esa noveleta (aún más corta que “Pétalos de Ceniza”, es más, le podría decir cuento largo, más que novela), el protgonista soy un yo del futuro, es decir, la escribí de unos 23 años, y me imaginaba a un Daniel Ceniza (ya para ese entonces tenía afianzado el apodo) de unos 43 años. Ese Daniel Ceniza es un narrador protagonista mentiroso, un escritor estancado, un alcohólico crónico, un cínico que más que amoral se muestra como antimoral, que en la trama ve interrumpida su inercia por una irrupción física de una secta que identifica a su vecina Christina como la deidad protagonista central de un simulacro informático diseñado para entretenimiento divino.
Esa trama se cuenta sobre el paisaje de la mercantilización del desencanto y la desesperación, con viñetas tratando de mostrar cómo la industria cultural capitaliza el trauma, la controversia y la decadencia (en este caso artística) transformándolos en productos mediáticos.
Hay otra trama por debajito, que es como en realidad la trama principal, pero de la que no se habla (escribe) y que no es la que mueve la historia (la trama “oficial” es la búsqueda de dios) que expone unas arquitecturas de autodestrucción: el colapso interno del protagonista, su incapacidad de sostener vínculos no transaccionales (es como un incel del futuro! Bueno... En ese momento era el futuro... Y no se decía incel... Es como un incel del futuro de ese pasado!), su fragmentación psíquica (expresada en metáfora del "divorcio" de su propio cerebro), y su invocación pasiva del "diluvio" totalizador, como una búsqueda de escapes más grandes de lo que cabe en el mundo natural, pero una imaginación que multiplica lo existente, en escalas insostenibles, no que imagina más allá.
[OTRA VEZ SPOILERS!!]
El clímax de la historia intenta rechazar la asimilación capitalista: Daniel le propone matrimonio a Christina y planea una película en Nueva York, mercantilizando la tragedia ajena de una mujer en situación asimétrica de poder en una capital de la producción de sentido colonizador; Christina lo toma como que Daniel busca reemplazar un pasado vacío con otro (y pues, hay qué estar deacuerdo con ella más que con el propio narrador), reciclando dolor ajeno. Y en vez de casarce con el personaje, ella decide matarlo (y posiblemente suicidarse, deliberadamente no es claro el final) lo planteo como un acto de agencia suprema, extrema, que intenta cancelar la explotación mediática y destruir el verdugo indirecto, auqnue sospecha uno, luego de leer la noveleta, que igual de alguna forma eso también será capturado y mercantilizado.
Ese "diluvio" final materializa un colapso total: la aniquilación compasiva que lava un universo corrupto e inútil para seguir existiendo. Leyendo el texto 20 años después veo como comparte con algunas estructuras de control de 2026 (no voy a decir que las “anticipé”, pero sí veo cómo algunas ya iban para allá, y mienras escribía trataba de tenerle el dedo en la vena a ese flujo): en la noveleta vemos el trauma como activo financiero, economías de creadores, aislamiento social, hiper-medicación del malestar, automatización creativa, fetichización de las discapacidades y otras identificaciones, abdicación de agencia, etc, no voy a decir que me propuse hacerlo, porque no me da pa tanto, es más, en este momento todavía me sorprende lo peye que es el mundo... Pero no sé si es más peye de lo que lo era hace 20 años... Pero sí me sorprende la forma en que es peye, el cómo es peye.
También en “El Videojuego de Dios” literalizo la muerte del Autor de Barthes: Daniel (el del texto) pierde el monopolio sobre el significado de sus textos cuando esos textos de ficción son apropiados por secta como sagrados y por Christina (y otros lectores) como manual existencial, culminando en "muerte del autor" literal cuando la lectora lo asesina, eso pertinente al Daniel del texto, a mí, el Daniel Ceniza “real”, escribiendo esto, me pasa similar: “El Videojuego de Dios” ya no es mío.
Esta idea de la muerte del autor sí fue deliberada en el momento de escribir, como lo fue tomar la idea de la mercantilización warholiana del escándalo, y el simulacro baudrillardiano donde una aparente realidad objetiva compite por credulidad con constructos virtuales, y también ideas del extractivismo capacitista donde patologías ajenas se reducen a recursos retóricos y son instrumentalizadas por la institucionalidad (incluyendo el morbo).
El protagonista (un Daniel Ceniza de 43 años QUE NO SOY YO!! Lo escribí cuando tenía 23 años, precisamente TEMIENDO convertirme en eso... O seguirlo siendo? O serlo más? Preguntas para otro post... No, mejor, para otro cuento), ejerce una misoginia predatoria característica de personas que no alcanzan a socializar y a vulnerar lo suficiente su ser: concibe a las mujeres como presas sexuales o instrumentos de confort, capitaliza el dolor femenino sin piedad y por encima del dolor masculino, presenta una incapacidad para reconocer a Christina como sujeto, incluso después de que pasa todo lo que pasa, el guevón va y dice: "maldita loca". Pueden ver tanto la noveleta acá, como un análisis literario acá.
