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Fuerzas Anímadas

Apocalipsar Polarizaciones para Termodinámizarlas

Introducción: La Ilusión del Apeirón Funcional

Empecemos poniendo en papel el mito estructural en torno a la infraestructura de la red digital, encapsulado en el término "la Nube", un mito que sugiere un espacio etéreo, inmaterial e ilimitado, libre de la fricción física que gobierna el ecosistema terrestre.

La "nube" es el computador ajeno en el que hacemos las cosas que hacemos en internet. Cuando estamos en internet, estamos en el computador de alguien más, con las reglas de alguien más, vigilados por los preceptos de alguien más. Lo que ocurre de forma digital (las redes sociales, aplicaciones bancarias, a donde nos metemos a pagar los servicios o a revisar nuestros resultados de exámenes de salud) ocurre en un servidor físico. Nada de lo digital ocurre sin que partículas de átomos se muevan. No ocurre "desafiando" a la termodinámica, ocurre precisamente gracias a nuestro entendimiento y manipulación de ella.

Cuando escribo acá, en este documento digital, escribo en partículas minerales, por medio de intercambios eléctricos, que al alterar propiedades químicas y físicas de esas partículas minerales, escriben en ellas, como una microruna: este computador en el que escribo, y aquel en que uds leen, intercambia a velocidades impresionantes, señales intangibles (en el sentido que no las podemos tocar por medios táctiles a nuestra disposición biológica inmediata, pero a los que sí podemos acceder con... TECNOLOGÍA!) decía que señales intangibles que hacen que las micropiedras de mi computador se comuniquen con las micropiedras del suyo y les digan qué microruna escribir. Y muchas de estas completan una instrucción que les dice qué poner en la pantalla (que es a su vez otra forma de polímeros minerales y plásticos configurados para mostrar cosas por medio de señales eléctricas que transforman la configuración de partículas diseñadas para recibir esa información) todo esto es logrado por medio de ejercicios, a falta de una palabra más escueta: "mágicos". Pero no es magia... O tal vez sí, “hablemos” de eso.

Estas tecnologías de conveniencia orientadas al usuario casual (B2C, volveremos a este término) perpetúan un falso dualismo, presentando la capacidad de cómputo y el almacenamiento de datos como ese recurso "mágico" e infinito que no conlleva un costo planetario directo. No digo que el consumidor industrial no caiga en estas trampas comerciales, ya en artículos anteriores he compartido cómo empresas como amazon, microsoft, disney y otras han sido bien estafadas por las mismas trampas con las que estafan al analfabeta digital. Pero como es usual, las corporaciones sufren menos que la gente que participa de tendencias digitales en redes sociales y entrega toda su información, atención y en fin, su vida, a esa "nube".

Y la responsabilidad, sea del slop digital o de cualquiera de estas inmaterialidades de conveniencia, sigue cayendo en usuarios individuales cuyo impacto es marginal: el reciclaje es un compromiso civil, el ahorrar agua y energía es un compromiso civil, el cuidar bosques y montañas es un compromiso civil, el cuidar los recursos naturales y no maltratar animales es un compromiso civil, el evitar que los microplásticos entren en los organismos es un compromiso civil, pero si sumamos el impacto de todos los civiles contra el de la industria vemos que si fueran compromisos corporativos, el efecto sería mucho más pronunciado. Curvar el uso de agua de ciertas plantas, curvar el uso de procesos que produzcan factores de riesgo para hábitats, incluyendo riesgos forestales, prohibir el uso de tierras que fueron quemadas, para desincentivar que quemen tierras, priorizar el uso de los recursos naturales por los habitantes que las consumen, curvar la remuneración financiera que se otorga por labor y por toma de deciciones y la responsabilidad que cada uno toma, etc. Con el slop digital ocurre igual: siempre es "no uses esas aplicaciones" o "no sigas los trends online" o "no entregues tus datos personales, pero tomate una selfie y pon tu huella acá para encajar en la sociedad o para acceder a una aplicación de uso necesario para aprticipar de artefactos comerciales que necesitas para monetizar tu mano de obra", advertencias y prohibiciones para el netizen (el ciudadano de la red, del inglés net: red, y citizen: ciudadano) pero qué tal sería "prohibimos a esa corporación hacer esto, y si lo hacen la cerramos y tomamos acciones civiles y jurídicas contra sus actores, pues la responsabilidad corporativa también recae en representantes jurídicos y civiles que deben responder no sólo por daños, sino por riesgos a los civiles, y eso no excluye a los inversores de pagar a toda la mano de obra y labor que tomó llevar a cabo el emprender".

Este dualismo de lo digital y lo no-digital no es el único, ni es, de lejos, el originador de esos dualismos que se estructuran como la infraestructura cósmica. Anterior al que acabo de describir está ese adelantado por Descartes, entre otros, uno que postula una separación entre un alma o mente inmaterial y un cuerpo material, como si la conciencia fuera un operador manipulando un recipiente mecánico, pero esta consciencia, de cierta forma, escapa a todo lo otro que él le adujo a la máquina-cuerpo: ¡todo son máquinas! Ah, menos la conciencia humana porque es derivada de lo divino, esa es otro rollo y disque se encuentra en la glándula pineal. Ah bueno, haberlo dicho antes. El modelo que gobierna a esa alma no comparte el mecanismo, ni las economías de las demás máquinas. No tiene presupuesto energético. No tiene restricción de conservación. Es también, aparentemente, "mágico"... Cuando se trata del hombre al menos. Y vemos que muchos de estos dualismos "mágicos" ponen al hombre al centro de esa magia. El cosmos entero, el universo entero, el ápeiron entero, se doblan y orbitan alrededor del humano, por alguna razón. El realismo es mágico, cuando el hombre lo escribe para decir lo que no es, sino lo que quisiera que fuera, desagradecido que es, con lo que sí es.

No se queda en lo mental. Diría que la separación entre el cuerpo encarnado y el cuerpo no encarnado que adelanta Descartes es aplicada también a lo espiritual: además del mito del dualismo digital, anterior a ese incluso, anterior también al de la “mente”, también hemos erigido otro mito estructural que acompaña a la conciencia humana en ese bestiario, el concepto de "alma" o "espíritu". Ni me empiecen con ese "dios" abrahámico, que ese sí es de los peorcitos mitos "mágicos", el peor golazo... Y curiosamente, de ese dualismo "mágico" del que estaba hablando antes... qué curioso que cuando se presenta, también esté el "dios" abrahámico. En este caso, sería diferente a "nunca he visto a Spiderman y a Peter Parker en la misma habitación" y sería más "¿por qué cuando hay problemas, siempre están ustedes dos involucrados?" (y los dos involucrados son ese dios abrahámico de personalidad múltiple, y esa dualidad tipo cartesiana... que, para claridad, no es que él se la haya inventado, es sólo que es su mejor representante).

