Nota:
Sí es verdad que todos los artículos los escribo para que mi esposa los lea. Depronto no ese siendo su último objetivo final, pero sí es parte de lo que espero que pase.
Acerca de este artículo, y del que le precede (Pirocenotopías Espectrales I, vayan por favor a leerlo, pues es la primera parte de este), estos son hechos además derivados de conversaciones CON ella, por lo que a ella misma se le podría contar como coautora.
Ahora, las palabras las escribo yo, no quiero tampoco negar la voz que ella pueda querer proferir sobre estas ideas, pero así mismo, las ideas acá en adelante escritas me hubieran sido imposibles de disfrutar sin haberlas descubierto, como aves que se nos asoman por la ventana, sin poder con ella, mi esposa, haber tenido los compartires en los que nos sentamos a mirar por la ventana a ver qué aves visitan.
Introducción: ¿Qué es el Piroceno?
Dentro de esta era geológica que habitamos, la era Cenozoica (del griego kainos=”nuevo” y zoe=”animal” o “vida”), hasta el momento y hasta que a la gente que define eso le dé la gana, estamos en la época del Holoceno (del griego holos=”todo”, y kainos=”nuevo”)
En esta época llevamos entre 11mil y 12 mil años y en realidad no hay un tiempo que cada época deba durar: cambian cuando cambian y el cambio se define muchas veces por eventos discretos, por ejemplo, de la época anterior Pleistoceno, a Holoceno, el cambio se dio porque pasamos de una época glacial a una con una mayor temperatura y esto moduló cambios de cuerpos hídricos que ayudaron a dar forma a continentes.
Este cambio de temperatura es diferente del “calentamiento global”, el cual es el resultado de un incremento acelerado de temperatura no por movimientos estructurales del planeta, sino unos potenciados por el uso humano. Y aunque son diferentes, se amplifican.
La siguiente época, o incluso esta en la que estamos, si se partiera distinto con el holoceno, tiene varias propuestas de nombres. Uno de esos nombres es el antropoceno (antropo=”humano”, y kainos=”nuevo”), este centra el eje de los movimientos planetarios en la especie humana como un agente unitario, pero en realidad esas decisiones que llevaron al calentamiento global no son tomadas por un agente unitario en nombre del humano. Así que no es un nombre apropiado. Hay varias otras propuestas, algunas divertidas, como la del Chthuluceno, que busca refugio en mitos de simbiosis aunque en esa nomenclatura no están tan resaltados los flujos maquínicos y estructurales de ciertos procesos cósmicos actuales.
Yo le apuesto ponerle el nombre de “Piroceno”, una denominación que no alude a la mera presencia del fuego, sino a la primacía del fuego como principio organizador de la realidad material y social. La premisa del Piroceno, tal como emerge de la crítica a las narrativas de progreso lineal, establece que hemos entrado en una época donde la creación es inseparable de la destrucción irreparable.
A diferencia de las tecnologías pre-modernas como la rueda que canaliza la inercia, la palanca que multiplica la fuerza muscular, el arco que almacena energía elástica para liberarla, las tecnologías del Piroceno no se valen de estas fuerzas naturales para lograr eventos inalcanzables desde la autonomía humana; estas tecnologías son el fuego mismo, o sus equivalentes químicos y nucleares, operando bajo una lógica de destrucción constitutiva. La creación de un motor de combustión, de un chip de silicio, de un polímero sintético, la extracción y constitución de imanes para su uso en múltiples tecnologías actuales, no es un acto de fabricación en el sentido artesanal, sino un acto de quema, de descomposición violenta de la materia base para extraer energía o forma, un proceso donde el residuo no es un efecto secundario del desgaste, sino la condición misma del procedimiento. La destrucción no ocurre al final de la vida útil del objeto; ocurre en el instante de su nacimiento, en la reacción química que rompe enlaces estables para forjar otros nuevos, liberando calor y gases que alteran la composición atmosférica del planeta de forma permanente.
En este contexto, la tecnología digital no es una excepción inmaterial, una esfera de luz y datos flotando por encima de la suciedad de la industria pesada. Es la culminación de este proceso de destrucción irreversible, la cabeza (cápita) de una maquinaria que consume el pasado geológico: el carbón, el petróleo, el uranio, para generar un presente efímero. Pero no tiene que ser así, puede usarse de otra forma. De muchas.
