Intro: Cuatro de las Consecuencias Estructurales de las Mecánicas del Extractivismo
La evolución del ecosistema de extracción corporativa obedece a un proceso histórico acumulativo que condiciona de manera ineludible la realidad material contemporánea, empujándonos hacia un colapso termodinámico que se alimenta de nuestra propia inercia [09].
Los vampiros tecno-oligarcas han capitalizado (me refiero tanto a que han aprovechado como a que le han dado cabeza) la captura corporativa del Estado (aquel cuerpo territorial que nos contiene y cobija para su formación), captura que ha tomado lugar lentamente desde la Revolución Industrial y que tuvo fuertes momentos de consolidación durante las maquinaciones logísticas de la Guerra Fría, y que ha impuesto un monolito, una manifestación corporativa del dios abrahmánico, que actúa simultáneamente como panóptico y mercado [07]. Es el control del comercio y lo que se comercia. Es como si la moneda fuera Saurón mismo.
Al consolidar este monopolio, la industria higienizó la tecnología mediante el uso de nomenclaturas engañosas que prometen una autonomía fantástica y resultados milagrosos [01], ocultando la violencia termodinámica y el pesado residuo mecánico [03] bajo una seductora pátina estética. Una vez esterilizada, la plataforma se hizo irresistible mediante la promesa de una conveniencia hiper-sistematizada, diseñada para suprimir el uso y la fricción orgánica y disfrazar la explotación laboral a escala industrial [05], mercantilizando incluso nuestras necesidades afectivas a través de simulacros de intimidad [02].
El crecimiento descontrolado de esta infraestructura genera una mutación perpetua del sistema, donde una cúpula de dirigentes asume falsamente gobernar un algoritmo que, en la práctica, obedece a una axiomática acéfala (es decir, sin cerebro, sin cabeza, sin capital) de supervivencia y consumo desmedido, generando cantidades de basura sintética que empiezan a remplazar la producción original [06]. El fenómeno que experimentamos trasciende el desarrollo de software y la infraestructura de servidores; constituye una propiedad estructural de la evolución institucional y de la fabricación de herramientas, estrategias y tecnologías en cualquier dominio humano, es cómo hacemos sentido de la realidad que percibimos y hace parte fundamental de su funcionamiento la marginalización de quienes procesan el mundo desde otras arquitecturas que terminan siendo las que, al incorporarse al canon, producen cohesión entre realidades [04]. Cuando los medios de producción se externalizan, la herramienta asume el control del propósito original, cristalizando en consecuencias formales devastadoras que operan tanto en la computación en la nube como en los circuitos mediáticos, culturales y burocráticos.
Exploremos cuatro consecuencias formales de el funcionamiento de este conjunto de modelos de habitar y experimentar el mundo que para funcionar, deben extraerlo y destruirlo, identificando los mecanismos mediante los cuales el sistema deforma la intención creadora y vital; y cartografiando la maquinaria extractivista, analizando cómo el sistema erradica cuerpos orgánicos en dinamismo natural para optimizar su consumo y cómo, eventualmente, el peso de su propia complejidad deforma su arquitectura hasta hacerla irreconocible, inestabilizando las fronteras no sólo de lo que consideramos estrictamente humano sino de lo que, desde ese lugar podríamos enunciar y con lo cuál interactuar [08]. Estas dinámicas consolidan la conversión del usuario, del creador y del ciudadano en meros combustibles y plásticos digitales para el sostenimiento de la infraestructura [10].
1. Atrapamiento del Medio (Medium Entrapment)
El Atrapamiento del Medio ocurre mediante un mecanismo de extralimitación ontológica, de usurpación estructural: la herramienta asume el control absoluto sobre la visión del creador, dictando soberanamente las condiciones y los límites de lo que tiene permitido existir.
Esta usurpación es la exigencia deliberada de una arquitectura de dominación [10]. El aparato define el resultado porque las infraestructuras corporativas y estatales fusionadas necesitan que la experiencia humana sea ordenada, predecible, legible y, sobre todo, extraíble [07]. Para vigilar, controlar, castigar y manipular a las poblaciones, la maquinaria extractivista requiere estandarizar la vida en formatos que sus algoritmos puedan procesar y monetizar. Se trata de una militarización de la experiencia cotidiana operando bajo la fachada de la conveniencia [10]: la institución atrapa el medio para asegurarse de que ninguna idea, obra o relación pueda existir sin rendir tributo en forma de datos. La tecnología se despliega así como un panóptico que reduce la agencia humana a la de un componente pasivo, un simple sensor en la red que debe obedecer las dinámicas de sumisión intrínsecas a su diseño corporativo [05, 10].
El aparato define el resultado, subordinando las manifestaciones naturales (químicas, físicas, esotéricas, emocionales, artísticas, etc) a las capacidades predeterminadas de su propia arquitectura, subordinando la existencia a nomenclaturas comerciales que imponen linderos estrictos sobre lo que consideramos inteligencia, utilidad u otras manifestaciones de la existencia [01]. El medio fagocita al mensaje, convirtiendo cualquier intento de expresión en un simple ejercicio de rellenar los moldes que la plataforma corporativa ha dispuesto, forzando a los aprticipantes a aplanar y homogeneizar su experiencia y procesamiento del mundo para encajar en la normatividad impuesta [04].
En el entorno digital y tecnológico, esta consecuencia se manifiesta en la instauración de un monopolio indexado de vigilancia [07]. La supervivencia política, financiera y social exige la participación obligatoria dentro del espacio comercial administrado por las grandes corporaciones. El abandono de estas plataformas o la negativa a integrarse en sus bases de datos equivale a una muerte civil contemporánea. Los ecosistemas cerrados penalizan técnica y socialmente cualquier intento de operar en los márgenes, anulando el derecho a la opacidad [09].
Los desarrolladores de software experimentan este atrapamiento cuando deciden las características de un producto basándose estrictamente en las librerías predeterminadas de un framework comercial, limitando la innovación a las funciones que el ecosistema corporativo permite compilar con facilidad. El usuario queda confinado, obligado a moldear su identidad, sus relaciones y sus comunicaciones para que encajen en las métricas de visibilidad algorítmica.
Esta dinámica de atrapamiento posee paralelos profundos en la industria cultural y circuitos comerciales y académicos del arte. En el cine de superproducción de Hollywood (y sus franquicias alrededor del mundo), la estructura narrativa, la edición digital y el ritmo de montaje quedan dictados por completo por las limitaciones de los moldeados prestablecidos de efectos visuales (VFX) que han sido aprobados por las métricas de proyección de prueba. La película existe para satisfacer la logística del renderizado informático y las expectativas algorítmicas de la audiencia, vaciando de contenido el relato cinematográfico original y convirtiendo la obra en un volumen masivo de generación de ruido estético (slop), optimizado únicamente para engrosar el caudal del consumo [06]. El fogueo donde se encontraban las disciplinas de gestión comercial, administrativa, creativa, estética, etc, se ve reducido a memorandums y notas de inversores que están pendientes de métricas abstractas y en las que la realidad se diluye, de la idea al formato, del formato al libreto, del libreto al pitch, del pitch a las devoluciones, de las devoluciones a la producción, de la producción de vuelta al pitch, a los grupos de pruebas y mercadeo, de vuelta a producción, y por último destilados de destilados de ideas llegan a plataformas de streaming, donde los indicadores abstractos de qué funciona y qué no, siguen siendo cifras misteriosas. Y puesto que nadie más que los inversores las entienden, sólo ellos pueden monetizarlas apropiadamente y al resto de los participantes explotados en la cadena de producción, son todos testigos participantes de un sistema de degeneración de realidad y sentido. (incluída la audiencia)
De igual manera, en los circuitos del arte contemporáneo y la burocracia académica, el formato de la galería, el formato de museo, las exigencias del mercado o el formulario de la subvención institucional dictan la obra. El artista diseña su pieza para cumplir con los requisitos del portafolio digital o de la máscara que un estadio nación a puesto como sus corrientes ideológicas, que como villanos de scooby doo, siempre que se desenmascaran son ancianos blancos codiciosos, asegurando su existencia y legibilidad ante los comités de evaluación y simulando una reciprocidad transaccional y prediseñada [02]. El purismo técnico y la adherencia al formato ahogan la pulsión vital del arte, reduciendo al creador a un técnico que optimiza su obra (en realidad su producto y su discurso “social”) para encajar en el contenedor preaprobado por el monopolio cultural, obligándonos a redefinir constantemente las fronteras de nuestra participación y humanidad frente al sistema, no como parte de una evolución de la que hacemos parte, sino como parte de evitar escombros que caen de un sistema que está en constante colapso [08]. La herramienta administrativa, tal vez en algún momento diseñada para ser un soporte del fomento de la creación, termina operando como un filtro castrador que solo permite la existencia de aquello que el propio sistema puede medir, catalogar y monetizar, perpetuando una producción masiva de formas vacías, o plástico digital, que saturan el ecosistema sin ofrecer ninguna superficie de transmisión de sentido [10].