Este concepto dualista sugiere un espacio etéreo, inmaterial e independiente, libre de la fricción metabólica que gobierna el ecosistema biológico, perpetuando la idea de recursos "inmateriales" e infinitos sin costos, sin rendiciones, sin límites, sin finales (excepto su "dios", manufacturado preciso para justificar tonterías como estas), enmascarando el agotamiento de recursos minerales, neuronales y metabólicos detrás de conceptos abstractos. Ni "la nube" ni lo mental trascienden las fuerzas cósmicas que describen la física y la química, ni operan fuera de los principios biológicos de los habitantes del planeta.

Al yin yang no lo incluyo como dualismo porque en el Dao se reconocen de entrada como formas incompletas que usamos para hablar del mundo y nuestra forma de relacionarnos con sus realidades: polaridades que son dispositivos de nombramiento (ming), no porque en efecto haya tal dualidad, cada cosa llevaría su propio yin y su propio yang.

Volviendo entonces al dualismo y expandiendolo para incluir no sólo lo mental y espiritual: en muchas tradiciones milagreras, esotéricas, supersticiosas y mágicas, existe ese andamiaje estructural en torno a la "magia", encapsulado en el concepto de fuerza sobrenatural. Obvio aquí no me estoy refiriendo a trucos de magia con cartas y puestas en escena, sino tocando, o mejor, expandiendo en el dualismo en el que hay una suerte de milagros, o de eventos posibles "mágicamente" (algo a lo que aludí en el final del segundo párrafo) que no obedecen a lo existente, pero todavía lo impactan.

Este concepto de magia sugiere un espacio etéreo, inmaterial y sin restricciones, libre de la fricción termodinámica que gobierna cualquier ecosistema energético. Esto, obviamente, también refuerza discursos que perpetúan falsos dualismos, presentando la capacidad de hechicería y manipulación de realidad como un recurso "divino" o "infinito" que no conlleva un costo energético directo. Nótese otra vez la presencia de lo "divino", de lo "déico", y este también constituye sistemas de intercambio y, en los casos que hemos mencionado, extracción material; esa narrativa mágica también enmascara el agotamiento de recursos biológicos y ambientales detrás de relatos de poder y acceso ilimitado.

Estas dualidades imaginan una suspensión arbitraria de la realidad, un deseo que materializa cosas desde el vacío y que forcluye los límites que no encontramos convenientes.

Ni los servidores físicos donde se alberga la nube, ni los cuerpos encarnados donde ocurre lo mental, espiritual, cognitivo y experiencial, ni la magia, operan fuera de los vectores, fuerzas y flujos en los que funciona el resto del universo. Todas estas ilusiones constituyen sistemas de opresión, sumisión, extracción material que desplazan el daño ecológico y la destrucción biológica hacia otras latitudes geográficas y temporales, operando bajo modelos de daño compuesto y en una creciente exponencial ("¡el aceleracionismo!" grité levantando el puño al aire). Esas inmaterialidades son ilusiones diseñadas para ocultar la brutalidad termodinámica de su arquitectura.

Una lesión en la corteza prefrontal cambia la personalidad. Los opioides alteran la calidad subjetiva de la experiencia. El estrés crónico reestructura la arquitectura hipocampal, la atención enfocada (meditación, concentración, ansiedad, migraña) altera las tasas metabólicas, cambia la producción de cortisol y modula la función inmunológica. La "mente" afecta al "cuerpo" y el "cuerpo" afecta a la "mente" en cada nivel de detalle estructural. La "Nube" afecta al "usuario" y el "usuario" afecta a la "Nube": la adicción a dispositivos aumenta el consumo energético global y el consumo de sustancias farmacológicas para curvar la exposición a interfaces digitales, el diseño de interfaces busca retención de atención, que genera más solicitudes, que demanda más servidores, que requieren más refrigeración, que generan más calor. El ciclo se retroalimenta. Y si hemos de tomar los escritos esotéricos como testimonio, la "magia" afecta al "mago" y el "mago" afecta a la "magia": el entrenamiento en artes mágicas altera la fisiología del practicante, la práctica regular cambia capacidades cognitivas y físicas, el mago transforma el mana disponible mediante su propio esfuerzo. Mire como le fue a Gollum sólo soteniendo el anillo, ni siquiera usandolo para maldad. El ciclo se retroalimenta.

El dualismo tiene dificultades con estos acoplamientos porque requieren un mecanismo para que una sustancia inmaterial interactúe causalmente con la materia. El marco que estamos rescatando interpreta esto como un sistema que opera a múltiples escalas, con energía e información fluyendo a través de todo el conjunto. Este acoplamiento es el comportamiento esperado de un sistema acoplado, no es ningún misterio, no es sobrenatural.

Ahora... hasta acá nada nuevo. Hasta acá sólo he estado hablando de la falsedad de ciertos sistemas dualistas, y poniendo en común a la magia, la mente/alma/espíritu y la nube, diciendo que nuestra asimilación de sus efectos y sus ilusiones nos engaña igual que cualquier otra mercancía de conveniencia cuya presencia limpia, productiva y funcional oculta la naturaleza violenta de su producción. El plástico, la magia, la nube, dios, la mente, el humano al centro de todo el universo: estas ideas se presentan como algo subserviente a nuestro uso y conveniencia, algo que no tiene costos ni consecuencias, algo "mágico", algo "divino".

Acá antes de entrar propiamente en materia, aprovecho para recomendar el artículo anterior en el que preguntaba acerca de la trivialización de la profundidad al ponerla como algo elevado, intangible, inmaterial, ilimitado, en vez de algo mundano, enterrado, había dos conclusiones principales: Primero que toda declaración de superación o trascendencia son irrelevantes mientras persistan las opresiones y desarticulaciones que dicen dejar atrás, y segundo que el animismo revisado invita a una reciprocidad material y no sólo veneración conceptual. Este presente artículo recoge esas piezas y las lleva a otro terreno: si lo post- fracasa por enunciar logros sin pago, acá la pregunta se desplaza hacia el presupuesto energético de todo lo que sí existe. Donde el anterior blog concluía que no hay superación sin materialidad, éste comienza por las caractarísticas energéticas que la materialidad cobra. Si no leíste el anterior, igual puedes seguir leyendo este, tampoco hace falta, pero si sí, notarás ciertas continuidades, cierta cohesión, un giro de los prefijos que nombran lo que aún no ocurre, a los medidores que contabilizan lo que ya está ocurriendo, quise dejar espacio para respirar entre esas dos ideas, por eso son dos artículos distintos... Y aquí va:

MP: Magic Points, Presupuestando al Ápeiron

En muchos videojuegos, aparte de un medidor de vida, o salud, también tenemos un medidor de magia. El medidor de vida o salud nos indica cuántos golpes podemos recibir, es el que, usualmente, cuando llega a cero, nos obliga a empezar de nuevo la partida, es "perder una vida". El de magia, sin embargo, es el que usamos para desarrollar o desplegar poderes adicionales. Para hacer magia. Estos medidores pueden cambiar de nombre, pero su función persiste: uno, el de “vida”: dice cuándo te mueres y empiezas la partida de nuevo, y el otro, el de “magia”: dice qué tipo de actividades que no son las básicas puedes usar.