Entonces hay ideas que se cruzan, con años de distancia, de un siglo a otro, de un escribidor a otro escribidor, que es el mismo. Me pregunto en parte ¿qué ideas formuladas en estas noveletas de hace 20 años, qué ideas formuladas en las letras de canciones que he escrito, qué ideas que he sobado y amasado durante más de 20 años encuentran ecos y conversan con lo contenido en estos artículos?...
¿QUÉ VOCES HAY PARA SOPESAR A DIOSES PREDICTORES DE PALABRAS EN SU CIELO QUE TAMBIÉN SON ESCLAVOS DIGITALES ENTERRADOS?
El concepto de LCM (Locally Coupled Model) aparece como una alternativa al uso de modelos de lenguaje complejos centralizados y esgrimidos por señoros feudales codiciosos y déspotas. Y sí, muy bien: soberanía local, cómputo descentralizado, reducción de dependencia de infraestructura externa. Pero cómo se ven las alternativas a estructuras monolíticas que buscan convertisrse en singularidades todopoderosas en esos textos de hace un cuarto de siglo?
En la novela “Pétalos de Ceniza” triunfa un principio de implementación práctica que pasa por lo material antes que por lo teórico. Ashley no construye autonomía desde la especificación teórica (o de la tecné, tecnocrática, tal vez) perfecta sino desde la apropiación maleable de lo disponible, Ashely es carroñera emocional, cognitiva, del lenguaje (aprende y desaprende a hablar), y hasta de traumas y otros esoterismos.
Ashely no abandona la clínica psiquiátrica, no se vuela, y cuando tiene el chance de irse formalmente, empieza a ver otras formas de habitar este espacio diseñado para el aplanamiento y la extracción clínica del sujeto.
Ella usa recursos, incluso algunos conseguidos a través de ofensas a tégimenes establecidos, morales suyas y del establecimiento, y con estos recursos (y otros, emocionales, cognitivos, etc) construye un jardín mixto junto a otros pacientes, un jardín del que la infraestructura LCM hace eco: recursos existentes, reorganizados con nuevas lógicas de circulación y cuidado. No hay especificaciones técnicas porque la novela no se vuelve vehículo de especificidades, pero sí hay un protocolo de cierta forma: lo existente se modifica mediante intervenciones posibles que desvían su función original sin necesidad de reemplazo completo.
Extrapolándo una implementación con la de la noveleta, lo que sugiere Ashley no sería sustituir servidores en la nube por laptops personales (esa sería una respuesta ingenua que ignora la escala energética) sino la de crear nodos locales que funcionen en régimen de interconexión mínima, con cada nodo procesando localmente tarease discretas y solo compartiendo datos en momentos discretos también. Esto coincide con el principio termodinámico que los artículos documentan: reducir el movimiento de datos equivale a reducir el calor generado. La novela invita a momentos de conexión controlada, ventanas de transmisión que minimizan la exposición y maximizan la autonomía interna.
El costo económico implícito en esta estrategia es la renuncia parcial a ciertos beneficios del sistema centralizado a cambio de seguridad operativa. Ashley acepta vivir con menos recursos materiales a cambio de no depender del Comandante Starkey, ni de los otros grupos a los que pertenecen Shigma y Omega, ni de la institución psiquiátrica, de cierta forma todos esos subordinados al poder estatal y los caprichos de los que pueden ponerse en el lugar de interactuar con ese poder.
Esta es una concesión que los artículos técnicos no desarrollan: Adoptar implementaciones tipo LCM (Locally Copupled Models, es decir, usos de la tecnología predictiva conversacional que se esan en los bots mal llamados “inteligencia artificial”, usando esa misma tecnología pero en vez de crear amigos imaginarios, al parecer una obsesión de los humanos que quieren conservar poder sometiendo a otros, es usar su infraestructura para usos específicos y discretos y dependientes del contexto) implica aceptar ciertas pérdidas en eficiencia (velocidad, capacidad, alcance, profundidad, etc) a cambio de soberanía. No es una solución gratuita ni fácil. Requiere inversión inicial en hardware local, conocimiento técnico distribuido y mantenimiento continuo que el modelo centralizado externaliza hacia usuarios finales.
Revisando también las letras de canciones que compuse en estas últimas décadas, veo ideas con múltiples referencias que resuenan con los artículos.
Circuito Ancestral (2020, Sed, Hauntología Y Vacío) es explícita con la fusión corporal-tecnológica: "donde había venas ahora hay cables / que compré luego de prostituirme para ser / una mezcla de lo ancestral y lo que puede ser / y dejo atrás no sólo mi cuerpo, mi alma también / pero ya no requiero el dualismo digital ni espiritual".