2. Alienación Tecnológica (Technological Alienation)
La Alienación Tecnológica opera a través de un mecanismo de desapego humano profundo, convirtiendo a los creadores, trabajadores, usuarios, pacientes y ciudadanos en operadores o curadores pasivos, en conserjes, de sistemas automatizados. El individuo queda despojado de un vínculo orgánico, material y comprensivo con la materia misma de su trabajo y su existencia. La automatización asume la carga cognitiva y física, (y el descanso cognitivo y físico también) desplazando al humano hacia un rol de mero espectador que aprueba o rechaza, pero que a la fuerza, interactúa, los resultados generados por la caja negra corporativa [01].
Esta alienación es causada directamente por la necesidad del sistema de esconder su propio desgaste físico y la violencia de su extracción planetaria, vendiendo la ilusión de inmaterialidad para asegurar un consumo ininterrumpido [10]. El sistema separa la interfaz limpia y jugable (una "pátina digital" limpia, etérea y minimalista) que envuelve y oculta la caldera termodinámica que requiere para funcionar. Esta ilusión de inmaterialidad oculta deliberadamente la quema masiva de combustibles fósiles, la minería extractivista de litio, cobalto y neodimio, el agotamiento de acuíferos para refrigeración y la inmensa generación de calor del cuál el cómputo es residual, detrás de interfaces lúdicas y amigables [03, 10]. Al aislar al usuario del costo real de su consumo, la infraestructura ahonda en dualidades que llevan al usuario a percibir la "nube" como una entidad mágica, carente de peso y consecuencias, cuando en realidad constituye una red pesada que deposita su desorden geológico sobre geografías periféricas vulnerables [09].
Como consecuencia, en la ingeniería de software y la producción técnica, esta alienación transforma al desarrollador y a todos los creadores de aspectos tecnológicos digitales, incluyendo una vez más artesanos, artistas y dependientes de este tejido: Estos usuarios pierden su rol de constructores de lógicas profundas y de gestores de dinámicas de avance conceptual. Históricamente, los grandes hallazgos científicos, técnicos y tecnológicos se han dado como brotes del fogueo en la búsqueda de resultados que no siempre son discretos, ni estrictos ni inmediatamente monetizables; el valor real de resolver un problema no reside simplemente en obtener una respuesta afirmativa o negativa, sino en la nueva arquitectura de pensamiento y en las ramas de conocimiento que se desarrollan al intentar descifrarlo [11]. Al delegar el proceso a una máquina hermética corporativa, pareciera que se obtiene un resultado instantáneo, una dinámica equivalente a materializar de la nada una torta, simplemente para tener en mi lista de logros que puedo tener tortas cuando las desée, pero me pierdo todo el desarrollo de los materiales, las transformaciones, los tiempos, las posibles derivaciones e iteraciones que se logran en el proceso de hacer una torta. Al hacer una torta sé cómo funciona la crema, cómo esponjarla, cómo hacerla en capas, cómo adornarla, y puedo cambiar cada uno de estos procesos y extrapolar e imaginarlos mezclados con otros proceso. Todo lo que puedo obtener de hacer una torta. O peór aún, el “reverse engineer” una torta, es decir, usar herramientas para descomponer el código de cualquier cosa con la intención de replicarla, entonces, poder descomponer químicamente la torta, y saber que son en útimas los mismos químicos pero en estados muy diferentes a lo que eran antes de ser torta, y creer que conocer esos químicos es equivalente a saber cómo hacer una torta, y luego en qué momentos servir una torta, y que además, sabría cómo vender torta. [11].
Así, las ciencias y las artes son despojadas de su capacidad evolutiva; los creadores se convierten más bien en evaluadores de sentencias (prompts) y curadores de resultados superficiales. El sistema de desplazamiento de la capacidad productiva de operadores, obreros y creadores, a sus administradores y jefes directos, quienes carecen de conocimiento técnico y conceptual, alimenta generadores de código automatizados y revisa soluciones que nadie comprende en su totalidad estructural [01]. La maestría técnica, que antes implicaba un conocimiento material de la máquina, la lógica y la experiencia vivida, es reemplazada por la capacidad transaccional de adivinar las preferencias y alucinaciones probabilísticas del modelo de lenguaje corporativo [06]. A largo plazo, esta alienación aniquila la motivación biológica del ecosistema de investigación y aprendizaje, dejándonos en una situación sumamente precaria: acumulamos un volumen masivo de respuestas y conocimiento sintético, pero encogemos drásticamente la comunidad de humanos capaces de comprenderlo, auditarlo, o cuestionar las suposiciones fundamentales de la máquina cuando el modelo inevitablemente falle [11]. Significados sin lo que significan. Cuerpos sin órganos. Zombies que nunca estuvieron vivos, como si los zombies pudieran reproducirse sin morder a otraos vivos, simplemente el brazo que se le cae al uno, gestara que de el brazo mismo, saliera otro, y el que perdió el brazo, también lo produjera de nuevo para volverlo a perder. Esto es por supuesto, parte del engaño. La materia, así sea no-muerta (undead) no produce materia así como así.
Los circuitos mediáticos y artesanales exhiben esta misma fractura y enmascaramiento. En la producción musical y artística masificada, la alienación se manifiesta en la creación algorítmica o la producción fundamentada en el sampleo prefabricado de bucles y texturas, históricamente la generación de texturas, beats, timbres, sonidos, melodías, harmonías, etc, exigen un profundo fogueo auditivo, exploración y excavación física, para los que crean música más tradicional es foguearse con el público consumidor de estas músicas y con referentes de su instrumento o de su exploración harmónica, para los que crean loops y samples, es crate digging (ir a mercados a buscar vinilos y escucharlos y estudiarlos) es familiarizarce con herramientas digitales de creación de sonidos, en cualquier caso para el hacedor musical, dominio empírico de ritmos (BPM) y timbres, y la construcción de un vasto marco referencial que conecta poéticamente piezas, generaciones y latitudes, es el quehacer, el vivir, las piezas musicales resultado son snapshots de los caminos recorridos por grupos de personas navegando estas experiencias, no es la automatización sintética de los resultados de estos procesos.
De el operador actual no se espera que busque, estudie, ni ensamble con intención y contexto; simplemente que ingrese una instrucción (prompt) o arrastre bucles pregenerados por la oferta corporativa curada por métricas de mercadotecnia dirigidas tanto a manipular como a complacer. El creador queda separado del oficio vital, de la inmersión cultural y de la experiencia material de su medio, interactuando únicamente con representaciones gráficas estandarizadas en una pantalla iluminada.
Este se los digo en el oficio musical, pero en las artes visuales, mediáticas, comunicativas para semejante.
Este desapego erradica la fricción formativa del arte y el proceso de aprendizaje biológico. El proceso creativo se reduce a una selección apresurada dentro de un menú de opciones comerciales [06]. La tecnología, comercializada agresivamente como una extensión liberadora de la capacidad humana, termina amputando el sentir, experimentar, procesar y entender al mundo y a sus manifestaciones. Deja a los individuos flotando en una simulación de productividad algorítmica, rindiendo obediencia a una herramienta que los sustituye, mientras la infraestructura subyacente que nadie ve y nadie pidió, calcina el sustrato físico del planeta [10].