La "plástica digital" es un término que, aunque sugiere lo virtual, describe con precisión la naturaleza física de la infraestructura de datos: es plástica en el sentido de que es moldeable, maleable, dinámica, pero también en el sentido de que es un residuo sintético que no se degrada. Así como los plásticos físicos (polietileno, estireno, espumas de poliestireno) dan la ilusión de que la materia puede emerger de la nada, ser moldeada a voluntad del hombre gracias al fuego (el calor del refinamiento), la tecnología digital genera la ilusión de que la información puede existir sin costo energético, sin huella material. Estos materiales crean una sensación de omnipresencia y durabilidad falsa, una "pseudo-transcendencia" donde el objeto parece desafiar la entropía, pero en realidad es un depósito de energía fósil congelada en formas químicas que la Tierra no sabe cómo reciclar. Del mismo modo, el dato digital, el token, el modelo de lenguaje, son formas de plástico intelectual: residuos de procesamiento que se acumulan en servidores refrigerados, consumiendo agua y electricidad, generando calor que debe ser disipado, creando una capa de basura cognitiva y térmica que no desaparece. Lo plástico digital y lo plástico físico son hermanos gemelos del Piroceno: ambos son hijos del fuego, ambos prometen una facilidad de uso que oculta un costo de destrucción irreversible, ambos son capturados y puestos en aceleración por la manifestación de una voluntad de dominio que ignora los límites termodinámicos del sistema.
Esta comprensión del Piroceno como una época de destrucción constitutiva es fundamental para desmantelar la falacia del dualismo que ha gobernado la cultura tecnológica de los últimos siglos. La distinción entre lo físico y lo digital, entre el cuerpo y la mente, entre la tierra y la nube, es una fachada necesaria para mantener la extracción en marcha. Si la nube fuera realmente inmaterial, si los datos fluyeran sin costo, podríamos continuar quemando el planeta sin mucha consecuencia. Pero la nube es materia: es litio extraído de salares en Sudamérica, es cobalto minado en condiciones de esclavitud en el Congo, son los baños químicos y la violencia termodinámica necesarios para separar el neodimio y forzar a la tierra a sostener nuestros campos magnéticos, dejando lodo radioactivo a su paso; es agua evaporada en plantas de refrigeración en California, es carbono liberado en la atmósfera.
La "inteligencia artificial" no es un espíritu que habita en las máquinas; es un proceso termodinámico intensivo que requiere una entrada masiva de energía y una salida masiva de calor y residuos. El gasto sistémico y sistemático en el que incurre, pues parece que muchos de los usos extremos de esta tecnología resultaran ser el residuo de una generación de calor por medio de cómputo, es la manifestación física de la ineficiencia de un sistema que intenta generar valor sin costo, y no por un error de programación, como quisieran que creyéramos, está en efecto programado así.
La obsesión por maximizar la producción de bloques de lenguaje (tokens) sin valor, es la versión digital del slop plástico: la producción masiva de formas vacías que saturan el ecosistema informativo, impidiendo la circulación de señales, generando ruido que solo sirve para justificar la expansión de la infraestructura que lo produce. Lo que han creado a punta de ingeniería digital tecnológica muy compleja, es una destrucción como motor. Es una magia que descompone unas realidades y las teletransporta a otro lado, a otros pesos, a otras dimensiones a las que también podemos acceder.
Si la realidad se entiende como un recurso infinito disponible para la extracción, tal vez la conciencia humana, la atención, la memoria, puedan erigirse como valiosos frentes de batalla. La vigilancia se presenta como un medio para la seguridad pero podemos develarla (apocalipsarla=quitarle el velo) como un método de minería de datos, una forma de extraer valor de la experiencia subjetiva, y una forma de seguirlas controlando, es la militarización de la experiencia cotidiana, la aplicación de la lógica de la guerra (jerarquía, estrategia, logística, destrucción del enemigo) a la gestión de la vida civil. El estado y el mercado se fusionan en una maquinaria que busca controlar cada aspecto de la existencia, no por malicia inherente, esta no es necesaria, sino porque la lógica del Piroceno exige un control total para mantener la ilusión de eficiencia y sostenibilidad de reuso en la extracción. En este escenario, el Robot/Esclavo deja de ser una metáfora futurista para convertirse en una descripción precisa de la relación actual entre el usuario y la plataforma. La tecnología comercial de frontera (es decir, de una vanguardia tecnológica que exige la multiplicación del consumo de recursos por resultados cada vez más marginales) no es una herramienta neutral: es una arquitectura de dominación diseñada para reducir la agencia humana a la de un componente pasivo, un sensor más en la red, un generador de datos, un consumidor de residuos. La etimología y nomenclatura del mismo aparato (incluyendo cómo se soporta en los "robots"=”esclavos”) revela la intención estructural: la tecnología debe servir, debe obedecer, debe ser dócil. Pero vistas desde el lente del Piroceno, la tecnología no obedece sino que antes consume: Consume recursos, consume atención, consume tiempo, consume la posibilidad de una vida autónoma.