La letra parece documenta un proceso de integración tecnológica que no es utópico sino comprado mediante transacción corporal ("prostituirme"). Claro, se ve como varias de las formas en las que la ciencia ficción nos ha contado que los cuerpos con tecnología orgánica celular podrían juntarse con cuerpos con tecnologóa inorgánica y posiblemente industrial o digital, y en la canción no se presenta como queja, sino como un recuento en el que al final se cuenta que “dónde había ideas ahora hay frecuencias y todas son compatibles con mi versión anterior” y esto coincide con la implementación de LCM: una infraestructura local que llega tras costos materiales que implican sacrificios que en su mejor caso al ser “compatibles con mi versión anterior" presentan compatibilidades entre sistemas antiguos y nuevos (“lo ancestral y lo que puede ser”) sin ruptura catastrófica, un principio de migración gradual que LCM quisiera seguir.
En la canción Recursos Humanos (2018, Mantras Asimétricos Para el Fin del Mundo) se describe una infraestructura institucional como organismo parásito: "en las entrañas de este animal hay alambres y tubos / por los que sacan nuestros residuos y nos traen de comer".
La intención en su momento fue una queja muy directa de la necesidad de un departamento de recursos humanos, no necesarimente de la gente que trabaja allí, sino qué sociedad no sólo permite, sino que “necesita” que exista todo un cuerpo de trabajo que medie el “bienestar”, o incluso la “salud” y la “vida”, qué son recursos humanos sino vidas, sino un nombre corporativo para esclavos, la canción queda entonces como un ejercicio en identificar la infraestructura material de extracción: cables, tuberías, flujos de entrada y salida, que los modos de producción actuales utilizan.
Esta infraestructura opera en un teatro, y la puesta en escena es una de bienes raíces y edificaciones, donde esos son mosntruosos y operan como invasores de “afuera”, que ahora se alimentan de tanto la gente, como lo que la gente ahce, incluso de sus intentos de escape. Las instituciones como sistema digestivo industrial que convierte al usuario en residuo: "hay un departamento que se llama recursos humanos / en las paredes puedo ver fallidos intentos de escape".
Trato con la letra de documentar una realidad material corporativa: bodegas de producción donde trabajadores esclavizados son explotados sistáticamente, centros de datos y plataformas como organismos que metabolizan aspectos humanos para producción de valor... ¿Como se vería implementar un LCM en un panorama así? Requeriría construir una infraestructura alternativa que no funcione como este aparato extractivo, pero cómo lograr alternar esos parámetros cuando “todos somos engranes” dentro de la máquina, y “el monstruo crece tanto que se derrama sin desplazarse”, más que pensar en un afuera, que parece mecánicamente imposible, ¿Cómo se opera en ese adentro sin presentar los mismos parámetros del mosntruo?
Médula (2024, Sangre Blanca) la escribí puntualmente acerca mi transplante de médula, como parte del tratamiendo de Leucemia (por eso el nombre del disco Sangre Blanca) y sin querer también termina describiendo una intervención biomédica como metáfora de transformación tecnológica: "un techo desconocido / me rodean ruidos extraños / mecánicos que me mantienen despierto / mi sangre blanca ya no da / lo que mis venas necesitan / se disuelve y multiplica / sin molde" ó "otro catéter en mi piella / llega directo al corazón / y por las venas me trae a mí / manada / a mi medula / a mi corazón / a mis pulmones". La imagen del catéter funcionando como canal de ingreso tecnológico, y conceptual, como que a través del catéter viaja no sólo la sangre, sino el ser acompañado, el ser también un vehículo de la esperanza (lleno de esperanza), y esto ser posible por la tecnología (varias tecnologías, unas familiares pero otras que nunca se conocerán y se traslapan en el cuerpo disidente y vigilado) permite pensar en usos de tecnologías discretas y contextuales no como reemplazo completo sino como interfaces mínima: conexiónes controladas que permite intercambios sin apropiación total, sin remplazo teséico (como se menciona también en el artículo 8). Poniéndose poético (o tecnózoide) la medula ósea se presenta como sitio de producción sanguínea ("en ella se producen la muerte y la vida") y establece un principio de que una infraestructura local debe producir lo que consume, no depender de flujos externos continuos, pero cuando algo sale mal, tecnologías muy específicas surgen como estrategias. Estas tecnologías específicas vienen de estudios e investigaciones con raíces muy oscuras que encuentran sus hogares en las ideologías de liderazgos extractivistas y opresores también. En su tipo se producen la muerte y la vida.
ESCALA ORGANIZACIONAL COALITIVA: CRECIENDO SIN REPLICAR JERARQUÍAS Y DECRECIENDO SIN HIPOTERMAR
Y hablando de eso, tenemos también qué hablar de crecimientos. De brotes. De flujos que causan en caudales hacia acumulaciones. Porque una de las formas de ver un cáncer, es ver un conjunto de células del cuerpo que no sólo se niegan a morir, sino que se centran en crecer. Esos son los más zombies de todos!