3. Hipersistematización (Hyper-Systematization)
La Hipersistematización opera a través de un mecanismo de eficiencia implacable de la herramienta: los flujos de trabajo se vuelven tan carentes de fricción biológica y social que la velocidad de ejecución y generación supera ampliamente la capacidad de crítica, asimilación y propósito del ser humano. La causa fundamental de esta sistematización es la urgencia corporativa por acelerar el ciclo de extracción y retención [06]; la promesa central del ecosistema radica en ofrecer una automatización mágica e impecable, diseñando interfaces que eliminan el esfuerzo orgánico y el tiempo de espera, transformando la interacción en un bucle continuo de gratificación inmediata y consumo ciego.
En la economía digital contemporánea, esta sistematización extrema requiere un combustible humano masivo para sostener su fachada de inmaterialidad. Las plataformas de intimidad mercantilizada, ejemplificadas por el modelo de negocio de OnlyFans, ilustran esta dinámica con una precisión perturbadora [07]. La plataforma promete una conexión directa y desinhibida, pero la realidad operativa expone un embudo de ventas (sales pipeline) de altísima precisión sostenido por agencias de gestión y ejércitos de chatters humanos (los que posan como la personalidad por la que los fans se unen a la plataforma) infra-remunerados [03, 07]. Estos trabajadores operan en turnos ininterrumpidos de veinticuatro horas, perfilando psicológicamente a los usuarios, gestionando respuestas guionizadas y extrayendo capital financiero mediante la simulación y manipulación de afecto y vulnerabilidad; una ansiedad de separación programada y convertida en métrica comercial [02, 07]. La tecnología digital facilita el andamiaje, pero el motor real es la hiper-explotación del capital emocional y la labor humana de los países periféricos [03]. El usuario-consumidor, atrapado en su deseo de conveniencia solipsista, se convierte en el eslabón final de una cadena que explota a otros trabajadores para satisfacer su necesidad de interacción sin fricción [07].
El ecosistema del desarrollo de software refleja esta misma inercia destructiva: Las tuberías de integración y despliegue continuo (CI/CD) generan pruebas, ensamblan código y publican características a una escala masiva, omitiendo la supervisión estratégica y la evaluación profunda de la arquitectura. El código se produce para satisfacer las métricas de velocidad del sprint de desarrollo (ciclos de micro manejo con resultados discretos), acumulando una deuda técnica monumental. Esta optimización ciega resulta en el System Waste (desperdicio del sistema), una métrica de ineficiencia donde la producción desenfrenada de tokens y bloques de datos genéricos reemplaza la utilidad real [06]. Las respuestas alucinadas y el volumen masivo de basura digital (slop) inundan los canales, demostrando que para el modelo corporativo, mantener al usuario enganchado corrigiendo errores y consumiendo ciclos de procesamiento resulta mucho más rentable que ofrecer respuestas precisas y definitivas [01, 06].
Esta dinámica transciende lo digital y contamina profundamente la industria cultural, la estética y la burocracia del arte. Los generadores de imágenes algorítmicos y las herramientas de musicalización sintética producen resultados técnicamente impecables en fracciones de segundo. La características o parámetros de estos resultados, estéticos, técnicos, etc, son permeados por las curadurías y expectativas de la máquina extractiva. Por ejemplo, cuando nos pasamos filtros por nuestras fotos, el resultado es un aplanamiento de nuestra configuración humana para dar un resultado sexy, limpio, lindo, kawaii, deseable, así como obedece a los patrones de manipulación que se han venido sedimentando a través de la historia, el slop no se inventó con estos filtros digitales, sucede que estos filtros digitales, que son un producto residual de máquinas que calientan el planeta, son la forma más atractiva para el usuario incurrir en ellos sin pensar en el deño que se hace y le hace al planeta. La herramienta, fácil, didáctica, divertida, incluyente (en el sentido que me incluye en los modos en los que mi sociedad está incluyendo y tomando en cuenta y escuchando a sus participantes) elimina el proceso de forja, el error, el sudor y el tiempo de maduración; al hacerlo, disuelve la intención artística vital en puro ruido estético. La obra pierde su capacidad de interpelar y se convierte en un producto de consumo rápido optimizado para la economía de la atención, donde el volumen aplasta a la sustancia [06, 10]. Y podemos considerar que no sólo se pregunta por medio de prompts a esclavos digitales por filtros para fotos. Sino por sujetos de investigación, por objetos de investigación, por conceptos sobre los cuales pintar, o por novelas a las cuales “autorar” pero no necesariamente escribir. Todas cubiertas con la misma pátina y todas en el fondo con el mismo sustrato derretidor de nuestra posibilidad de vivir en el planeta.
Entonces en la academia y en los circuitos comerciales del arte, la Hipersistematización se manifiesta como un desplazamiento de objetivos (Goal Displacement) o inercia burocrática. Las instituciones culturales establecen redes de contactos (networking), formularios de subvención y métricas de impacto para facilitar la creación. Eventualmente, el cumplimiento de estos requisitos administrativos se convierte en la actividad principal, asfixiando la misión creadora original. Los músicos contemporáneos componen sus canciones estructurando coros antes de los treinta segundos para evitar la penalización de los algoritmos de las plataformas de streaming, rindiendo su arte a la optimización matemática impuesta por la infraestructura de distribución. La sistematización transforma el arte en un mecanismo de validación algorítmica, y a los creadores en componentes esclavizados serviles y dóciles (bots) que alimentan la red sin cuestionar los límites de su propia agencia [05, 08].
4. Deriva Arquitectónica (Architectural Drift)
La Deriva Arquitectónica surge como consecuencia de la complejidad inmanejable del sistema extractivo. Resulta de la exigencia de crecimiento perpetuo que impone el capitalismo corporativo: la herramienta no puede simplemente funcionar, debe expandirse constantemente para acaparar nuevas fuentes de datos, atención y capital [06]. Bajo esta consigna, el peso acumulado de las intenciones no resueltas, los parches estructurales, las deudas de diseño y los modelos mentales perdidos deforma irreparablemente la arquitectura original. La infraestructura tecnológica y social crece de forma desproporcionada, distorsionandose y deformándose lejos de sus posibilidades funcionales y de sus posibles alcances, para convertirse en un monstruo autónomo que exige alimentación constante [06].
En el entorno web y la ecología digital, esta deriva se manifiesta cuando las plataformas entran en una aceleración perpetua para maximizar la captura de datos y la retención de la atención (la noopolítica contemporánea) [06, 07]. La transición de la optimización para motores de búsqueda (SEO) hacia la optimización de motores generativos (GEO) evidencia esta deriva: la web abierta, diseñada originalmente para el intercambio de conocimiento descentralizado, ha sido secuestrada por agentes algorítmicos que regurgitan información canibalizada y diluída, cada regurgitación diluyendo el uso, el alcance y la profundidad [02]. Este modelo erradica la visita a las fuentes originales, destruyendo el tejido comercial y creativo de los pequeños productores que fueron y siguen siendo, de los que la máquina extractivista se alimenta.
Esta infraestructura corporativa heredada ejecuta millones de líneas de código donde ningún humano comprende, y creo que ni siquiera dimensiona, la arquitectura completa, la idea completa, el diseño coon sus diferentes aristas, alcances, dimensiones, intenciones, consumos y usos. La plataforma crece impulsada por una axiomática desbocada de supervivencia y consumo (el tokenmaxxing), obligando a las impotentes gerencias a tomar decisiones basadas finalmente en mantener la máquina encendida, ignorando todas las ramificaciones, que incluyen el colapso termodinámico que su funcionamiento perpetuo inflige sobre el planeta a través de la quema de energía y la generación de calor residual [06, 10].
Esta deriva posee precedentes exactos en la historia de la estética, el arte y la evolución institucional, evidenciando que el fenómeno no es exclusivo del software. En la música clásica de tradición europea imperial, las reglas de notación, la armonía funcional y el contrapunto se desarrollaron inicialmente como herramientas para registrar y expandir las capacidades expresivas. Con el tiempo, la maestría del aparato desarrolló una rigidez estructural extrema. En etapas como el serialismo integral del siglo XX, la composición terminó existiendo casi exclusivamente para servir a la cuadrícula matemática, subordinando el propósito expresivo a la demostración técnica del sistema. La regla devoró a la melodía. De forma análoga, la pintura académica al óleo del siglo XIX desarrolló técnicas hiper-específicas de barnizado, perspectiva y proporciones anatómicas. La institucionalización de estas normas en los salones de arte obligó a los creadores a pintar para satisfacer las capacidades técnicas del medio, produciendo un virtuosismo vacío que requirió rupturas radicales (como el impresionismo) para devolver la experiencia óptica viva al lienzo.