El Tianren Heyi (天人合一), concepto central de la tradición filosófica china que a menudo se traduce superficialmente como "armonía entre el Cielo y la Humanidad", no debe entenderse como un estado de paz estática ni como una fusión mística donde lo humano se disuelve en lo divino. Sus caracteres: Cielo (天=Tian), Humano (人=Ren), Armonía (合=He), Unidad (一=Yi), delinean un campo de fuerza dinámico donde lo universal y lo particular negocian constantemente su coexistencia. No es una receta para la perfección moral ni un retorno a un edén primordial, es más bien una descripción de la tensión inherente entre la inmensidad impersonal de los procesos cósmicos y la finitud situada de la existencia humana. En esta visión, el "Cielo" no es un dios trascendente que dicta normas, sino el orden natural de las transformaciones materiales y energéticas; el "Humano" no es un señor de la creación, sino un nodo más en esa red de transformaciones. La "armonía" no es la ausencia de conflicto, sino la capacidad de mantener la coherencia organizacional dentro del flujo continuo de cambios, permitiendo que lo humano opere sin romper la integridad del todo (que sería la suya misma). Es una filosofía de la interdependencia radical donde la ética surge no de obedecer mandatos externos, sino de alinearse con la dirección del flujo termodinámico del cosmos, reconociendo que cualquier intento de imponer la voluntad humana sobre este flujo es, en última instancia, una lucha contra la propia realidad. La termodinámica y el Dao son tal vez dos miradas para experimentar el mismo flujo ineludible de energía.
Frente a este colapso que parece suceder dentro del piroceno, la recuperación de conceptos tradicionales como el mencionado Tianren Heyi no puede ser una simple invocación nostálgica a un pasado idealizado. El Tianren Heyi, ese campo de tensión histórica, ese proceso dinámico de negociación entre lo universal y lo humano, entre lo físico y lo esotérico, es entonces un espacio de conflicto donde se definen los límites de la acción humana. Es una mirada que reconoce que la armonía es una conquista constante, un equilibrio precario que puede ser mantenido a través de la acción alineada al contexto (wu-wei: la acción sin fuerza), no mediante la imposición de la voluntad humana sobre la naturaleza. El Tianren Heyi nos enseña que el humano no está por encima del cielo, ni separado de él; es una parte fluctuante de un todo mayor, sujeto a las mismas leyes físicas y cósmicas. Sin embargo, aplicar el Tianren Heyi literalmente al Piroceno es insuficiente, porque el contexto ha cambiado radicalmente. La "naturaleza" no es un fondo estable; es un sistema cuyas condiciones para la subsistencia humana están en colapso, alterado por la misma acción humana de forma irreversible. La "armonía" ya no es posible en el sentido tradicional de coexistencia coherente, porque el sistema mismo está en fractura. Necesitamos una reinterpretación, una adaptación, una nueva sintaxis para describir la relación entre el ser y el cosmos en una era de destrucción irreversible.
Aquí es donde puede tomar fuerza el concepto que quiero adelantar, como una gran adición al Piroceno, y es el de la Sineídesis ElafroHilozoísta no como un equivalente occidental del Tianren Heyi, sino como una mirada operativa específica a las características del Piroceno (y del cosmos, en general). La Sineídesis ElafroHilozoísta no pretende describir la realidad "tal como es" en un sentido absoluto, porque tal descripción es imposible; el lenguaje y la percepción son siempre parciales, incompletos, filtrados por nuestra propia materialidad. Pretende, en cambio, esbozar una descripción operativa de las capas de contextos que nos rodean tal como podemos nombrarlas de forma fluida, sabiéndonos en flujo: una comprensión vivencial de que todo lo que existe, desde la partícula subatómica hasta la galaxia, desde la célula hasta el centro de datos, es parte de un mismo tejido vivo, interconectado y en constante dinamismo.