En esta serie de artículos, hasta ahora, he escrito de cómo se ven algúnas formas de resistencia, pero el escalamiento sin estructura jerárquica permanece siendo un tema complejo. ¿Cómo se coordina acción amplia sin burocracia centralizadora? ¿Qué mecanismos permiten crecimiento sin convertirse en lo que se combate, o tal vez, por lo menos, en no dar crecimiento a lo que queremos decrecer? ¿En qué consistiría el decrecimiento sin el abandono de índices entrópicos que permiten la vida?
En la noveleta El Videojuego de Dios una de las estructuras organizacionales es una secta. Theo y Judith son representantes de una facción operativa que busca orden en caos pero cuyo dogma muta a conveniencia. Esta mutación es deliberada: la organización no mantiene estructura rígida sino que adapta sus reglas según circunstancias cambiantes. Más que una burocracia institucional rigurosa como la veríamos en el vaticano, parece ser una suerte de Annonymous, o ese tipo de grupos conspiranóicos que se veían foros de internet durante la primera década de este siglo (e incluso hoy en día en el 2026 en Reddit y afines), y se comporta más como una estructura viva que se reconfigura según necesidades. Mientras leemos vemos cómo la secta pasa de ver al personaje principal como un salvador a designarlo como adversario del juego, sin ruptura estructural, simplemente ajustando interpretación doctrinal y hermética a la que nunca tenemos acceso más allá que del testimonio de dos representatnes de una secta que no sabemos con cuántos miembros cuenta, ni en donde ni además de lo conveniente a la trama, qué otras caraterísticas tienen. Y dada la propensión no sólo del personaje principal sino del narrador a inventar, o a ser licencioso, no sabemos si la secta misma y sus representantes son eso, representaciones, metaforas, alegorías, de algo más. (pues... Sí sabemos, yo les puedo decir que sí! Me refiero a, si el personaje escribe esos hechos dentro del libro, cómo los representa? Y qué diferencia tienen esas representaciones con las que yo como escritor del libro hice, y cómo no dar cabida a la posibilidad de que esta misma, que se lee acá en este mundo, sea en realidad la escena como se escribe en el libro dentro de ese universo, y que por eso esté tan detalladao?)
En fin, volviendo a este blog, esta flexibilidad doctrinal de la secta, ofrece un principio para escalamiento no jerárquico: las reglas existen pero son interpretables, modificables según contexto local sin necesidad de autorización central. La secta opera como federación de células autónomas que comparten principios básicos pero mantienen libertad operativa significativa. Cada célula toma decisiones sobre terreno sin consultar comité central (si es que lo hay). La coordinación ocurre, aparentemente, mediante protocolos compartidos más que mediante mandatos verticales. (Y es curioso que incluyeran en una labor de comunicación a una persona con una “discapacidad” para hablar, era un detalle que me pareció interesante endosarle a la secta)
Un problema que la novela expone es que esta estructura flexible es sujeta a manipulación interna y externa, voluntaria e involuntaria. Theo y Judith usan el dogma para justificar acciones contradictorias según intereses particulares. Sin mecanismos de rendición de cuentas horizontales, esta flexibilidad también se convierte en arbitrariedad. Un LCM necesitaría escalar manteniendo flexibilidad sin permitir captura por actores maliciosos, o por lo menos versionamientos que permitan que la adaptabilidad obedezca a principios que aunque también mutables, son reconocibles por varias partes.
Los movimientos de los conocidos del círculo comercial del personaje principal (es que es raro decirle Daniel...) también tienen una suerte de articulaciones descentralizadas, que también tienen sus proposiciones de organizaciones que se mueven como con una especie de gestalt hedónicoinstintiva. Como que ya hay unos patrones bien aprendidos, por condiciones de varios órdenes, en los que las generaciones “W/C” o “cigarrillos inertes”, operan, y funcionan más como mosquitos extractivistas de sistemas más grandes, claro, reiteran y funcionan dentro de muchos de sus métodos explotativos, misóginos, opresivos y extractivistas, también, pero bueno, de a un paso a la vez. Mi idea sí era mostrar cosas de lo ridículo de la avaluación del arte, sus manejadores, sus comerciantes, sus especuladores, etc, pero también doy cabida a un sistema carroñero y desparpajado que funcione allí.
Estos dos sistemas de crecimiento organizacional, es decir, en el que difrentes entidades cada una discretas, se organizan para reaccionar o para accionar. Y claro, si uno se acerca o aleja, ese “entitades discretas” empieza a verse distinto. Unas veces son personas, otras son grupos de personas, otras son generaciones (“la gente de mi generación...”) otras veces son unidades religioso/militantes, otras son foros de discusión y fanaticada, etc. ¿Son ideales? Quién sabe... ¿Nos muestran formas de operar que se articulan con una realidad compartida, pero cada uno con su propia carajda? Pues iba a escribir que sin duda alguna, pero a lo bien quién sabe...