Eventualmente las formas creadas para liberarse de los esquemas de hiperproductividad, atrapamiento del medio y alienaciones tecnológicas (el impresionismo, el blues, el hip-hop, el punk, el jungle, el house, el videoarte, el vaporwave, el ambient, la fotografía experimental, el videoensayo abstracto, cualquier forma de poesía, etc) son igualmente capturadas y en cuestion de lapsos cada vez más rápidos (primero siglos, luego décadas, ahora semanas) son convertidas en slop corporativo, o en producciones derivativas por los mismo usuarios entusiastas que no pueden escapar a esta captura, disección, disipación, domesticación, mercantilización y militarización del quehacer.
En el ámbito sociopolítico, las instituciones estatales y los aparatos de seguridad ciudadana experimentan estas mismas distorsiones [07]. Tecnologías desplegadas bajo la falsa promesa del cuidado y la seguridad cívica, como las redes de cámaras de vigilancia urbana (ej. el sistema Flock Safety, entre otros), expanden orgánicamente su arquitectura para rastrear movimientos masivos sin consentimiento convirtiendo el espacio público en un teatro de operaciones gestionado por algoritmos predictivos y automatizaciones de propiedad estatal [07]. En este proceso, el estado pierde su función mediadora y se convierte en una infraestructura subordinada a los conglomerados empresariales y a los fondos de inversión [07] quienes dictan la operatividad administrativa, gubernamental, legislativa y el diseño urbano para proteger sus propios algoritmos de extracción. La herramienta administrativa, que supuestamente facilitaría la convivencia se convierte en un arma de ocupación del propio territorio, confirmando que la Deriva Arquitectónica es, en última instancia, la colonización militarizada de la vida cotidiana por los instrumentos que el mercado diseñó para extraerle valor [07, 10].
La Des-Máquina: Las Mecánicas de Desmonte
El desmantelamiento de la arquitectura extractivista exige la formulación de herramientas mecánicas capaces de interrumpir el ritmo de los ciclos termodinámicos y culturales que sostienen el Piroceno [10]. Ante las cuatro consecuencias formales que deforman nuestra interacción con la tecnología y la creación, surgen también cuatro conceptos operativos: Desmezclar, Desacoplar, Decrecer y Deshacer (pensados de sus vocablos en inglés: Demix, Decouple, Degrowth y Demake).
No hay correspondencia entre estas 4 consecuencias y estos 4 mecanismos, no es como si cada uno tuviera una cura, más bien, estos conceptos actúan como engranajes de una misma maquinaria de habitar, diseñados para intervenir directamente en las estructuras de poder, escala, temporalidad y coalición. Operan como elementos en glitch, anomalías, piedras en el zapato, azúcar en el tanque y serendipias descontextualizadas que impactan y alteran el funcionamiento del sistema [10].
La nomenclatura de estos objetos de intervención tiene su origen en adopciones y distorsiones autorreferenciales de la propia industria cultural. El Remix, por ejemplo, consiste en tomar una canción existente y re-mezclar sus partes para perpetuar su consumo. La intervención aquí propone el acto inverso: en vez de volver a mezclar, aplicamos el Demix, el acto deliberado de desmezclar y aislar los componentes para exponer su naturaleza.
De igual forma en los videojuegos y cine, los Remakes utilizan tecnología actual para re-hacer una franquicia, asegurando su rentabilidad perpetua (un reboot no es más que remake a nivel franquicia). La contramedida es el Demake: la acción de des-hacer la resolución y la complejidad [06]. El deshacer (Demake) en particular poseen elementos tangenciales con la deconstrucción como se usa en la academia, pero operan desde una materialidad mecánica; constituyen más bien un desarme del aparato, y no una operación estrictamente textual o discursiva orientada a revelar las aporías, inestabilidades semánticas y jerarquías binarias ocultas en un sistema de pensamiento, como propone la deconstrucción derridiana.
El primer paso para accionar este engranaje requiere la ignición de un motor interno. Antes de poder afectar la materialidad de esas máquinas que observamos fijamente, antes de organizar el intercambio energético o de fragmentar las plataformas monopólicas, resulta indispensable abordar la fuerza gravitacional que mantiene a los usuarios, creadores y ciudadanos anclados al sistema: el deseo.
Deseo (Desire): La Paradoja del Desmonte y la Voluntad de la Des-máquina
La maquinaria capitalista e institucional fundamenta su operatividad en la manufactura continua del deseo, y en el reemplazando del (deseo) existente por uno de su propio designio, enconchado en una cáscara comercial y lubricado con una pátina de conveniencia [10]. El sistema hace grandes esfuerzos invertiendo grandes intercambios energéticos para inyectar en la cotidianidad humana una pulsión inagotable por la velocidad algorítmica, la visibilidad hiperconectada y el consumo libre de fricciones. La infraestructura digital, los circuitos del arte mercantilizado y las burocracias académicas se alimentan de esta voluntad de dominio y facilidad, convirtiendo el anhelo individual en el combustible principal que mantiene los servidores encendidos y las cadenas de extracción funcionando.
Para lograr que estos objetivos sintéticos resulten deseables, el aparato somete la realidad física e institucional a una torpeza manufacturada. Podemos trazar un paralelo técnico con el Simple Sabotage Field Manual (Manual de Campo de Sabotaje Simple), un documento desclasificado de la OSS (precursora de la CIA) de 1944, diseñado para enseñar a ciudadanos a entorpecer el funcionamiento de naciones y corporaciones enemigas desde adentro. Sus tácticas instruían multiplicar la burocracia, insistir en hacer todo a través de canales oficiales engorrosos, remitir decisiones a comités inmensos y multiplicar las fricciones administrativas hasta paralizar la operación. [12] Muchas de estas prácticas se siguen usando como tácticas supuestamente conducivas a la producción. Muchos cuerpos organizacionales siguen estos preceptos con el fin de conseguir eficiencia, efectividad y productividad aumentada, cuando en realidad son diseñadas precisamente para prevenirla.
Esta mencionada maquinaria extractivista contemporánea aplica esta misma lógica de sabotaje sobre el mundo académico, físico y civil: entorpece deliberadamente el funcionamiento regular de las instituciones, la burocracia estatal y la vida orgánica, llenándolas de laberintos insoportables. Al experimentar esta ineficiencia crónica y verse incapaz de deshacerse del imperio opresor físico, el ciudadano desarrolla un agotamiento profundo. Es en ese clímax de desesperación donde el sistema le ofrece la "solución": la aplicación móvil, la automatización, la plataforma privada. El sistema sabotea el mundo real para que el ciudadano desee fervorosamente el escape hacia el mundo sintético, optando por querer la aceleración que termina por capturarlo.
Desarticular este ecosistema implica enfrentarse a una paradoja fundamental: el deseo de desmantelar la estructura nace, inevitablemente, del agotamiento mismo del deseo de consumo. El usuario, saturado por el slop digital y la alienación constante, experimenta un hastío profundo frente a la hiperproducción de formas vacías. Sin embargo, la acción de desmantelar requiere energía, voluntad y dirección; requiere un deseo deforme y anómalo. Este nuevo deseo distorsionado es fácilmente capturable por la maquinaria, convirtiendo rutinariamente la resistencia en un nuevo nicho de mercado. La táctica exige entonces la asimilación del "deseo de desmontar el deseo". Constituye una fricción vital autoinfligida, una meta-voluntad orientada a hacer malfuncionar las pulsiones extractivistas instaladas por el mercado ante la imposibilidad inmediata de apagarlas por completo.