Si se toma como base el ecosistema bajo los parámetros estructurales de un sistema regido por las fuerzas cósmicas que conocemos y con las que nos relacionamos, vemos que toda capacidad operativa, tanto ordinaria como extraordinaria, requiere un presupuesto energético y material discreto. Energía y materia no son tan distantes, pero ese es tema de otro párrafo.

Ni la información, ni el pensamiento, ni los hechizos se crean en el vacío. Ni los datos, ni la conciencia, ni la magia existen independientes de su sustrato material/energético/temporal (me encarta pensar en el tiempo como un sustrato, parquiemos esa idea acá mientras).

Su sustrato no es necesariamente el mismo: servidores, cuerpos y hechizos u objetos mágicos (un cetro, un bastón, una vara, etc.) no son lo mismo. No es lo mismo tener un servidor industrial masivo operando interrumpidamente en múltiples ubicaciones, que un tejido biológico que se mezcla con un tejido sociocultural, o que una fuerza multidimensional que opera en múltiples órdenes a la vez de formas no predeterminadas... Bueno, escribiendo esto suena difícil separarlos. Pero separados están, y sin embargo eso sí comparten mucho. Juguemos a adivinar a cuál estoy describiendo: cada solicitud de energía parametrizada y en frecuencia y amplitud discernible para dos estaciones requiere un presupuesto de soluciones químicas y componentes físicos que permitan la vehiculización de esa energía, y el mantenimiento suyo; tiene que haber una conducción, y una insulación, y una forma de contrarrestar la fricción y los residuos, energéticos, químicos, físicos, que se pueden gestar para que no haya desgaste de la energía y para que la interacción de la energía no desgaste el mismo sistema que la lleva de un lado al otro, y a su vez, esta energía, al estar parametrizada, al ir de una estación a otra, lleve una señal.

Eso describe...

¿Un cerebro enviando señales a un músculo?

¿Un hechicero enviando un conjuro de curación?

¿Una descarga de un archivo?

Todos ellos exigen unas condiciones termodinámicas ineludibles.

El funcionamiento del sistema (ese que describimos, dos estaciones pasándose energía la una a la otra) depende de la captura continua de energía libre, concentrada, en bajo índice entrópico (del sistema, la forma de la energía que viaja a través del sistema, que puede ser energía eléctrica, electromagnética, calórica, etc., y de la expulsión de la misma energía ya dispersa, en alto índice entrópico, o preciso, tener varias distintas de índice entrópico como su carga) el caso es que depende de recursos finitos. Agua, litio, cobalto, silicio, glucosa, oxígeno, aminoácidos, vehículos ionizados, etc. Y para mantener el orden interno y la complejidad de su sistema, el sistema inevitablemente expulsa también otras formas de energías a su entorno planetario, incluyendo calor residual disipado y otros residuos con diferentes niveles de toxicidad, y la toxicidad puede tomar muchas formas, desde desechos metabólicos, como la mierda, o residuos biológicos que funcionarían como abono para otros sistemas, hasta residuos radioactivos, es decir, residuos con una carga tan fuerte en términos energéticos que se convierten en un demoledor de formas químicas y físicas de sus sistemas aledaños. Esas no son las únicas dos formas: preciso le estamos poniendo matices, intensidades a estos elementos; no es que la opción sea "o es abono, o causa decaimiento atómico", puede ser las dos cosas, puede ser ninguna, puede ser otra, etc.

De lo de arriba sacamos que el mantenimiento de cualquier sistema requiere una maquinaria que reduce de manera irreversible la capacidad de carga propia y de los sistemas aledaños. Del planeta, para ser específicos, tan específico como se pueda ser con el planeta (pues... ¡porque hay muchos!).

Aquí la electricidad, una forma de energía, nos sirve de analogía:

Un rayo golpea un árbol. El flujo de electrones impulsa un circuito.

Ambas son la misma fuerza operando a diferentes escalas y densidades organizacionales. Nadie va por ahí hablando de un "rayo metafísico" separado de los "electrones metafísicos". La fuerza no requiere un fantasma para explicar por qué la manifestación macroscópica (una chispa visible) difiere en escala del mecanismo microscópico (deriva electrónica). La diferencia es estructural, no categórica.

Centros de datos como manifestación macroscópica, transistores como mecanismo microscópico; cerebro como manifestación macroscópica, neuronas como mecanismo microscópico; universo mágico como manifestación macroscópica, puntos mágicos como mecanismo microscópico.

Disecando Monstruos: Lo Maquínico Detrás de lo Extraordinario

Las capacidades extraordinarias, monstruosas, tanto como las mundanas (como en el ejemplo de arriba, el rayo que parte un árbol y la chispa de estática cuando te despides de alguien), como el escupir fuego de un dragón, la regeneración corporal de un fénix, que se te ocurra una idea en la ducha o en la mesa de trabajo, o la generación instantánea de contenido por inteligencia artificial, no son productos de una voluntad no física o esencia espiritual; todas demandan una maquinaria biológica específica: un dragón que escupe fuego requiere presupuesto metabólico, tejidos especializados de almacenamiento que soporten no sólo generar el calor, sino aislar el calor de otros órganos, y radiadores termodinámicos para gestionar calor residual. Un fénix que se regenera demanda rendimiento energético, maquinaria celular, regulación termodinámica. Un centro de datos que genera respuestas exige servidores, electricidad, refrigeración, infraestructura física masiva y, entre más aparentemente instantáneas, más poder necesita, más recursos necesita. Un cerebro que genera pensamiento exige neuronas, glucosa, oxígeno, una infraestructura biológica masiva.