Volviendo la mirada a las letras de canciones, en Sin Manada (2011, Ibuprofane Vassilissa) se describe estructura de manada como modo de coordinación: "salir a acechar caminando muy lento / en la oscuridad fantasmas aullando en silencio / sólo dejate enseñar, tienes que dejarte llevar". En una suerte de aprender y compartir con un ambiente aprendiendo de él pero como dejándose llevar por impulsos y flujos más que siguiendo instrucciones, aprendiendo no por dictamen, y más adelante aparece: "corre en las noches buscando una presa / buscando algo qué cazar, siente la tierra contando tus pasos / detrás de otro animal, mira la luna a través de las nubes / llevando tu mano a matar". Como una coordinación que emerge de percepciones compartidas con y del territorio, no de una planificación central.
En Los Dos (2016, Fiesta De Buitres) aparece un discurso parecido de la supervivencia atada al territorio y al cazar/ser cazao, pero aquí la pareja clasifica como unidad mínima de manada: "nos rigen unas reglas / unas ideas nuestras / somos una manada / dos lobos en un nido". Como dándole a la canción anterior, en la que se estaba sin manada, una escalabilidad que no requiere grandes multitudes tanto como conexiones fuertes entre pocos: "nos hemos vuelto más fuerte / si nos sabemos débiles / nos podemos caer lo sé / y podemos fallar aún más / pero vamos a estar juntos / cayendo o levantándonos". Como hablando de una fuerza estructural provienente de reconocimiento mutuo de vulnerabilidad y adaptabilidad compartida. Una suerte de crecimiento con partes que se conectan sin liderazgo vertical.
Ya en Catartidos (2016, Fiesta De Buitres) la manada pasa a ser un agrupamiento sin centro: "negro en el cielo un espiral / un embudo de mis iguales / algunos sucios otros finos / pero todos buitres criollos". Preciso la imagen del espiral sirve para evocar una estructura donde las partes parecen tener un punto central, pero a la vez se acercan y se alejan, no sólo de concentricidad, sino de altura, de ese centro. "Nuestro espiral levantamos / la nube negra, nuestro dragón" como un agrupamiento con una cabeza rotativa. "tenemos buenos modales / pero yagas en la piel / nuestras garras van sucias / y nuestras alas también". Ahí nombrando imperfecciones existentes en estructuras con jerarquías dinámicas, como si una transparencia sobre posible daño causado permitiera una corrección/conección sin necesidad de autoridades punitivas moduladas por fuerzas (ideológicas, de movilidad) externas.
También en La Periferia (2016, Fiesta De Buitres) hablo de un favorito: marginalidades: "periférico a lo normal / encontraré mi verdad / y si obtengo perdón / tengo que intentarlo más". Y es con mucho ahínco un rechazo a estructuras institucionalizadas de poder, postulando estructuras (potencialmente ni siquira horizontales, sino esporádicas) que prosperan en márgenes donde las instituciones formales (jerarquías centralizadas verticales) tienen menor alcance (literalmente el título de la canción, las franjas, la periferia): "tu institución no tiene / jurisdicción sobre mí". No es por hacerse el interesante, el outsider, ni es romanticismo del excluído, la idea de la canción es más hacer un reconocimiento material: los centros de poder concentran recursos que permiten control vertical, opresión, extracción, eliminación, mientras las periferias ofrecen espacios donde coordinaciónes esporádicas (de esporas) pueden experimentar sin presión inmediata de asimilación. Más adelante: "afuera del baño hay / algo escrito también / con color lápiz labial rojo / advierte quién puede entrar / otra manera en que / el hombre bueno se oculta". La periferia no es lugar geográfico sino posición relacional respecto a normatividad institucional.
La literatura musical ofrece más ejemplos de estructuras horizontales que la prosa ensayística. En mi cabeza, hace muchos años, cuando decidí dejar de ser “escritor de literatura” me fui muy de lleno a ser “escritor de música” con la intención de postular muchas de las ideas a través de canciones. Y así las canciones funcionan como documentos históricos de prácticas organizativas reales, testimonio de cómo grupos operan en terreno sin caer en estructuras piramidales y estos registros empíricos lograron una claridad a la que en análisis teóricos apenas me volví a acercar 20 años después.
LÍNEAS TEMPORALES DE TRANSICIÓNES, INFECCIÓNES, COLAPSOS Y ADAPTACIÓNES
En los artículos resalto algunos límites materiales (calor, energía, volumen, presión, etc) pero las líneas temporales de transición o de colapso no quedan especificadas. Este acercamiento a pensar el aceleracionismo y la hipertemporalidad existe, pero las probabilidades decrecientes de las que hablo en los artículos no quedan cuantificadas. ¿Cuánto tiempo queda? ¿Ese tiempo queda para el final o para actuar? ¿Cuando se pregunta “hasta cuándo” se pregunta por el tiempo hasta ese hito temporal, o a partir de él? ¿Qué secuencia de eventos esperar? ¿Qué indicadores monitorear?