Asumir esta paradoja requiere una integración profunda de los conceptos filosóficos que reconocen la totalidad de la experiencia biológica y termodinámica. Basados en la perspectiva del Tianren Heyi (la negociación dinámica entre el flujo del cosmos y el nodo humano) y la Sineídesis Elafrohiloísta, el individuo abarca el rango completo de la existencia material, o por lo menos se intenta suceptible a él [10], conteniendo las contradicciones y albergando los deseos que pasan por él, deformes, asumiendo la responsabilidad de darles la bienvenida y cuidarlos para evitar que sean reemplazados por el diseño corporativo [10].
El ser humano no es sólo un vehículo de la extracción o una "máquina deseante" programada exclusivamente para consumir y acoplarse a sistemas de producción. El humano posee también, quizas a su pesar, quizas no lo haga y sea sólo una fantasía, pero así parece tenerla: la capacidad estructural de operar como una "des-máquina", un ente con la agencia de des-desear, de detener el flujo de consumo y de elegir conscientemente espirales que desciendan a abismos y vacíos, forjando comunión con límites de lo material de lo que es capaz de ser suceptible, y de lo material con lo que no. (así como tenemos un rango de visión y de audición, pero somos capaces de conceder que más allá de nuestros rangos de percepción existen innumerables otros rangos que nos atraviezan, pero de los que no somos partícipes)
Abrazar las condiciónes que nos hacen tanto máquina como des-máquina significa reconocer las diversas manifestaciones de la voluntad material: asumir las soberanías impuestas, consolidar las soberanías locales, procesar los abandonos de soberanía y ejercer las soberanías de abandono. Significa, tal vez, desaprender protocolos de encriptación comerciales, forjar alianzas con desterritorialidades, producir una nueva voluntad activa o ninguna de las anteriores. Este Deseo paradójico exige atravesar un duelo material ineludible: implica asumir pérdidas, arriesgándose a que los potenciales nuevos caminos traigan consigo nuevos abandonos. Implica aceptar pérdidas frontales en las cuatro dimensiones (las tres espaciales y el tiempo). Perder la velocidad, perder la resolución de alta fidelidad, perder la gratificación instantánea y la ilusión de seguridad que la hiperconexión promete. Es el entendimiento de que la soberanía material es sucia, lenta y está plagada de interrupciones. Abrazar este duelo es lo que convierte a este motor interno en el catalizador psicológico y filosófico que permite aplicar las otras mecánicas de desmonte.
Esta voluntad anómala opera rastreando las raíces de nuestra propia domesticación, utilizando las cuatro consecuencias formales del extractivismo como referencias, encaramos los deseos manufacturados que las alimentan, observando cómo, al marchitarse la raíz, el esas consecuencias de su acción sistémica pierde su fuerza.
Encarando Al Deseo Con La Máquina y sus Secuaces
El monopolio mediático y tecnológico fomenta el deseo de relevancia, exigiendo una visibilidad centralizada y una participación obligatoria dentro de la plaza pública corporativa [07]. La plataforma promete fama, resultados de un networking que sólo es posible para quienes ya tienen acceso a conexiones por medio de sus redes de apoyo heredadas, y supervivencia comercial a cambio del sometimiento a sus parámetros de indexación. Es una trampa muy bien diseñada, pensada con el objetivo de que deseemos pertenecer a un medio que ya tiene pertenecientes y dueños. Nuestras necesidades son transparentes para la máquina autoritaria que extrae, entonces los deseos que fomenta le son familiares, y los hermetismos que presenta son suyos, son claros y están hechos con las mismas arquitecturas que hacen que los esclavos quieran ser propietarios de tierra, cuando la terrateniencia sólo era una manifestación del poder subyacente, no era el poder mismo.
Esta captura del deseo no se detiene en la visibilidad; la maquinaria capitaliza también (o lo “instala” si no lo tenemos ya) un deseo humano profundo por la limpieza, lo sublime, lo permanente, y la trascendencia. Nos inyecta el deseo de habitar una interfaz etérea y mágica, diseñada para ignorar la brutalidad termodinámica, la minería devastadora y el costo ecológico de la tecnología en la era del Piroceno [10]. Deseamos no ver la suciedad. El sistema nos vende la ilusión de un consumo infinito e inmaterial, alejando al usuario de las consecuencias de sus acciones y del peso de su propia existencia. A esta ilusión inmaterial se suma el deseo inyectado por la automatización impecable, el solipsismo productivo y la eliminación absoluta de la fricción biológica. Deseamos la conveniencia de cosas que se hacen solas, un deseo de no tener que lidiar con la imprevisibilidad del otro, y que barre bajo la alfombra el costo de esas cosas haciéndose solas [06]. El sistema promete resultados instantáneos, disfrazando la hiper-explotación de trabajadores precarizados que operan en las sombras para mantener la fachada de eficiencia (el trabajo de los chatters o los moderadores de contenido) [03, 07].
Finalmente, el entorno digital y burocrático amarra este andamiaje fomentando el deseo de crecimiento hiperbólico, captura total, actualización perpetua y optimización explosiva [06]. De eso tan bueno, que parece que ebulle, seguro sí deben dar tanto. Deseamos la expansión porque el sistema nos convence, como usuarios y desarrolladores, de que cada herramienta debe evolucionar constantemente para engullir nuevos datos y expandir su dominio sobre la vida cotidiana [02]. Se nos enseña a desear la mutación perpetua, equiparando la quietud con la obsolescencia.
Al entender estas pulsiones como las raíces de nuestra domesticación, una la des-máquina (que des-desea eso) operaría invirtiendo el flujo desplegando, o asimilando un deseo anómalo que hace colapsar la trampa por inanición. En ese sentído, tal vez no “invertiríamos el flujo” simplemente, daríamos lugar a que el flujo mismo fuera desordenado, caótico. Tal vez ya existe un flujo del que nos alejamos alguna vez.
Frente a la trampa de la relevancia, se hace pertinente cultivar un deseo por opacidades, no sólo en el hermetismo de las propiedades intelectuales (IP) de las máquinas mercantiles corporativas, sino unas opacidades dinámicas que cobijen, oculten y cubran las intenciones y pasiones de los ciudadanos; cultivar un deseo por la periferia y la marginalidad creativa [09]. El individuo se inclina por asumir activamente el estado de ser algorítmicamente ilegible, extirpando la pulsión de validación dentro de los mercados de atención. Se desea la sombra y el umbral [04, 09]. Al desear operar fuera del escrutinio de las métricas comerciales y las aprobaciones burocráticas, los creadores tantean soberanías intermitentes sobre su propia obra, aceptando la invisibilidad corporativa como una táctica deliberada de preservación de la agencia material [10]. Por ejemplo, en lugar de exponerse en todos los filtros y tendencias en redes sociales, en vez de compartir intimidades con los chatbots, hace búsquedas por pruebas de embarazo, sube imágenes falsas, dice mentiras a los chatbots, se maquilla para distraer a las cámaras de reconocimiento, viaja en transporte público desactualizado que no vigila el desplazamiento, llena formularios con información dispareja y tiene una vida digital desorganizada, deja cabos sueltos.
Contra la alienación inmaterial, el deseo anómalo se manifiesta como la cultivación de una espiritualidad inseparable de lo matérico. Es importante que seamos críticos de las relaciones que tenemos con monstruos y dioses y qué monstruos y dioses son. La "Nube", como abstracción tecnológica, opera bajo la misma arquitectura de desapego territorial que los dogmas coloniales. ¿Son importados? ¿Son compartidos con esclavistas y mineros explotadores? ¿Con líderes estatales? ¿Habitan algún lugar? ¿Es un edificio lleno de lujos, construido reemplazando, erradicando a culturas? Por ejemplo, ¿es posible ser soberano de nuestro propio cuerpo (y alma, si se quiere) si seguimos los preceptos importados, impuestos, del dios abrahámico, un dios que ha sido capturado y esclavizado por el occidente europeo para someter al resto del mundo con su zombie, exigiéndonos fe en un más allá inmaterial mientras sus representantes extraen la riqueza terrenal y violan niños y precarizan las naciones que habitan y se afilian con opresores? Reconociendo este paralelismo extractivo, el individuo asume un rol de "carroñero esotérico", deseando reconocer, tocar y habitar el límite biológico y físico de sus herramientas, y de sus creencias [03]. Se reconcilia con la conciencia del calor, del frío, del viento, de la lluvia, de los animales de alcantarilla, del residuo, del ventilador ruidoso de un servidor usado y de la batería de litio que envejece, adoptando tecnologías obsoletas, (digitales o no, orgánicas o no, análogas o no) [10]. Este deseo de cohabitación con las realidades termodinámicas interrumpe el desapego, forzando al participante a experimentar físicamente el impacto planetario de la herramienta, buscando reconectar la cognición humana con las realidades geológicas y minerales que la sostienen, aceptando que somos parte de ese mismo sustrato que se calcina [08, 10].