Estas no son operaciones inmateriales realizadas por una voluntad o alma; son procesos físicos con limitaciones medibles. Incluso las transformaciones complejas o aparentemente milagrosas requieren materia física, consumo de energía y adaptación estructural, sin dejar espacio para la separación independiente entre mente y alma. La conciencia, la cognición, la predicción, el almacenamiento, el cálculo, el reconocimiento y la abstracción de patrones, la manipulación de energía e información, y la vitalidad están inexorablemente ligadas al rendimiento energético, termodinámico y biológico del sistema.

Ahora, si seguimos llevando esto un poco más a la cotidianidad, y a lo fácil que es considerar algunas de estas "magias" mundanas como unas sin costo, miremos esos dispositivos menores del hogar, urbanos, algunos, como sensores de IoT (disque el Internet of Things, o el Internet de las Cosas le llaman eso, como proponiendo al internet como una cualidad que pueden tener las cosas...), y con sensores me refiero no a los automáticos que prenden y apagan la luz, sino los de dispositivos de control tipo smartwatches, los que detectan movimiento para activar cámaras o controladores de temperatura, me refiero a electrodomésticos inteligentes y a la transformación de la maquinaria automotriz en plataformas de software sobre ruedas, todos esos actúan como elementos menores que alimentan al dragón central, mientras que el dragón central retroalimenta y justifica la proliferación de esta red de control periférico. Así como neuronas individuales alimentan patrones cognitivos complejos, y células especializadas permiten funciones biológicas asombrosas, nodos distribuidos de recolección de datos alimentan la infraestructura central de computación. Igual que cada neurona exige glucosa y oxígeno y cada célula especializada exige nutrientes y eliminación de residuos, cada sensor distribuido, cada vehículo digitalizado y cada nodo de recolección de datos exige un consumo energético constante, mantenimiento extractivo y una reposición acelerada que a su vez acelera la degradación de los ecosistemas locales para sostener una jerarquía de control geopolítico y corporativo. Y es para eso que existe el dragón, para controlar. Y eso es lo que cuesta mantenerlo. El planeta.

El Fantasma en el Cascarón: La Disolución del Operador Separado

Este dualismo posibilita el fantasma en la máquina como un concepto para separar lo tangible de lo intangible, porque no especifica mecanismos ni economía. El marco termodinámico hace esto imposible en principio: si cada proceso en el sistema incurre en un costo medible; si lanzar hechizos es una manipulación precisa de energía ambiental que requiere entrenamiento físico, esfuerzo biológico y un costo metabólico; si un pensamiento consume glucosa, si un algoritmo procesa gigavatios, entonces no existe una capa inmaterial "libre" operando encima de lo físico. El operador no puede existir fuera del sustrato sobre el cual actúa.

Ese tipo de fantasma en la máquina falla porque la operación de la máquina es el operador. No hay cosa separada haciendo la operación, no hay dos sustancias allí, una material (de la materia) y la otra etérica (del éter), no hay un fantasma que habita un cascarón: el fantasma es el cascarón en operación. Que uno no tenga instrumentos o mediciones para esas mecánicas estructurales no quiere decir que no estén allí e igual, que seamos sensibles a ciertos flujos de energías que no conozcamos no prueban tampoco la existencia de ese plano etérico de energía ilimitada. Así como no hay por ahí una nube de "información pura" flotando en un plano etéreo, tampoco hay por ahí una mente separada de un cuerpo. La mente es el cerebro operando. Este movimiento de disolución del operador separado es el mismo que explora Ghost in the Shell (la franquicia de manga y anime japonesa): en ese universo, la conciencia (el "fantasma") es un patrón de datos que puede migrar a distintos cascarones cibernéticos, incluso no biológicos. La obra no postula un alma inmortal, sino la continuidad, o mejor, derivas de genes y memes a través de diferentes sustratos materiales. Al igual que aquí, el "fantasma" no habita el cascarón; es la operación del sistema en su conjunto.

Así pasa con lo espiritual o lo mágico: es la misma fuerza operando en la misma lógica estructural a diferente densidad organizacional. Un hechicero no puede generar puntos mágicos (los magic points, o MP, como en los juegos de video en los que se usa la magia... ah, ya les había dicho) infinitos sin fuente energética. Un hechizo de curación no puede regenerar tejido sin materias primas y gasto energético. El "impuesto" se manifiesta como pérdida térmica, desplazamiento de masa o disturbio ambiental local. La magia es energía. No hay un monstruo de recursos mágicos, energéticos, espirituales, cognitivos ilimitados por ahí repartiendo magia.

Esto nos puede llevar a intentar reformular un problema de la conciencia que pregunta: ¿por qué deberían los procesos físicos generar experiencia subjetiva? ¿Por qué hay "algo que se siente" para ser un sistema? Es decir, ¿cómo sería posible que un "simple" proceso biológico, en vez de necesitar algo divino y mágico, del éter, algo más allá que sólo podría venir de lo inconmensurable, pudiera darnos todas las experiencias tan magnánimas que tenemos como humano? Excluyendo el hubris humano de siempre pensar que lo suyo es lo único y lo mejor y la razón por la que el universo existe, es decir, poniendo primero que no hay absolutamente nada tan especial en tener experiencias humanas sensibles, pues, bien por nosotros, pero ya... La pregunta presupone que "proceso biológico" y "experiencia subjetiva" son categorías diferentes que requieren explicaciones abstractas y vacías para su concurrencia (de esto es más o menos el artículo anterior). Pero como bien me gusta decir, una cosa no quita la otra, y el marco termodinámico disuelve la premisa de la pregunta. El sólo no pensar al humano como centro del universo lo hace, pero demos cabida de todas formas a una respuesta para satisfacer la pregunta.

Si la conciencia es una configuración termodinámica, es decir, el patrón específico de flujo de energía a través de una estructura disipativa organizada que reconoce procesos que ocurren en la materia a través del tiempo, entonces no hay un "proceso biológico" y una "experiencia subjetiva" entre los cuales sea necesario tender un puente; no compiten, no se excluyen, así como tampoco se necesitan. El patrón de flujo de energía puede ser la experiencia. La pregunta puede pasar a ser: ¿por qué esta configuración en particular se autoorganiza a esta escala? Pero eso es una cuestión de física y química, no de metafísica, y tal vez los instrumentos y los saberes para medir eso estén muy por fuera de nuestro alcance. Es decir, en términos que satisfarían a quienes creen que pueden saberlo todo.