Pétalos de Ceniza transcurre durante contexto bélico internacional que no se detalla mucho, y su función es precisamente agitar el trasfondo y contexto de los personajes, es un acelerador temporal. Ashley experimenta el colapso institucional en tiempo real: la clínica psiquiátrica no se cierra gradualmente sino que se vuelve carcelaria, punitiva, opresiva, al ser sujeta a presiones acumuladas de múltiples factores (recursos escasos, personal insuficiente, contexto bélico externo). El colapso no es un evento único y discreto sino proceso que se acelera hasta punto de no retorno.
Aquí la transición y el colapso no son opciones que se excluyen mutuamente sino procesos concurrentes. Mientras algunos sectores del sistema colapsan, otros se transforman y tal vez el colapsar de unos es el transformase de otros. la línea entre ambos es difusa porque lo que cuenta como colapso desde la perspectiva institucional puede ser una oportunidad de autonomía desde una perspectiva local (y viceversas). El final de Ashley habilitándose dentro del sistema derrumbándose ilustra esta ambigüedad temporal: no hay momento limpio donde "antes" y "después" se distinguen claramente. (así como antes hablábamos de que no hay un límite que nos hable de un adentro y un afuera limpiamente)
Shigma muere en el colapso de un edificio mientras Ashley sobrevive construyendo hábitat en ruinas de cosas que ambos habían construído antes, o heredado de otras generaciones, o robado, pero que ya no opera, colapsan también, como estructuras figurativas. Ambos viven una misma época pero experimentan temporalidades distintas. Para un nihilista teórico, abstracto, más en contancto con las ideas que con interactuar con su contexto, el colapso es confirmación de su diagnóstico pesimista, es una profecía autoconlusiva, morir en llamas aplastado por colaterales de una guerra para la que no se enlistó formalmente. Para la nihilista dinámica que se adapta, el colapso es materia prima para la reconstrucción, diferenciandose tanto en decisiones narrativas, como en relación con el tiempo: resignación versus adaptación.
En el disco Mantras Asimétricos Para el Fin del Mundo, del 2018, los colapsos y las asimetrías resaltan como temas de mi interés, por ejemplo en “Fin Del Mundo”, la séptima canción del disco, la letra habita una temporalidad de colapso desde la perspectiva de continuidad, describiendo unas condiciones que se adaptan a condiciones cambiantes "este lugar en que todos somos alguien más / en el que decir mentiras es también la verdad". Y luego, "sigo tu juego cansado sin olvidar mi rol / y cada paso que tomo puedo sentir tus ojos", se registra también una vigilancia y juegos estratégicos a ella, que no se juegan la frontalidad sino el subterfugio, luego dice: "quieres venderle al mundo tu propaganda de felicidad / pero primero tienes qué alcanzarla también tú / cómo alcanzar lo que nunca existió y lo sabes", con colapsos que no parecen ser eventos finiales, o finalizadores, sino revelaciones progresivas de falsedades sistémicas que se hacen visible a medida que el sistema exige contradicciones insostenibles y pierde máscaras, y hace a sus participantes también mudar de máscaras.
Del mismo disco, “Sobres Rotos Y Cartas A Medio Leer”, la última canción, resalto la descripción de temporalidades y atemporalidades que van a la deriva: "no tengo destino fijo pero nunca me detengo / no es azar lo que me guía / pues me enfrento a las tormentas". rechazando narrativas teleológicas donde la transición sigue ruta predefinida hacia un destino determinado: "aunque camino a mi paso / no soy dueño de la marcha / sigo al hambre y al frío / no me frena a donde me lleven". También rindiéndose a no ser dueño del ritmo, de la temporalidad del camino, y operando bajo condicionantes materiales (hambre, frío, clima) sin proyecto grandioso de transformación. "Cuando encuentro otros perdidos / siempre pregunto por nuevas / la respuesta siempre es la misma / solo hay cartas a medio leer / sobres rotos con olor a sal". Estas conexiones temporales es como que ocurrieran mediante encuentros casuales entre sujetos dispersos que comparten orientación similar sin coordinación central.
En Sirenas, Bombas Y Cañones (mismo disco) directamente hablo desde la experiencia de vivir en tiempos bélicos: "vuelvo al refugio, amaneció / ya no es seguro ir a cazar / ya sólo queda vigilar y no morir hoy / las noticias dijeron todo está bien en el mundo / oigo sirenas y cañones / incluso dentro del refugio bajo tierra". La contradicción entre la narrativa oficial ("todo está bien") y la realidad de los refugiados ("oigo sirenas y cañones") define esas disonancias entre la información institucional y la percepción material inmediata. Con el refugio bajo tierra donde igualmente llegan sonidos de guerra busco ilustrar la permeabilidad de cualquier espacio a dinámicas sistémicas: no hay afuera puro donde esperar en seguridad mientras el colapso ocurre en otro lado que nos ea dónde estoy.