Una de las formas de la des-máquina de pretender desactivar la pulsión por la automatización es cultivando una complicidad con el esfuerzo orgánico, la lentitud artesanal y la asimilación del error. Se desea activamente el desorden de la interacción social compleja y la laboriosidad del aprendizaje técnico. Al abrazar la lentitud y el esfuerzo, se busca disminuir la necesidad de delegar la cognición y la vida misma a la infraestructura extractivista, escapando de las dinámicas de sumisión intrínsecas en la arquitectura corporativa [05]. Este deseo por la fricción, la complejidad, la constelación, el vínculo que compromete y la red densa, interrumpe la inercia matemática que obliga a sistematizar la explotación ajena. Al renunciar a la resolución automatizada, el individuo asume un duelo material: perder la hipervelocidad sintética significa descubrirse vulnerable e incompleto. Esa torpeza autoinfligida, que es simplemente la re-incorporación de maneras latentes, que no desplacen a las potenciales, destruye el espejismo del usuario independiente y fuerza la consideración de la interdependencia como una interoperabilidad de procesos fértiles, irreductibles, indomables, y no de resultados replicables. No es sólo un nodo aislado consumiendo soluciones mágicas [07], sino también un cuerpo que necesita ineludiblemente la labor visible de otros cuerpos para operar y que sabe comprometer y ofrecer su labor para que otros cuerpos operen. Se invita así a devolver el control del ritmo vital a las capacidades biológicas reales, colectivas y finitas de los individuos [01, 11].
Para contrarrestar la expansión perpetua, ensayar los principios del wu-wei (la acción que sigue el flujo natural sin forzar) y el Pu (el estado del bloque de madera sin tallar, la potencialidad pura) son una forma de dar a la estructura amplitud para tambalear, y todavía verse enmarcada en propósitos discretos que operan para el efecto de los pertenecientes al sistema. En vez de desear crecimiento absoluto independiente de los recursos y procesos necesarios para que este crecimiento ocurra (que es, por cierto, la forma como opera un cáncer) qué tal, como ocurre en la biología, o aparentemente así es, desear la inoperancia bajo el escrutinio algorítmico, la quietud y la inacción estratégica. Se anhela la estabilidad de las herramientas de propósito único frente a la distorsión que imponen los ecosistemas corporativos, que es la oferta de herramientas que empiecen a poder hacerlo todo, todo el tiempo. No. Herramientas que sólo hagan una cosa. Algunas veces. Así como el suelo da ciertos frutos en ciertas épocas, pero no da todos los frutos todo el tiemp. Así como los volcanes destruyen algunos pueblos, algunas veces, pero no destruyen todos los pueblos todo el tiempo. Al desear el estancamiento de características (features) y abrazar el límite (márgenes, no los límites funcionales u operativos, sino esas franjas donde lo que es se deshilacha un poco) del sistema, el participante le niega a la arquitectura el combustible de expansión necesario para continuar su deriva hacia la vigilancia totalizadora [07, 10]. ¿O qué tal no sólo desear el decrecimiento, sino dejar de desear el crecimiento? ¿Cuál sería esa diferencia, entre desear el decrecimiento y no desear el crecimiento? ¿Qué estaría en el limite de esas dos ideas?
Una vez establecido el motor paradójico del Deseo: esa voluntad de esta des-máquina por recuperar la fricción y abrazar los límites termodinámicos, la intervención pasa del ámbito cognitivo a la ingeniería estructural. La resistencia requiere métodos precisos para desmontar infraestructuras que han sido fusionadas a la fuerza y para separar valores existenciales que el mercado ha mercantilizado y seguir viviendo en el intento. El desmantelamiento exige confrontar la cruda materialidad del hardware y las fronteras de la termodinámica. El sistema corporativo se sostiene sobre la promesa infinita de crecimiento y sofisticación técnica, ignorando los límites planetarios. Para este desmonte se emplean las herramientas conceptuales del Desmezclar (Demix: fragmentación escalar), el Desacople (Decouple: desacoplamiento relacional y material), el Decrecimiento (Degrowth: la gestión de la entropía y el decrecimiento) y el Deshacer (Demake: la degradación deliberada de la complejidad), consolidando una arquitectura tecnológica y vital que asume su propia finitud. Esos son los mecanismos que vamos a desmenuzar a continuación:
1. Demix: La Fragmentación del Monolito
El Demix opera mediante la separación y la reconfiguración de los componentes de la infraestructura, de las bases de datos y la organización social que el ecosistema corporativo o institucional ha consolidado bajo un mando unificado. La escala masiva, el monopolio y la centralización hegemónica son los vectores principales de una vulnerabilidad técnica y vital. El Demix es un intento de desensamblar la trampa del monolito sin proponer la construcción de un "nuevo centro" burocrático que lo reemplace, optando en su lugar por arquitecturas distribuidas, modulares, descentralizadas, celulares, atómicas, soberanías locales y coaliciones anómalas.
Demix frente a las causas del Atrapamiento del Medio
El medio dominante exige una plaza pública hiperconcentrada, vendiendo la premisa de que para existir, cada interacción y obra (sea código de software, arte o discurso político) debe quedar indexada en un único servidor comercial, fácilmente rastreable, curada por una moral unificada y monetizable. Están las categorias y géneros de literatura, música y cine, diseñadas explícitamente para comercializar mejor. Están las taxonomías animales, están las categorías del arte, no sólo que separan la literatura, el teatro, la fotografía, artes contemporáneas, etc, sino dentro de cada una de esas categorías, por ejemplo la literatura, está lo poético, lo narrativo, lo experimental, y así dentro del cine etc, esas designaciones reciben más atención que las apuestas mismas.
Con la aplicación del Demix se abandona la necesidad de un consenso masivo, se busca fragmentar este espacio de participación, destruyendo el espejismo de la tribuna unificada.
En lo técnico, esto implica la adopción de canales asíncronos y encriptados descentralizados (como ecosistemas fediverse, Matrix o protocolos XMPP autohospedados) y la proliferación de mesas de interlocución territorial físicas y limitadas. En la distribución de medios culturales, significa abandonar las plataformas hegemónicas a favor de circuitos de exhibición periféricos y protocolos de publicación compartimentada. La comunidad se atomiza en células que comparten protocolos de comunicación sin consolidar una identidad masiva, impidiendo que el panóptico central pueda perfilar, capturar o silenciar la totalidad del movimiento. La resistencia quiere ser irreconocible e inclasificable para el algoritmo central. [04, 09].
Demix frente a las causas de la Alienación Tecnológica
La Alienación opera sosteniendo la ficción comercial de una "nube" etérea, ubicua e ininterrumpida. Para mantener la promesa de disponibilidad intantánea, permanente y libre de roces termodinámicos, el sistema agrupa gigavatios de consumo energético y exabytes de procesamiento en megacentros de datos situados en geografías estratégicas, concentrando la devastación ecológica en periferias ocultas.
El Demix fractura esta abstracción aislando deliberadamente las fuentes de energía y la conectividad. La infraestructura local de procesamiento, como los Locally Coupled Models (LCM), se separa de la red corporativa. Operativamente, el servicio se desconecta de los proveedores de electricidad extractivistas mediante la adopción de microredes comunitarias, inversores híbridos y almacenamiento local autónomo. Al aislar la fuente de energía, la disponibilidad del servicio queda estrictamente ligada a los ciclos climáticos reales del territorio y al límite del hardware en sitio (horas de sol, capacidad finita de las baterías de litio, o baterías de combustibles renovables como aceites usados, u otras formas de propulsión/procesamiento de energías en arranques discretos, eficiencia de generación local, temperatura de los chips) [03, 10]. El Demix debilita la alienación al forzar al participante a reconocer la interdependencia ineludible y finita entre el flujo energético local y su capacidad de procesamiento digital.