El componente Hilozoísta (del griego hyle=materia, y zoe=vida, materia viva) reconoce que la materia no es un sustrato muerto esperando ser animado por un espíritu o una consciencia, sino la actividad misma: el proceso de devenir, el flujo de energía que se organiza y desorganiza constantemente. No hay una división entre lo vivo y lo muerto, entre lo orgánico y lo inorgánico; hay diferentes grados de complejidad en la organización, diferentes ritmos de flujo, diferentes patrones de coherencia. Un centro de datos es tan "vivo" como un bosque en el sentido de que es un sistema disipativo que consume energía para mantener su estructura, genera calor como subproducto e interactúa con su entorno; es una diferencia de escala y de "propósito", y como humanos podemos tener conversaciones con ese "propósito" porque es, a su forma, otro organismo "vivo".
El componente Elafro (del griego elafrós=ligero, gentil, dócil) se refiere específicamente a la ligereza de la conciencia y a la naturaleza insustancial de la agencia. La conciencia no es una entidad pesada que domina la materia o impone su voluntad sobre el mundo; es una presencia sutil, ligera, que fluye a través y con la materia, que en algunos casos también es materia, que se adapta y se ajusta. La conciencia es el modo en que el universo se percibe a sí mismo, no como un observador externo, sino como una parte integral del proceso. La "agencia" no es el poder de controlar, sino la capacidad de responder, de interactuar, de participar en la red de relaciones. No hay un sujeto soberano que actúa sobre un objeto pasivo; más bien hay una red de sujetos y objetos interconectados, intercambiantes, plurales y entrelazados de formas complejas e indeterminables. Esta ligereza es crucial en el Piroceno, donde la tendencia es a la pesantez, a la acumulación y a la imposición de peso estructural sobre el sistema. La Sineídesis ElafroHilozoísta propone una ética de la fluidez y la no-resistencia que permita navegar la complejidad del mundo sin romperlo.
Finalmente, la Sineídesis (del griego syneidēsis=consciencia, entendimiento, awareness) es el entendimiento vivencial de la no-centralidad. Es la percepción directa de que no somos el eje del universo, que no somos los dueños de la realidad, sino una fluctuación más en la red infinita de relaciones que constituyen el cosmos. La Sineídesis ElafroHilozoísta no es una filosofía que nos coloque en el centro, que nos otorgue un significado especial o un destino glorioso; es una filosofía que nos des-centra, recordándonos que somos pequeños, finitos, mortales y dependientes de un sistema mucho mayor que nosotros. Esta des-centración es liberadora (aunque algunos la consideren humillante o hereje): nos libera de la carga de tener que controlar todo, de tener que ser responsables de todo, de tener que salvar el mundo. Nos permite aceptar nuestra condición de seres parciales y participantes en un juego que no hemos diseñado, pero en el que podemos jugar de manera consciente y responsable.
Ahora, la Sineídesis ElafroHilozoísta no es un Tianren Heyi occidentalizado. Me baso en conceptos Daoistas, (incluyendo el Tianren Heyi, el wu-wei, el pu, el ziran) pero la idea no es repetir lo que ya está apropiadamente dicho, es una respuesta a la necesidad de encarar destrucciones que hacen parte del Piroceno: no es tampoco un esfuerzo de negarlo, sino de asumirlo, de convivir con la quema que el Piroceno implica. Mientras que el Tianren Heyi se enfoca en la armonía entre el cosmos y la humanidad, la Sineídesis ElafroHilozoísta se enfoca en la integración de la conciencia en la matriz material ecosistémica, en la asimilación de la conciencia como una presencia sutil integrada en una realidad que está perpetuamente viva y en constante dinamismo; no busca la armonía en el sentido de la ausencia de conflicto, sino la coherencia en el sentido de la adaptación a las condiciones cambiantes del sistema; reconoce que el conflicto es inherente a la existencia, que la tensión es necesaria para el movimiento, que la destrucción es parte del ciclo de la vida; no busca eliminar la destrucción, sino gestionar la destrucción de manera que no rompa la coherencia del sistema, que no agote los recursos necesarios para la continuidad de la vida.
En la práctica operativa, la Sineídesis ElafroHilozoísta se puede ver por ejemplo en el diseño de usos tecnológicos localizados y contextuales, donde la toma de decisiones de qué tecnología utilizar no depende de especulaciones bursátiles que beneficien a los promotores de las posibilidades que permite el continuar con esquemas de extracción, sino en base a lo que los sistemas de uso requieren, es una noción que desplaza la obsesión por la escala global y la hipercentralización del control y la vigilancia, hacia la inteligencia del acoplamiento contextual. Es rechazar la idea de una tecnología omnisciente u omnipotente desplegada desde la nube; es una configuración de modos de uso que se ajustan a la realidad específica de su entorno, respetando los límites energéticos y materiales locales. Es la adopción de tecnologías que no buscan la estandarización universal ni la eficiencia máxima a cualquier costo, sino la coherencia con el ecosistema donde se inserta.