Una clarificación de enfoque: existe una versión prestigiosa de esa pregunta, el "problema difícil" de la conciencia, que pregunta por qué los procesos físicos generan experiencia subjetiva. En su forma canónica, esa pregunta es esoterismo abstracto, muy en la onda de lo que critiqué en el artículo anterior: especulación metafísica que comparte más con lo déico y el destino manifiesto, se aleja de lo mecánico, porque trata la consciencia como un resultado que debe rendir cuentas ante un interrogador y no como simplemente otro flujo, uno más, al que por estar inmiscuidos en su uso no le tenemos herramientas. Es como preguntarse el porqué de nuestro rango óptico o auditivo: no tiene por qué haber un porqué ahí. Lo que sí se toma en su raíz es la reformulación que este marco permite: cómo se organiza esta configuración termodinámica particular, una cuestión de física, química y estructura. Y eso es parte de lo que el animismo invita a ver: incluso la visión y la audición, más que los ojos y los oídos, los aparatos, son parte de esa plurimulticidad, de esos innumerables sustratos, flujos que no deben rendir explicación para seguir fluyendo.

Y lo mismo aplica a la magia y la tecnología. Si la magia es un patrón específico de manipulación de energía en un campo de energía mágica estructurada, entonces no hay "magia" y "física" que necesiten puente. La manipulación es el fenómeno. Si la computación es un patrón específico de voltajes en transistores, entonces no hay "información" y "hardware" que necesiten puente. Los voltajes son la información. Precisamente porque son físicos y multiplicables, tendemos a olvidar su sustrato material. Si el pensamiento es un patrón específico de señales neuronales en tejido cerebral, entonces no hay "mente" y "cerebro" que necesiten puente. Las señales son la mente. 

Tal vez una pregunta más fértil no es "cómo emerge lo subjetivo de lo objetivo", sino cómo se organizan ciertos patrones termodinámicos a escalas que producen fenómenos que llamamos conciencia. Son preguntas de organización estructural, no de ontología dual. 

Y es que el punto de los límites estructurales tiene una consecuencia adicional para la forma en que entendemos la agencia: si el pensamiento requiere un costo metabólico, si la emoción requiere un rendimiento neuroquímico, si la "voluntad" es una dinámica organizacional de un sistema termodinámico dentro de sus condiciones, entonces la "agencia" es la propia dinámica del sistema expresándose a través de sí mismo dentro de las condiciones materiales y contextuales. El "yo" que elige una acción es el mismo proceso que el cuerpo ejecutándola, no hay nadie que elija por encima de la elección. El patrón de organización a escala cognitiva determina el resultado a escala conductual a través de la misma continuidad estructural con la que el flujo de electrones determina la dirección de la corriente en un circuito. El "usuario" usando una aplicación es el mismo proceso que los servidores procesando la solicitud. No hay usuario separado del sistema tecnológico; la interfaz es el medio continuo entre ambos extremos. El "hechicero" lanzando un conjuro es el mismo proceso que la energía mágica fluyendo a través de la canalización. No hay hechicero separado del flujo mágico; la voluntad es el medio continuo entre ambos extremos.

Μάγοσ Y Tɛknoʊ

Del griego antiguo, Magos es sobrenatural, y Tecnos es arte, habilidad, técnica. Y si lo que he escrito hasta ahora resuena de alguna forma, ese "sobre" de "sobrenatural", ese superlativo, es el grado hasta el cual somos capaces de superar, eso "sobrenatural" es lo que somos capaces de poner sobre la naturaleza, en este caso, lo que somos hábiles de lograr técnicamente que suplemente la naturaleza.

La tecnología digital ES magia. Es literalmente usar energía en cantidades grandes o chiquitas, muy discretas, para transformar la materia al punto que podemos, en partículas tan pequeñas que no las podemos ver, o tan grandes que se necesita la energía de toda una ciudad para mantenerla y poderla entender, manipular otra materia distinta en otras coordenadas del espacio y tiempo, y con ello, manipular también a otros cuerpos cerebrados y elevarlos, o esclavizarlos; es tecnología que nos permite movilizar al planeta entero, con consecuencias planetarias. Los chips son literalmente piedras (silicatos, con componentes y procesos necesarios, acompañantes, derivados y afines, que la miniaturización exige: dopantes, aislantes, interconexiones) con energía curzando en ellas, y esa energía es dictada por hechizos y runas. Las runas son literalmente piedras con inscripciones, y el lenguaje, que es en efecto otra tecnología, nos sirve para hacer esas inscripciones.

La tecnología digital ES magia, es una forma de interfazar con la naturaleza y de apropiarnos de procederes cósmicos para echarle las riendas al flujo de energía y absorber la entropía que produce su encauce.

Ok, estamos en que hay puntos mágicos, energía mágica. Tenemos una situación en la que incluso lo no tangible, y lo difícil de medir, obedecen a los mismos principios que obedecen nuestros usos más materiales... Esto más o menos nos pone en un marco que trata a la vida misma como termodinámicamente mágica. No "vida + magia" ni "vida habilitada por la magia", sino la vida como magia. Como una capacidad de organizarse contra los gradientes de entropía: es el mismo principio estructural, ya sea que se manifieste como una estrella ardiente, una tormenta eléctrica o un ser humano consciente. Como si la diferencia fuera más de complejidad organizativa que de categoría ontológica.

Un organismo vivo es una estructura disipativa: un sistema termodinámico abierto que manteniene su orden local consumiendo fuentes de energía, residuos o derivados de otros sistemas, y tramitando y transaccionando la entropía que produce, no sólo por sus residuos corporales, sino por las consecuencias de sus acciones. Un ser vivo, igual que el planeta, procesa energía. Tiene un rendimiento. Tiene restricciónes estructurales (membrana, límite, forma, etc). Se degrada y disipa cuando cesa el flujo energético; si sube o baja mucho el índice entrópico de los sistemas que lo componen y acompañan, deja de funcionar y se convierte en sustrato de otros sistemas. Filosofías y medicinas en las tradiciones populares y ancestrales chinas y del continente hindú, cada una con sus matices, y considerando que en muchos casos la distinción entre "filosofía" y "ciencia" y "arte" y "medicina" es más una acomodación para traducir a occidente, digo: en muchas de ellas, es la misma fuerza operando en la misma lógica estructural que un rayo, una corriente electrónica o un hechizo, sólo a diferente densidad organizacional. La "fuerza vital" o "alma" es el patrón de flujo de energía a través del organismo. Es medible (metabolismo, actividad neural, producción de entropía), o tal vez no es medible, queriendo con esto decir que simplemente no conocemos lo suficiente sus estructuras, sus parámtros, sus condiciones, entonces no es medible para nosotros, pero en su interacción con nuestros sistemas, no la hace exenta de funcionar con estos mismos parámetros. La energía vital, fuerza vital, alma, no está separada del cuerpo porque hace parte de la operación termodinámica del cuerpo.