Demix frente a las causas de la Hipersistematización
La hiper-conveniencia extractiva requiere rutas (pipelines) automatizadas ininterrumpidas que encadenan el procesamiento de datos con la hiper-explotación humana invisible, diluyendo la autoría, el rastro material y la responsabilidad en una caja negra institucional o de software.
El Demix interviene fragmentando la cadena de montaje automatizada. Implica aislar las tareas operativas para forzar a cada nodo (sea un individuo, una máquina o una asociación) a visibilizar y rendir cuentas materiales sobre los insumos que extrae, procesa y genera, este rendimiento de cuentas debe venir empotrado en un mindset que lo hace consciente, y que no se deshace de esta problematización, sino que la mantienen en crisis, en mente, en cuerpo, no es sólo un ejercicio burocrático. En el contexto organizacional y artístico, esto se manifiesta en la segmentación estricta de las operaciones: separando las herramientas administrativas del núcleo creativo, pero reconociendo su relación, exigiendo una interrupción humana, física y crítica en los puntos de transición de datos. Al fragmentar el flujo de trabajo automatizado, se rompe la inercia del procesamiento ciego, inyectando un lapso de latencia que obliga a reevaluar y confrontar el propósito de la herramienta en cada etapa del proceso. [01, 05]
Demix frente a las causas de la Deriva Arquitectónica
La pulsión por la expansión perpetua consolida millones de líneas de código, reglas operativas y dependencias en un monopolio inmanejable que muta orgánicamente para sostener su propio peso, como ocurre en la hiper-sofisticación paralizante de corporaciones tecnológicas o en la rigidez de formas estéticas institucionalizadas (ej. el serialismo europeo o las academias de técnicas artísticas o incluso en las academias informales, y en las galerías comerciales, en la industria de los videojuegos, etc, donde también se sufre por el aplastante peso del mandato curatorial).
El mecanismo del Demix interviene desmembrando la arquitectura heredada mediante la creación de redes de nodos independientes y módulos estructuralmente limitados, reemplazando la evolución unificada por una dispersión celular. Desde el diseño del código, significa adoptar arquitecturas de microservicios radicalmente aislados que no pretenden gobernarlo todo. En las soberanías locales y coaliciones tecnológicas, el Demix pretende establecer mecanismos que bloquean naturalmente la consolidación de privilegios administrativos permanentes, impidiendo la cristalización de un nuevo centro de mando [06]. Esta limitación modular permite que partes defectuosas, comprometidas o innecesarias sean abandonadas o separadas sin exigir que toda la estructura sufra una deriva mutagénica para intentar sostenerlas.
2. Decouple: El Desacoplamiento del Avance, el Valor y la Existencia
Mientras el Demix se ocupa de desmembrar y reconfigurar la infraestructura física y organizativa, el Decouple interviene en la dimensión relacional, material y psicológica de la economía política. El sistema extractivista vincula, mediante varios chantajes estructurales, la supervivencia biológica y económica, el éxito profesional y la legitimidad social a las métricas de rendimiento y visibilidad de sus propios monopolios (presencia y relevancia comercial artística, tecnológica, vocacional, de prestigio, etc) [07]. El Decouple opera intentando romper deliberadamente ese cordón umbilical, desvinculando la existencia de la especulación financiera y asumiendo el duelo social que implica aceptar el "fracaso" bajo las reglas hegemónicas.
Decouple frente a las causas del Atrapamiento del Medio
El medio asegura su dominación amenazando a quienes operan en los márgenes con la exclusión social, la irrelevancia, la muerte civil o la inanición creativa. La trampa consiste en convencernos de que el valor de una obra o de una vida solo existe si esa red global puede validarla; obliga al creador y al ciudadano a mendigar espacio en la cuadrícula indexada, aplanando su identidad para no perder el acceso al flujo de capital [04].
El Decouple tantea desvincular activamente la supervivencia creativa, política y biológica de la visibilidad dentro de ese entorno comercial. Esta mecánica no busca crear un mercado alternativo, sino que se implementa construyendo coaliciones territoriales prácticas que no requieren, ni desean, el reconocimiento de la plataforma para operar [09]. Una de estas potencias postula economías de trueque basadas en créditos de conocimiento especializado, alianzas directas entre saberes interdisciplinarios en aulas vivas, y el intercambio de semillas, componentes de hardware desechado, insumos, técnicas y saberes vivos. El valor de la asociación se desacopla del mercado de datos y de los abstractos financieros (especulaciones globales acerca de insumos, tierras y recursos); las comunidades se organizan y se proveen de asistencia mutua operando por debajo del radar de las especulaciones tecnológicas y de la vigilancia estatal delegada [07, 10].
Decouple frente a las causas de la Alienación Tecnológica
La tecnología corporativa alinea el concepto mismo de "avance" e "innovación" con la extracción infinita de recursos planetarios finitos [10]. La causa de esta alienación es el terror infundido a la obsolescencia: el usuario y el creador son llevados a creer que la actualización tecnológica perpetua, es decir, comprar el último procesador, usar el motor gráfico más reciente, subirse a la última red, (y por supuesto los resultados y las conveniencias que esto implica) es un imperativo moral y económico superior a la estabilidad ecológica.
Propongo abordar esta ansiedad desacoplando la evolución tecnológica (sea el diseño de hardware, el software, los servidores o la instrumentación artística) de las lógicas de especulación corporativa y bursátil. Esta separación dicta que las decisiones operativas, la adopción de herramientas locales y las necesidades de procesamiento digital se subordinen exclusivamente a las capacidades demostrables de regeneración del ecosistema biológico inmediato [08]. Significa abrazar la obsolescencia como un espacio fértil: reparar máquinas condenadas al desecho, intervenir hardware abandonado [03] y negarse a participar en el ciclo de renovación forzada. La herramienta tecnológica deja de ser una vanguardia destructiva obligatoria y se acopla, con toda su torpeza y lentitud, a las realidades termodinámicas del territorio material en el que habita [10].
Decouple frente a las causas de la Hipersistematización
La trampa de la hiperproductividad consiste en que la automatización implacable nos adiestra para evaluar toda interacción humana, ocio y creación artística a través de la métrica de su eficiencia, su eficacia, su capacidad de capturar atención o su retorno de inversión (ROI), incluso cuando la inversión no retorna de forma financiera, nos vemos preguntándonos “qué aprendimos de todo esto” y suponiendo que toda experiencia es un aprendizaje, o una oportunidad de mejora, la máxima “lo que no te mata te hace más fuerte” se toma como un axioma de productividad, reduciendo la vida misma a un parámetro puramente transaccional [06]. Nos instalan el miedo a "perder el tiempo", lo que facilita la delegación de nuestros procesos vitales a la máquina corporativa [01].
Se hace necesario, entonces, desconectar el valor de la existencia biológica y del ejercicio artesanal de esa urgencia por la productividad cuantificable, se hace necesario permitir la existencia de relaciones, formas de expresión y coaliciones que rinden una fricción máxima; procesos que son incómodos, erráticos, lentos, no concluyentes y profundamente inútiles para los algoritmos predictivos del mercado [11]. Sin embargo, estas actividades inútiles para el capital encuentran usos, valores y profundidades en terrenos vitales que el sistema no quiere reconocer y que consistentemente trata de borrar. Las razones por las que estos otros valores no son reconocidos por el sistema es porque ponen al centro y al beneficiario, al ecosistema y a los que lo constituyen (incluyend seres animados e inanimados, orgánigos e inorgánicos, etc) en vez de a unos pocos que acumulen beneficio y acceso. Al desacoplar el trabajo y el tiempo del mandato de la optimización y la resolución instantánea, se recobra el espacio para una vida humana impredecible, formativa y operativamente opaca [05, 11].
Decouple frente a las causas de la Deriva Arquitectónica
El crecimiento desbocado corporativo exige que todas las redes periféricas, iniciativas locales y movimientos independientes eventualmente se integren y se subordinen a los proveedores comerciales convencionales, utilizando la "compatibilidad" y la "conectividad global" como caballos de Troya para absorberlos, alimentando así los monopolios de telecomunicaciones, los recolectores de bases de datos o las academias formales del arte [02, 06].