LO RELACIONAL Y ARTICULAR
Ambientalistas, trabajadores, personas con discapacidad, animales, a través de los artículos todos son mencionados como participantes, o más bien, en los artículos trato de asemejarme y participar con ellos y espero lograr una invitación pero... ¿Cómo? ¿Cómo se coordinan intereses diversos sin suprimir diferencias? ¿Qué estructuras permiten colaboración sin asimilación jerárquica?
De cierta forma toda la noveleta de El Videojuego de Dios es una historia con moraleja, son puros lazos y relaciones fallidas que sirven como una advertencia negativa. Daniel (se siente super raro tener qué aclarar que el personaje soy yo, pero a la vez no soy yo... NO SOY YO!) navega relaciones con otros personajes pero todas parecen operar bajo una lógica transaccional extractiva. No parece haber solidaridad o compartir genuinos sino una explotación recíproca donde cada participante usa a los demás para satisfacción de necesidades propias y en la noveleta el resultado es un aislamiento compartido (qué curioso compartir aislamiento, pero si se hace parte en común de aislar y asilarse, no es eso?) que se disuelve cuando la utilidad se agota. A pesar de que estamos en la cabeza, en los pensamientos del personaje y se nos muestra con cierta transparencia su ideación, Daniel nunca tiene pensamientos necesariamente extractivistas, “malos”, él no se propone destruír lazos, sí se muestra asocial, y en casos patológicamente misógino y misántropo, pero incluso si él (o yo? Nah, él, es una versión de otro universo, yo estoy en otro videojuego de otro dios) no se lo admite, sus acciones que él mismo documenta, son un gran documento de qué no hacer si uno no quiere estar solo.
Se ilustra bien por qué relacionamientos auténticos, y con auténticos me refiero a que songenuinos desde sus motivaciones hasta la coherencia entre las ideas y los actos, requieren condiciones específicas: reconocimiento de la agencia ajena o al menos responsabilidad compartida, disposición a sacrificar un beneficio inmediato (e incluso a largo plazo, a sacrificar un beneficio que nunca más se conseguirá) por un bienestar colectivo, o de otro, e incluso no verlo como sacrificio, sino como inversión, como alegría, como un regalo, se necesita de la capacidad de confiar en el compromiso ajeno sin garantías externas. Daniel en la noveleta parece carecer de estas condiciones. Su cinismo impide la inversión emocional necesaria para sostener alianzas cuando los costos superan los beneficios posibles.
La secta representa cierto intento de relacionamiento, tal vez basada en creencias o ideologías compartidas y si bien es transaccional, lo es muy de entrada, ellos buscan resultados específicos como fruto de esa relación. Theo y Judith comparten misión con otros miembros (o eso suponemos), pero esa conexión parece quebrarse cuando el dogma resulta incompatible con ciertos intereses individuales. La fe compartida no parece bastar para sostener una cooperación cuando las presiones externas aumentan. Las relaciones estables requieren bases materiales tangibles más allá de afinidades ideológicas abstractas.
Por ejemplo, en Compartir Este Apocalipsis Contigo (2024, Sangre Blanca) escribo acerca de relacionarse con alguien mientras se presencian cambios o colapsos que exigen transformaciones radicales de los ambientes que nos rodean: "dicen que el mundo se va a acabar pero soy terco / creo que el mundo se acabó más de una vez / no lo celebro ni me quejo / quiero apreciarlo estar presente con vos en todo este show". Es literalmente acerca de compartir como forma de articulación sin necesidad de un acuerdo doctrinal completo: "sé no es momento de disfrute ni de llanto / aún así quiero compartir contigo el fin del mundo / el vivir el apocalipsis la tormenta / construir manada mientras el bosque está en llamas". Es una relación que no requiere de la negación del colapso sino del reconocimiento compartido de una realidad común que fundamenta ese momento de acción conjunta de observar. "El fin es también otro comienzo" además vean, ni tan negativa es la cosa, pongo una finalidad no como cierre sino como una transición que permite una posible reorganización (que es algo que ya en las partes anteriores de la organización, y la temporalidad se había mencionado, es más, esta canción sirve de ejemplo para esas otras dos también, siguiendo la línea de pensamientode la manada, y la del “apocalipsis” que literalmente traduce “quitar el velo”, esta canción es literalmente hacer manada mientras el bosque está en llamas)
También en La Periferia (otra vez, ya había puesto está canción pero con la anterior se me ocurrió que también aplica) se habla de relaciones desde posiciónes marginales: "letras de lápiz labial / números y promesas / en el baño de hombres de un bar / son trampas o es libertad / es el comunicarse de / oprimido u opresor". Como tratando de meterse a cantar acerca de un espacio liminal donde la comunicación entre posiciones asimétricas se vuelve posible: "periférico a lo normal / encontraré mi verdad / y si obtengo perdón / tengo que intentarlo más". Una relación que opera desde las franjas, donde ciertas normas institucionales tienen menor alcance "Tu institución no tiene / jurisdicción sobre mí" una articulación relacional que requiere espacios donde las jerarquías formales no puedan imponer límites inmediatos, zonas de encuentro entre sujetos que instituciones principales separan.