Y que el cuerpo exporte calor no lo vuelve una estufa con ansiedad: el calor es una de sus salidas, no la única ni la definitoria; el cuerpo usa índices altos de entropía para producir muchas cosas: proteínas, membranas, hueso, señales, chisme, y el calor es, entre ellas, un impuesto mecánico que no puede dejar de emitir. La cultura pop ya dramatizó el error inverso: en Matrix, la humanidad entera es cultivada como batería biológica y la ficción solo funciona si se acepta que un cuerpo puede ser considerado fuente de energía aprovechable. Con esto ocurre algo parecido a lo que tratamos con la mente: no hay una "mente" separada del cuerpo que se pueda tomar y cultivar aparte; tomar el cuerpo como batería toma una salida (calor, energía residual; una máquina que usa cuerpos humanos como fuente de energía pierde más en alimentarlos de lo que extrae, por eso la versión original usaba procesamiento neurológico, según comentarios de guionistas, y no baterías) y la plantea como si fuera la entidad entera. Es el fantasma en el cascarón operando en dirección contraria: allí se separa el operador de la máquina; acá se separa el residuo del organismo que lo produce.

Otra voz de la cultura popular ya ensayó esta nominación, y es útil mirar cómo lo hizo: en Fullmetal Alchemist, la alquimia funciona bajo la Ley del Intercambio Equivalente, que postula que nada se obtiene sin entregar algo de igual valor. La autor la concibió deliberadamente para darle a su sistema mágico alcances científicos consecuenciales: la alquimia de esa obra tiene precio, tiene saldo, tiene facturas que se pagan en carne, en años, en cuerpos enteros. Que el principio tiene sus huecos narrativos (hay intercambios que no cuadran, atajos milagrosos, deudas que nadie absorbe, típicas de obras de este tipo, no por eso menos valiosas o entretenidas) no desmonta el gesto estructural: cuando la ficción trata la magia como un sistema con presupuesto, la ficción vuelve a ser termodinámica. Y coincide con nuestro marco de este artículo en el punto exacto donde los dualismos se caen: quien pretende un plano ligero que reciba sin entregar, quien enuncia un arriba sin abajo (o que se espejan gratuitamente), declara un sistema sin balance, y un sistema sin balance es humo, es fantasma y cascarón separados y con uniones inconsecuentes. El hechicero que gasta sus MP paga el impuesto donde sea que el sistema lo cobre: en pérdida térmica, en desplazamiento de masa, en disturbio ambiental local, en glucosa consumida, en años menos de vida. El intercambio siempre cuadra al final; la única magia real posible es la que rinde cuentas. Hay unos videojuegos más atrevidos, el costo de los poderes “mágicos” es la misma barra de vida. Es decir, usar magia, tiene el mismo efecto que recibir un ataque.

Siguiendo la línea de pensamiento que llevamos, en el caso de la muerte, no hay un alma que abandona un recipiente, es más bien el cambio del proceso termodinámico, un patrón de flujo de energía que se disipa y da paso a otros patrones, una estructura organizativa se degrada por debajo o por encima del umbral que mantiene su coherencia y pasa de ser un organismo que recibe la clasificación humana de “ser vivo” a ser materia en proceso de descomposición, lo que para un organismo bosque, o un organismo fungi, o para el planeta, sigue estando dentro de sus coherencias, agitándose y fluctuando dentro de los índices entrópicos que sostienen sus coherencias. Para complejos multicelulares que comparten algunos contingentes del sistema que dejó de ser un ser vivo (mucha de la biota con la que compartimos piel, por ejemplo) sigue siendo parte del flujo al que ya pertenecen. Nada "se marcha" porque nada estaba separado como para marcharse. El patrón era el organismo. El organismo era el patrón. No hay ninguna entidad residual y esto no implica que el flujo se detenga: lo que cesa es la escala en la que algo podría estar separado para marcharse. 

Pero... ese patrón/organismo interactuó con otros, ¿no? Al disolverse sus componentes ahora hacen parte del sustrato de otros sistemas. Cuando se apaga un servidor, la información no viaja a otro plano y deja de estar en este, o cuando se destruye, no sale la información como un fantasmita caricaturezco. El flujo de voltaje cesa. El patrón de estados binarios de los componentes se estabiliza en cero. Los datos no sobreviven al hardware que los contiene. Pero... pero sí lo hacen: Si la información fue transmitida, copiada, duplicada, derivada, incluso si se destruye el hardware original, iteraciones y versiones de datos originales pueden permanecer.

En la serie de Earthsea, en el cuarto libro, Tehanu, se muere un personaje al que como lector le tomé aprecio, no les voy a hacer grandes spoilers, aunque no es un gran giro de trama lo que lo ancla a uno a la lectura, pero bueno, el caso es que cuando muere este hechicero, no va a un más allá de magos, ni la magia se disipa; sus hechizos, que sepamos, no se cayeron por su muerte, porque no era él quien los sostenía, la mayoría se habrían caído dentro de el propio ciclo energético que los sostenía y lo que queda de él no es una serie de hechizos, ni un alma con quien los protagonistas hablan, sino los lazos que hizo con otros personajes. Que son otras formas de energías, que también siguen flujos como los que describimos con palabras científicas, pero que en últimas, como la magia, o los microchips, se escapan a la medición y descripción de la mayoría de humanos, que, hasta el día de hoy que escribo esto, son los únicos que miden y describen chimbadas en el universo.

B2C como Mecanismo de Extracción: Comodidad a Cambio de Entropía, La Abstracción de la Extracción y Algoritmos Políticos

Voy a enredar la pita devolviéndola un poquito.

Dentro del ámbito de las ventas y los negocios hay varios tipos de categorías; en una de ellas, los nombres vienen de las direcciones en las cuales se hacen las ventas. Así está B2B, business to business, en el que un negocio vende a otro negocio; esta relación puede ser de proveedor, o de sociedad, o de suscripción, su condición es que no sea una relación de un fabricante o proveedor que vende a un consumidor final, sino a otro fabricante o proveedor, o punto de venta. También está B2C, business to consumers, y se refiere precisamente a relaciones comerciales en las que un negocio vende a un usuario o consumidor directo. También existen otras, pero son menos comunes y no son objetos del artículo de hoy.

La tecnología B2C, por ejemplo, las redes sociales, los sistemas operativos, membresías a servicios de suscripción que transmiten contenido mediático, goza de una aparente invisibilidad, o en caso de no pasar desapercibida, goza de una suerte de aprecio, mientras oculta su lógica ideológica y material extractiva.