Es una tecnología que no fuerza, que no violenta, que no impone una lógica externa sobre un territorio que ya posee su propia dinámica, permitiendo que lo local descanse en su propia naturalidad inalterada. El plan de este tipo de tecnologías es que operen como una extensión del contexto, complementándolo en lugar de reemplazarlo o competir con él, reconociendo que la diversidad de soluciones locales es la única fuente real de autonomía frente a la fragilidad de los sistemas centralizados. Qué tal pensar en tecnologías donde la eficiencia no se midiera en velocidad de cómputo, sino en la capacidad de mantener la integridad del tejido local sin generar residuos sistémicos.
El wu-wei, término central de la tradición daoista que a menudo se traduce como "no acción" o "pasividad", describe una forma específica de actuar que carece de esfuerzo impuesto y resistencia interna. Algunas veces es representado como un estado de inmovilidad o abandono de la responsabilidad, pero estas miradas pueden ser limitadas y reduccionistas. Es más bien la habilidad de moverse en sincronía con las corrientes naturales de los eventos, actuando en el momento preciso y de la manera adecuada sin imponer la voluntad propia contra la dirección de las cosas, como un nadador que no lucha contra la corriente del río sino que utiliza el flujo del agua para avanzar con menor gasto de energía y mayor eficacia; o un agricultor que no intenta forzar el crecimiento de las plantas regando en exceso o arrancando las hojas, sino que prepara la tierra, provee lo necesario y espera el momento adecuado para la cosecha.
En este sentido, el wu-wei es la acción adecuada porque no genera fricción innecesaria, no crea residuos de conflicto y no agota los recursos vitales del sistema. Es la adaptación, la capacidad de responder a las demandas del entorno con precisión y ligereza, reconociendo que la fuerza bruta y la imposición son a menudo contraproducentes en sistemas complejos y dinámicos.
Si viéramos “esperar” como un ejercicio pasivo, y la “esperanza” como un ejercicio más activo, como un acecho, pero en la quietud, creo que nos acercaríamos al wu-wei. Tal vez la diferencia sería que en el wu-wei es un acecho que cuenta con que todo nuestro ser ya está hiperconectado con la realidad, entonces no sólo sería con afinar nuestros sentidos, sino también el fogueo con el reconocimiento de patrones para determinar cuándo actuar. También se me vienen a la mente “instinto”, o como dirían en la franquicia “Ghost In the Shell”: “un susuroo de tu fantasma”. Este es un acecho que no busca defender o denunciar la moralidad de cazadores o no-cazadores, sino que se fundamenta en acciones atravesadas por la eficiencia de conservación de energía en una malla de patrones, en donde la energía juega un papel fundamental. Es el instinto operando desde Ziran (la naturalidad) aplicando el wu-wei, una naturalidad que no gasta voltaje luchando contra sí misma.
Esta noción se convierte en el eje operativo de la Sineídesis ElafroHilozoísta, proporcionando un marco ético y práctico para navegar el Piroceno sin replicar sus lógicas de destrucción y dominación. La práctica operativa con el uso de modelos a escala, se rige por una ética de la inacción que, lejos de ser pasividad o resignación, constituye una forma profunda de acción moral. La Sineídesis ElafroHilozoísta en este contexto es la aceptación radical de las leyes físicas que gobiernan el universo: la termodinámica no se negocia, la entropía no se evita, la muerte no se elude; aceptar estas realidades es dejar de gastar energía en luchas fútiles contra lo inevitable, somos una de las partes. La moralidad humana reside precisamente en esta aceptación: en no intentar ser parte del flujo de energía y materia de una manera que pretenda controlarlo o trascenderlo, sino en reconocer que ya somos parte ineludible de ese flujo. La idea no es la conquista sino la disposición a estar en el camino que ya transitamos, sin la ilusión de que podemos manipularlo a nuestro antojo. Parte de la idea de proponer algo como la Sineídesis ElafroHilozoísta es proponer una adaptación efectiva de las lógicas extractivas que son fáciles de adoptar dentro del Piroceno, que se alimentan de la desesperación, el miedo, las inseguridades y la voluntad de dominio como respuesta a estas. Al dejar de forzar, al permitir que las cosas sigan su curso natural dentro de los límites físicos, se abre un espacio de opacidad donde la vigilancia y la extracción pierden su eficacia.