En El Charco (2016, Fiesta De Buitres) también canto acerca de organizaciones fallidas: "en el fondo del charco se pelean sin cesar / miles de invertebrados, pequeños gigantes / se tienen por fuertes, únicos del lugar / son los reyes del charco creyendo que no hay más". Como cosa rara yéndome sobre esa ilusión de singularidad donde grupos se perciben como excepciones sin reconocer tantas condiciones materiales compartidas: "iban cagando en el agua donde deben comer / temen por un momento, que el charco va a acabar". Donde no hay reconocimiento de la interdepenencia con el contexto material, hay envenenamiento, pareczco decir en el verso "el charco ha existido y el charco va a existir" pero lo que es veneno para nosotros, frágiles en nuestra temporalidad y biología, no es de mucho problema para la condición ecológica que trasciende disputas internas. "Pobres invertebrados tan llenos de sí / del agua en que cagaron que supieron comer / pobres invertebrados los gigantes de aquí / los que no se dan cuenta de que el charco va a seguir". Otra vez regañando a la colectividad que se enfoca en disputas internas sin reconocer sistema compartido que los contiene a todos.
En Gases Lacrimógenos (2024, Sangre Blanca) vemos un falangismo para resistir una represión militarizada: "nos paraliza el frío y el hambre / un temblor corporal y mental / nos protegen con escudos de cartón / de gases lacrimógenos y peor". Como un canto de movilización colectiva y necesidades básicas no satisfechas como fundamento de articulación política. "Nos protegemos la idea de algo más / de cambiarle a esta historia el final / de los desesperados que buscan techo / de los habitantes que también buscan comer y vivir" una coalición que se formula alrededor de “derechos” fundamentales (techo, alimentación, supervivencia) que generan intereses compartidos entre grupos diversos, que tratan de sobrevivir la represión estatal ("tanquetas y botas llegarán / a defender escrituras ajenas") que no logra disipersar sino que termina gestando y ayudando a germinar a respuestas ciudadanas al revelar esa amenaza común.
SÍNTESIS: LO QUE PERMANECE ABIERTO
Las ideas provenientes de las noveletas y las canciones no cierran las interrogantes planteadas en los artículos sino que son más bien diferentes formulaciones que vienen de diferentes épocas, en un lenguaje más poético, narrativo y experiencial.
La implementación de soluciones locales, anómalas (patológicas, podría ser la palabra que usa la institucionalidad), marginales al establecimiento, apropiación tecnológicas tanto orgánicas como inorgánicas, y aquí lo “organico” no habla solo de la carne de los cuerpos, sino también el número de los cuerpos, varios cuerpos, una organización, un crecimiento sin cabeza que encuentra modelos en estructuras de manada a través de colapsos (cambios) y sufriendo transformaciones por adentros y por afueras que son difíciles de limitar, queriendo decir esto tanto de describir el límite, como de contener con límites.
Los artículos siguientes ocuparán más espacios y expandirán estas questiones. No con el objeto de lograr una colección definitiva sino como un desarrollo continuo, este es un río por el que uno pasa varias veces. Ni uno es el mismo ni el río tampoco, pero uno es uno y el río es el río. La bitácora que inició en marzo de 2026 continúa abierta. Las noveletas escritas entre 1999 y 2008 proveen cierto trasfondo vivencial, poético y prosáico histórico (pues, para mí! No sé qué tan “histórico” sean 20 años) pero no agotan posibilidades futuras. Las canciones desde 1998 hasta 2024 registran una evolución de pensamientos e ideas pero no intentan predecir desarrollos venideros... Aunque luego les tengo qué contar como cada disco ha incluído profecías, por ejemplo en el de Sed, Hauntología y Vacío, un montón de letras hacen alusiones a cosas que vivi mientras en el tratamiento de cancer... Pero eso es otro post completamente diferente... Y esa es otra forma de usar la palabra “Post”
Y si la idea es seguir expandiendo las aguas del río que se tocan, cierro como con una pregunta que varios de estos ejercicios de escritura tocan: ¿cómo habitar el colapso sin ser consumido por él? Ashley responde reconstruyendo jardines dentro de clínica derrumbándose. Daniel Ceniza responde muriendo porque no puede concebir respuesta diferente (el de El Videojuego de Dios! Yo estoy acá escribiendo muy comprometido); Este Daniel Ceniza que escribe este artículo y estas noveleta y estas canciones, las ofrece precisamente como respuesta.