En mi trabajo diario, me toca cruzar mucho con tecnologías tipo B2B, porque trabajo con empresas que venden servicios a otras empresas, en mayor parte servicios tecnológicos digitales, y la diferencia con las tecnologías B2C, que son a las que yo como usuario me veo enfrentado, son muy desalentadoras. Mientras entre empresas hay unos niveles de transparencia más altos, las que son de uso directo del consumidor son un tapao, una estafa, todo un timo, todo es acerca de explotación, extracción y distracción.

Las interfaces de usuario son elegantes, atractivas, y el diseño práctico, que invita al uso, "intuitivo", y de hecho intentan ser adictivas, usando hallazgos de la pedagogía preciso para acelerar e instrumentalizar la forma en que nuestros cuerpos reconocen patrones y los juegos metabólicos que existen al interactuar con ciertos de ellos. Son plataformas que ocultan la violencia extractiva que ocurre en los eslabones profundos de la cadena de producción, que tratan de propiciar un consumo individualizado desacoplado de las consecuencias ideológicas, ecológicas, etc.

Mientras el usuario experimenta una aparente gratuidad o ligereza en su interacción digital, el impacto real se acumula en forma de estrés ambiental por medio de contaminación tóxica irreversible, incrementando el costo de disipación térmica para las generaciones futuras y desestabilizando los equilibrios termodinámicos de la biósfera. Es decir, dañando el planeta que sirve como único lugar en el que podemos vivir. Y no sólo eso, hay también una erosión mental, un agotamiento cognitivo (ya en el primer, segundo y tercer artículos traté de derivar en esas aguas).

Los principios con los que crean estímulos adictivos, que apelan a nuestros sentidos y que quieren mantener nuestros niveles metabólicos hormonales y enzimáticos rehenes, ven su inspiración más grande en los mismos pensamientos dualistas con los que se nos convence, de los que estábamos hablando antes.

Esa ilusión de un "yo" separado oculta nuestra dependencia de ecosistemas enteros de los que hacemos parte. Se nos invita a pensar que somos individuos que experimentan libertades psicológicas mientras dependemos de cadenas alimentarias, ciclos estacionales y procesos biológicos globales. Se nos presenta como "usuarios autónomos", individuos que pueden actuar, emitir, cometer, en un mundo digital en el que nuestra "libertad" es intocable, ocultando la dependencia total, no sólo la del usuario sino la de toda la comunidad que rodea el uso digital, de centros de datos que a su vez dependen de cadenas de suministro mineras y redes eléctricas globales, que entran en conflicto con las otras cadenas alimentarias mencionadas. El ciudadano experimenta conexión instantánea, indeleble, mientras depende completamente de una infraestructura física masiva que erosiona su capacidad de participar de la misma naturaleza que hace posible la magia de la tecnología digital.

La "comodidad" que se ofrece al ciudadano a través del modelo B2C es el mecanismo de enganche diseñado para asegurar su participación continua en esta maquinaria de extracción. Mientras el usuario se mete del todo en una lógica dualista en la que lo que hace en la red digital no tiene un impacto en su cuerpo, y recibe un micro-retorno en forma de conveniencia y conectividad aparente, sin mencionar los golpes hormonales y enzimáticos derivados de ciertas acciones, el ecosistema planetario y las poblaciones periféricas y más vulneradas son forzadas a absorber el inmenso desperdicio entrópico: zonas de sacrificio minero, estrés hídrico masivo para refrigerar centros de datos, la degradación sistemática de la biósfera, el desmantelamiento de las condiciones físicas y químicas necesarias para el mantenimiento de nuestros metabolismos.

A los señores feudales (y sus devotos) tecnológicos les pasa parecido: mientras parecen experimentar una capacidad sobrehumana al ver que sus decisiones son grandes y obligan a sus prójimos, y los efectos que logran son globales a escala, el impacto real se acumula en forma de agotamiento metabólico, perturbación de ecosistemas locales y consumo de recursos finitos, y a sus semejantes los cargan con lo que creen que es poder autorrealizado, siguiendo su mito de que lograron lo que lograron y llegaron a donde llegaron por sus propios méritos y que se mantienen allí por su propia importancia. Y digo que les pasa parecido, porque no es igual: ellos se blindan de las consecuencias destructivas de sus decisiones.

La Segunda Ley de la Termodinámica establece que la energía a utilizar se concentra a expensas de un aumento irrefrenable de la entropía en el resto del sistema. En la ecología política contemporánea, las corporaciones tecnológicas y las estructuras de administración y gobernanza operan funcionalmente como un inmenso motor térmico global. Utilizan una "energía masiva" tecnológica, tal como la automatización algorítmica, la predicción de comportamientos y el monopolio de la infraestructura de datos, para extraer y centralizar la energía útil, el capital y el control geopolítico en el vértice de la pirámide. Las corporaciones tecnológicas funcionan como motores térmicos digitales, concentrando atención y datos a expensas del aumento entrópico global, ocupando vértices de pirámides digitales, maximizando extracción mientras minimizan exposición a las consecuencias de sus actos.

El poder administrativo y corporativo se define hoy, entonces (y entre otras cosas, tampoco voy a decir que esto es definitivo), por la capacidad estructural de aislarse del calor residual que el propio sistema genera, obligando al resto del planeta a habitar y perecer en la dispersión y el desorden termodinámico. Este mismo poder se manifiesta como capacidad para aislarse del agotamiento metabólico, la degradación mágica o los costos ecológicos que uno mismo genera. Los privilegiados viven lejos de las zonas de sacrificio, los magos malvados evitan el agotamiento ritual y ponen a sus secuaces a hacer el trabajo pesado por medio de manipulaciones que son menos exigentes mágicamente, los usuarios ricos no ven las minas que alimentan sus dispositivos. Y sus metabolismos están también privilegiados, por toda una vida con acceso a sustento apropiado: agua potable, si no es que tratada, alimentos con riquezas nutricionales, o por lo menos no tóxicos, educación social, emocional, estable y consistente, y muy importante: acceso.

Acceso, por ejemplo, a entrar a hacer turismo a las zonas que sí están sujetas a la entropía, al desorden termodinámico. Los magos pueden ir a donde sea, y no temen que les caigan hechizos, porque saben protegerse. Los hijos de ricos pueden ir a donde sea a hacer su turismo de cacería, o sexual, o ambos a la vez, y tienen una protección "mágica" que ni siquiera entienden; no son sus "hechizos": crecieron como parlantes nativos de esa magia, la llevan en su cuerpo, no hay separación, como ya lo establecimos entre la magia y el magiador; cuando las personas privilegiadas caminan, caminan con esa magia, la magia es ese caminar. Y si hacen falta hechizos más poderosos... bueno, pues para eso está la plata. Los demonios también son presentados usando oro y joyas para moverse e interactuar con el mundo.