No es que esté diciendo que sea malo que unos seres sean parásitos, o depredadores de otros, hay flujos circulares (ciclos?) que toman lugar, me refiero a ilusiones humanas de separación que se usan como fachadas ideológicas o comportamentales para acumular acceso.
Por eso puede ser importante también mencionar soberanías locales, no proponiendo aislamientos ni contingencias nacionalistas ni utopías de autosuficiencia, sino como la construcción de redes de interdependencia de grupos dinámicos. Es la capacidad de tejer comunidades adaptativas que se sostienen, compartiendo recursos, conocimiento y protección, creando una infraestructura social que resiste la captura transaccional de los mercados globales manipulados para recoger el acceso a recursos de forma asimétrica y vigilando a los organismos sometidos para explotarlos y controlarlos. Esta soberanía se ejerce a veces mediante tácticas de sabotaje sutil, como introducir una disrupción en la lógica del sistema, corrompiendo su eficiencia con datos o comportamientos que desarticulan sus categorías de control, haciendo que la máquina sea ineficiente para sus propósitos de explotación y vigilancia. Esta capacidad de ser ilegible para el algoritmo, de operar en los márgenes donde la extracción no llega, también requiere e invita a unas renuncias individuales, grupales, etc, es otra forma de darle ocaso a la propiedad intelectual, al autor, es una forma de matar al autor.
Es un descenso voluntario hacia Pu (el bloque sin tallar); soltar la identidad esculpida que la plataforma necesita para leernos. Y esto no implica la pérdida de agencia personal, sino la renuncia a la propiedad individual exclusiva del significado y la tecnología. Significa comprender que no somos dueños absolutos de nuestras ideas, creaciones o vidas; somos flujos de energía y patrones de organización que emergen de la interacción de múltiples fuerzas históricas, sociales y cósmicas. Celebrar la muerte del autor es aceptar que la creatividad es un acto colectivo, que el significado se genera en la danza de las relaciones que no podemos controlar totalmente, y que nuestra verdadera agencia no reside en la imposición de nuestra voluntad solitaria, sino en la participación plena y consciente en un proceso mucho mayor que nosotros.
Esta perspectiva se expande hacia las Plurisistemicidades (la coexistencia y entrelazamiento de sistemas múltiples, coexistentes e interdependientes), una de las que considero tesis centrales alrededor de las que me gusta agitar ideas, y es reconocer la existencia de múltiples capas y trenzas de realidad funcionando en conjunción, no en competencia. No existe una única forma válida de ser, de pensar, de sentir o de percibir el mundo; hay estructuras y maquinicidades diversas, formas variadas de habitar el espacio y maneras distintas de relacionarse con la realidad física y social. La Sineídesis ElafroHilozoísta no busca homogeneizar estas diferencias bajo una verdad única o un estándar universal. Participar en un mundo donde quepan muchos mundos en muchos momentos que se superimponen, implica reconocer activamente que la diferencia no es una amenaza a la estabilidad, que la pluralidad de enfoques permite una adaptación que un sistema monolítico encuentra más ineficiente. Es también permitirnos finitos, muchos de esos flujos pueden ser nuestras cesaciones, los mecanismos que nos componen pueden verse en reuso, pero puede que lo que en algún momento consideramos que somos “nosotros” ya no esté. Y creo que el Piroceno es un desbalance en el que al tratar de ponernos a al centro más alto de una piramide, nos procuramos los mismos flujos para nuestra destrucción, mientras que leyéndonos parte de una nube desordenada, en la que todas las partículas y sus relaciones ya somos nosotros, nos pone en una mayor superficie de participación directa con la realidad y sus flujos.
Frente a los síntomas de ruptura que el Piroceno impone: esa producción masiva de formas vacías, contenido sin sentido y datos sin valor que satura el ecosistema informativo y material, impidiendo la circulación de señales y superficies de contacto y transmisión de sentido y realidad, y generando volúmenes que solo sirven para justificar la expansión de la infraestructura que lo produce, la respuesta de la Sineídesis ElafroHilozoísta no es producir más, ni es dejar de producir, la producción es parte del flujo, sino considerar la producción misma, tanto como el producto, como otro flujo.