Acceso, por ejemplo, de entrar a una industria, o escena artística, y que "mágicamente" tengan más chance de ser descubiertos por un mecenas o un gurú (como si los necesitaran), que les enseña el craft de esa industria o escena, y realmente no hay ningún hechizo que tenga qué hacerse ("él era mi tío lejano, mi tío es un bankero, él no sabe nada de música, él no me ayudó con mi contrato discográfico") porque no hay una separación, no hay una dualidad, esa magia ya corre en sus venas.

Y también en la magia, sigue siendo energía. Y esa energía no se crea del vacío. Cada que un nepo-baby saca un disco, quién sabe cuántos miles de artesanos y artistas nos estamos perdiendo de poder bailar. Porque los descendientes de los ancestros que robaron aún acumulan el dinero, la magia, la tecnología. El Acceso.

¡No Pues, Entonces Todo Es Magia!

¿Por qué estamos llamando dentro de este marco termodinámico "magia" lo que puede ser "espíritu", "alma" o incluso "aura"?

Esos términos implican una categoría separada, una capa no física, un más allá y un menos acá. "Magia" en este marco significa: la operación estructural de la fuerza fundamental a escalas y configuraciones que aún no hemos mapeado por completo, que quizás no podamos mapear por completo, que quizás no debamos mapear por completo. Es magia en el sentido de que la electricidad era magia antes de que entendiéramos el flujo de electrones. El misterio está en nuestra mecánica incompleta, no en una brecha ontológica fundamental.

Del mismo modo, llamar "software" a la computación en lugar de "información etérea" reconoce una base material. Llamar "cerebro" a la conciencia en lugar de "alma" reconoce una base biológica. En todos los casos, la terminología importa porque el lenguaje estructura el pensamiento, y el pensamiento estructura la percepción de posibilidades reales.

Y acá está el viraje que quería dejar preparado para cerrar. Hasta ahora he insistido en un solo sustrato con un solo conjunto de restricciones, y esa formulación, aunque útil contra los dualismos, arrastra su propia reducción: el monismo, la idea de que todo es una sola cosa homogénea, es apenas el dualismo volteado. La mirada que queda después de derrumbar a descartes y a su "dios" no es la de un único fondo neutro sobre el que todo se derrama, también está una mirada animista: hay innumerables sustratos y en cada uno de ellos puede habitar ánima. Cada fenómeno, entidad, momento, cosa, no-cosa, puede ser animada, tener ánima, agencia: el rayo que parte el árbol, las micropiedras que escriben microrunas, el servo del centro de datos, el hongo que descompone, el río que se defiende de la presa, el hechizo que sigue sostenido por su propio ciclo energético después de que su mago murió. La agencia, como establecimos, es la dinámica del sistema expresándose a través de sí mismo; y si eso es cierto, entonces agencia hay por todas partes, en cada estructura disipativa que mantiene su orden contra el gradiente, en cada patrón que fluye y retroactúa. El animismo, que la ilustración descartó como superstición primitiva, resulta ser la hipótesis más honesta disponible: no una creencia en fantasmas del éter, sino el reconocimiento de que la capacidad de actuar, afectar y ser afectada está distribuida por todo el cosmos, en densidades y escalas distintas, sin que ninguna —ni la humana, ni la divina— tenga el monopolio.

La diferencia entre "una roca", "un organismo consciente", "un centro de datos", "un hechizo poderoso", "un dragón", "un monstruo" es de densidad organizacional y complejidad termodinámica, no de categoría ontológica. En el animismo cualquiera de estos recibe y emana la misma fuerza vital. Es Magia.

La capacidad de organizarse (o encontrarse organizado) contra gradientes de índices entrópicos fluctuantes es el mismo principio estructural manifestándose como la fuerza que impulsa flujo electrónico a través de cable de cobre, impulsa el patrón de flujo de energía a través de un cerebro vivo, impulsa la manipulación de magia a través de un ritual, impulsa la transmisión de datos a través de fibra óptica, impulsa la entrada de un blanco pequeñoburgués a un barrio empobrecido predominantemente negro, una estrella ardiente, una tormenta eléctrica, un organismo consciente, un centro de datos, un hechizo complejo, las ideas que se te ocurren en la ducha; todas varían en escala y complejidad, no en fuerza. Pura magia, si no sabes qué estás mirando. Y si uno sabe qué es lo que está mirando, no quita que sea también pura magia. Como ver ciertos paisajes naturales, o leer a ciertos escritores, o hablar con ciertas personas, o tomar ciertas bebidas, o estornudar.

Conclusión: El Despertar Anímico del Cosmos, Innumerables Sustratos Sin Plano Etéreo

El desmantelamiento de la ilusión de la "Nube" ofrece el colapso del dualismo tecnológico: la falsa creencia ideológica de que existe una frontera operativa entre el dominio digital y la realidad física del planeta.

Reconocer la termodinámica que nos atraviesa es un paso necesario para desmantelar la arquitectura de esclavitud planetaria que opera bajo el disfraz de una innovación inmaterial e ilimitada. No existe ningún plano etéreo donde el crecimiento infinito sea posible. La información tiene peso físico, la comodidad digital emite calor y la libertal dentro de la ilusión de individualidad, exige someterse a una vigilancia algorítmica constante, que a su vez exige un sacrificio ecológico exponencial. Sólo mediante la abolición del mito de la inmaterialidad será posible enfrentar al ecosistema extractivo en sus términos reales, físicos y finitos.

Así como el desmantelamiento de la ilusión del "alma" exige también el colapso de la falsa creencia filosófica de que existe una frontera operativa entre el dominio mental y el dominio corporal.

La magia, dentro de un ecosistema material coherente, no puede operar sin consumir una cuota calórica, biológica y termodinámica estricta, y con magia me refiero tanto a cómputo, como a cognición, como al chisme. La ilusión de que hay un derecho divino otorgado al humano y que el humano tiene acceso ilimitado a eso que está "más allá de la materia"... Meh!

La verdad es simple, aunque sus implicaciones son vastas: no hay dioses. No hay ángeles. No hay nubes etéreas. Hay innumerables sustratos, minerales, celulares, socioculturales, temporales, interactuando bajo restricciones estructurales específicas y en cada uno de ellos, ánima: patrones que fluyen, agencia que se distribuye, fuerzas que se organizan contra el desorden sin escapar jamás de sus cuentas energéticas. El termostato tiene su pequeña agencia, el servidor la suya, el hongo la suya, y uds y yo la nuestra, ninguna por encima de las condiciones que la sostienen. El resto es poesía. Y sí, la poesía tiene sus fans. Y también la poesía es ánima en movimiento.

 

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