Ante la sobrecogedora y acelerada capacidad de la tecnología digital actual de hiperproducir no sólo contenido, sino sentidos y realidades, la mera existencia de procesos lentos y auténticos, que rechacen la comodidad sintética y la generación automática, son una realidad que no deja de existir, ¿Qué significa esto? ¿Cuáles son esos procesos rápidos y esos lentos y en qué contingencias son aptos, óptimos, eficientes y efectivos?
Aceptar que la creación (dar paso a sentidos y realidades) que requiere tiempo, esfuerzo, error y riesgo, es diferente no sólo en proceso sino en resultado y sentido que la que no, ya es recuperar el valor discreto de la acción humana frente a la producción industrial de residuos. De igual manera, ante la degradación acelerada de la realidad impulsada por la búsqueda desaforada de capacidad de cómputo y velocidad (entropía sistémica), la Sineídesis ElafroHilozoísta propone la gestión responsable de la entropía. No se trata de evitarla, pues es inevitable, sino de tramitarla y transaccionarla de manera que no destruya los sistemas que sostienen la vida, pues porque es la propia vida, si uno se va a extinguir, pues se extingue, pero mientras no esté ahogado, un pez fuera del agua sigue boquiando.
Nuestra supervivencia depende de la salud del planeta y de la capacidad de los ecosistemas para absorber y tramitar nuestros residuos, aceptando nuestro rol dentro del ciclo termodinámico en lugar de intentar escapar de él. La resistencia no se da mediante una confrontación que sistemas opresores, extractivistas, que tienen gran alcance dentro del Piroceno, ya han previsto y mercantilizado, pues no tenemos cómo emplazarnos afuera de lo que nos oprime, sino a través de la creación de espacios de opacidad, de la capacidad de ser ilegible para el algoritmo y de operar en los márgenes donde la captura transaccional no alcanza.
Con la proposición de la Sineídesis ElafroHilozoísta no busco cruzar el límite material más allá del cual el costo de avanzar supera el beneficio marginal, ni alcanzar un estado post-humano; propongo operar dentro de él, reconociendo el límite como un espacio de habitabilidad y no como una barrera a derribar. La tecnología se reconfigura entonces como una herramienta, un medio, un acoplamiento local que sirve a la vida en lugar de reemplazarla, aceptando nuestra finitud y la realidad física que nos contiene.
Esta invitación final no es un llamado a una acción para "salvar el mundo" mediante gestos heroicos o intervenciones tecnológicas, sino un llamado a la inacción consciente, a aceptar el camino que ya estamos recorriendo y actuar acordemente. No tenemos la injerencia suficiente para ajustar nuestra relación con el flujo de energía y materia de la manera en que la imaginamos (ni la inferencia para darnos cuenta de esas relaciones ni esos flujos); la física es la física, la entropía es la entropía, la muerte es la muerte. Lo moral, lo relativo a nuestras maneras y modos humanos, es precisamente aceptar esta realidad sin intentar forzarla o negarla. Esa aceptación, que es inacción en el sentido de no-forzar, no-imponer y no-violentar, nos lleva a dar pasos para estar en el camino en el que ya estamos, pero con aceptación y curiosidad, dando pasos que son pasos y que son dados. Experimentados. Realizados.
La invitación sí es a dar nuestros propios pasos.
La Sineídesis ElafroHilozoísta no pide que cambiemos el mundo, sino que cambiemos nuestro entendimiento de nuestra relación con él: dejar de luchar contra la corriente para aprender a nadar con ella, dejar de intentar controlar lo incontrolable para fluir con lo inevitable. Es la práctica de una libertad que reside en la aceptación, en la sumisión a las leyes del cosmos, a la inmanencia, dejando de lado la obsesión con el control, la dominación, la trascendencia y aún habiendo dejado todas esas cargas que nos hacían pesados, seguimos teniendo toda nuestra realidad para sentirla y experimentarla y actuar y reaccionar a ella.
En medio de lo que constituyen colapsos a nuestra capacidad de habitar el mundo y la destrucción de nuestra habilidad de crear sentido, quiero compartir una afirmación de que la realidad y el sentido son posibles y que la esperanza no reside en un futuro lejano que nunca llegará, sino en la certeza de que, todo ya está donde está, y todo estará bien no porque el mundo se arregle mágicamente, sino porque nosotros aprendemos a vivir en él, a pesar de todo, a pesar de la entropía, a pesar de la muerte, integrados en la red infinita de relaciones que constituyen la realidad. No nos tenemos que seguir quemando. Los futuros son tan múltiples y plurales como los pasados y los presentes.
Y estamos en todos ellos.
Como cierre, les quiero compartir la letra de “Compartir Este Apocalipsis Contigo”:
dicen que el mundo se va a acabar
pero soy terco creo quel mundo se acabó más de una vez
no lo celebro ni me quejo
quiero apreciarlo estar presente con vos en todo este show
y sé no es momento de disfrute ni de llanto
aún así quiero compartir contigo el fin del mundo
el vivir el apocalipsis la tormenta
construir manada mientras el bosque esta en llamas
este fin parece otro comienzo
qué complicado es compartir
con este mundo tan difícil dentender y aceptar
el entregarse y no juzgar
tantos desahuciados tanto sufrimiento todo el tiempo
y sé no es momento de disfrute ni de llanto
aún así quiero compartir contigo el fin del mundo
el vivir el apocalipsis la tormenta
construir manada mientras el bosque esta en llamas
dicen que el mundo se va a acabar
pero soy terco creo quel mundo se acabó más de una vez
no lo celebro ni me quejo
quiero apreciarlo estar presente con vos en todo este show
este show
Además, como quiero ampliar mi atlas en estas pirocenotopías, voy a proponer las siguintes coordenadas que soportan tanto el artículo anterior como este (Los llamados Pirocenotopías Espectrales I y II):
- Si la idea de que la nube pesa, agota metabolismos y consume minerales te inquieta, busca A Geology of Media de Jussi Parikka o Pollution Is Colonialism de Max Liboiron para leer sobre el colonialismo de la contaminación y cómo el desorden termodinámico siempre se vierte en las periferias (geográficas, sociales, políticas) vulnerables.
- Para adentrarte en la ilusión de inmaterialidad y la destrucción constitutiva de nuestra era, leamos además de lo de ariba, Plastic Matter de Heather Davis (sobre la pseudo-trascendencia de lo sintético) y los ensayos de Stephen Pyne sobre el Pyrocene, donde el fuego deja de ser herramienta para volverse la infraestructura misma del colapso.
- Si el concepto de la "basura cognitiva", la hiperproducción acelerada de formas vacías y la pérdida de la vida autónoma resonó contigo, explora The Extinction of Experience de Christine Rosen junto a Phenomenology of the End de Franco "Bifo" Berardi y Capitalist Realism de Mark Fisher, estos tres pueden ser buenos cartógrafos de cómo la tecnología comercial calcina nuestra atención y cancela la experiencia auténtica.
- Para entender el hilozoísmo, la vitalidad de los centros de datos y des-moralizar la agencia ecosistémica (como el "acecho" eficiente del wu-wei sin tintes antropocéntricos), qué tal un Vibrant Matter de Jane Bennett y la perspectiva de Vinciane Despret en What Would Animals Say If We Asked the Right Questions?
- Si buscas armar redes de interdependencia y "Plurisistemicidades" donde coexistan múltiples realidades sin un estándar monolítico, podemos conversar de Autonomía Y Diseño La Realización De Lo Comunal de Arturo Escobar y Cosmopolitics de Isabelle Stengers. Y aunque en el texto nos distanciamos de sus mitigaciones estructurales, Staying with the Trouble y el Cyborg Manifesto de Donna Haraway siguen siendo vitales para entender el mapa del Chthulucene, las simbiosis y los futuros.
- Sobre la necesidad de volvernos ilegibles, matar terratenientes y autores y sabotear la minería de datos mediante márgenes de opacidad, el "derecho a la opacidad" en Poetics of Relation de Édouard Glissant, y Duty Free Art y los ensayos de invisibilidad de Hito Steyerl.
- Para afilar la crítica a la acumulación de capital frente a los límites físicos, la entropía sistémica y la falacia del crecimiento verde (la extracción infinita), los textos de Kohei Saito (como Marx in the Anthropocene o Slow Down) proveen el andamiaje sobre la ineludible fractura metabólica de nuestro ecosistema.
- Finalmente, para profundizar en el rediseño de la tecnología a través del Tianren Heyi, el Wu-wei, el Ziran y el descenso hacia el bloque sin tallar (Pu), acude directamente a las fuentes del Daodejing de Laozi y las parábolas del Zhuangzi. Para ver este marco daoísta aplicado al desmantelamiento de la maquinaria prometeica occidental contemporánea, The Question Concerning Technology in China de Yuk Hui es la brújula definitiva.