El mecanismo del Decouple independiza categóricamente la infraestructura local de la necesidad de esa integración monstruosa. Operativamente, esto implica la renuncia consciente a la compatibilidad global; se trata del despliegue de infraestructuras paralelas cerradas (redes mesh barriales, servidores intramurales incomunicados con el exterior, circuitos de exhibición física sin archivo digital) que rehúsan ceder telemetría o participar en la economía universal de datos a costa de sí mismos. Al desconectar de forma deliberada el sistema local del ecosistema comercial expansivo, se le corta al sistema dominante el flujo de información necesario para continuar mutando y asimilando los márgenes, garantizando que el diseño arquitectónico local sirva exclusivamente a la comunidad que lo sostiene, sin aspirar jamás a escalar [07, 10].
3. Degrowth: El Decrecimiento Termodinámico y la Línea de Tiempo
El Degrowth (Decrecimiento) impone el límite material termodinámico como principio de diseño, lugar de enunciación y postura, activas. Asume la reducción progresiva, planificada y equitativa como la respuesta técnica y biológica viable frente a las realidades calcinantes del Piroceno [10]. Esta mecánica interviene en la temporalidad, reemplazando la fe ciega y extractivista en la "singularidad tecnológica" o el progreso infinito, con una cronología realista anclada en indicadores materiales comprobables (el agotamiento de minerales, los costos marginales de generación eléctrica y las alteraciones climáticas irreversibles, el agotamiento emocional y físico de participantes, etc). El decrecimiento abandona la expansión corporativa y prioriza la supervivencia, la adaptación y, sobre todo, el mantenimiento de lo que ya existe y está roto [03].
Degrowth frente a las causas del Atrapamiento del Medio
El medio comercial nos convence de que la validez de una existencia o de una obra es directamente proporcional a su alcance, obligando al usuario y al creador a competir por una viralidad infinita dentro de la plataforma corporativa [04, 07]. La trampa del atrapamiento es esta sed de expansión demográfica: la premisa de que si no creces tu audiencia y escalas tu impacto, mueres.
Frente a esto, el decrecer reduce deliberadamente la escala de influencia proyectada. El individuo prioriza las coaliciones marginales y locales, fundamentadas en la reciprocidad material inmediata, por encima de las campañas globales abstractas. En la academia y los medios culturales, significa abandonar la pretensión imperial de universalidad o fama masiva, operando en circuitos pequeños donde el intercambio posee un impacto directo, denso y medible en el territorio físico. Al desear un impacto menor pero profundo, la comunidad evade las métricas de captura del monopolio indexado, fortaleciendo sus vínculos internos precisamente a costa de sacrificar su visibilidad externa.
Degrowth frente a las causas de la Alienación Tecnológica
La maquinaria aliena escondiendo el costo geológico de la red detrás de una ilusión de abundancia energética inagotable. La trampa es hacernos creer que el cómputo masivo es "limpio" y "gratuito", fomentando el desarrollo de megacentros de datos que consumen gigavatios y secan acuíferos para sostener modelos predictivos irrelevantes y generaciones de slop estético [06, 10].
Queremos desmantelar esta ilusión imponiendo topes de consumo energético y de procesamiento. Participamos aceptando la degradación voluntaria del ancho de banda y la velocidad de cómputo, forzándose a vivir exclusivamente con la energía libre y localmente disponible. Institucional y personalmente, el Degrowth dicta la paralización de la expansión de la infraestructura extractiva y aboga por el desmantelamiento de los centros de datos que exceden los límites termodinámicos territoriales. Las fases de despliegue tecnológico se planifican asumiendo un suministro eléctrico inestable y un acceso intermitente a las redes, preparando psicológica y operativamente a las comunidades para el deterioro acumulativo e inevitable del ecosistema digital corporativo.
Degrowth frente a las causas de la Hipersistematización
La hiper-conveniencia y la sistematización perfecta requieren volúmenes masivos de datos y una productividad sobrehumana para justificar económicamente los algoritmos y la explotación de la fuerza laboral precarizada [03]. La trampa es el mandato del volumen: producir más rápido, publicar más seguido, generar más tokens, inundar la red de ruido para alimentar el embudo de ventas [07].
Decrecer significa disminuir drásticamente las expectativas de productividad individual e institucional. Al reducir los volúmenes de generación (ya sean bloques de código, contenido mediático, interacciones sociales, pinturas, novelas, o documentos burocráticos), se elimina de raíz la justificación matemática que el sistema utiliza para automatizar procesos y extraer la labor ajena. Un individuo que produce menos, que se demora más, y que rinde con mayor lentitud, agota la utilidad de las tuberías de integración continua. El decrecimiento cognitivo asume el silencio, la escasez y la pausa como herramientas operativas de resistencia activa para desfinanciar y hacer malfuncionar la máquina de recolección de datos [01].
Degrowth frente a las causas de la Deriva Arquitectónica
La distorsión y deformación, la pérdida de sentido exponencial del sistema es causada por la exigencia financiera de que cada plataforma, lenguaje de programación o corriente estética o cultural evolucione constantemente, y así también se asegura su asimilación. La trampa es convencer a todos de que la herramienta debe engullir nuevas características técnicas (el llamado feature creep) para justificar su monopolio, su retención de usuarios, su razón de interactuar con las emergencias y de absorverlas y atravezarlas y su financiamiento perpetuo [02].
Decrecer nos ayuda a desactivar este impulso asumiendo la obsolescencia funcional voluntaria como un indicador superior de salud sistémica. El desarrollador y el artista limitan intencionalmente la base de usuarios y aceptan, e incluso celebran, el estancamiento de las características técnicas. Una herramienta que cumple una función discreta original y modula su desarrollo demuestra haber escapado de la inercia distorsionada. Al rechazar el mandato de la expansión perpetua, la arquitectura se estabiliza, requiriendo menos energía para su mantenimiento, reduciendo el peso cognitivo necesario para operarla y comprenderla, y evitando convertirse en el monstruo autónomo que exige alimentación constante para no colapsar [06].
4. Demake: El Deshacer de la Complejidad y la Resolución
El Demake (Deshacer) interviene directamente en la fidelidad, la resolución y la complejidad estructural de nuestras herramientas. En la industria del entretenimiento, un demake es el ejercicio técnico de tomar una obra hiper-sofisticada contemporánea y reconstruirla para que funcione en hardware obsoleto, primitivo y de recursos estrictamente limitados. Como tomar un GTA, que ya es un juego premium, AAA, con gráficos realistas, y recrearlo en 2d, con arte de pixeles, como si fuera un juego de una consola de Nintendo de los 80’s, con una paleta de colores reducida y una resolución muy limitada; como concepto operativo frente al Piroceno, el Demake es la degradación voluntaria y deliberada de la complejidad técnica [06]. Es el acto de desarmar la "caja negra" corporativa, retirar las capas de abstracción sintética y exponer los engranajes crudos. Deshacer no es un ejercicio destructivo, ni deconstructivo; es retornar el objeto, el software o el proceso y llevarlo a un estado fundamental donde su lógica vuelva a ser abarcable, reparable y comprensible por un solo individuo o una comunidad pequeña [01, 03].
Demake frente a las causas del Atrapamiento del Medio
El medio dominante nos tiende la trampa de la "alta fidelidad" y el "profesionalismo": nos convence de que para que nuestra voz, nuestro arte o nuestra labor sean válidos, deben presentarse en formatos pulidos, en alta resolución, cumpliendo estándares corporativos de legibilidad [04]. 4K, interfaces inmaculadas, gramática algorítmica impecable, filtros de belleza, intervenciones de belleza, políticas de identidad, estándares inalcanzables de performance; eventos, fenómenos, entidades y contingencias asequibles conceptualmente y fáciles de entender no por su falta de complejidad sino precisamente porque su alto y sofisticado diseño (y pátinas digitales) enmascaran bien sus características fundamentales [01]. La trampa exige que utilicemos sus pesadas herramientas de edición y renderizado para ser aceptados en la plaza pública.
El Demake responde deshaciendo la resolución de nuestra existencia digital. Frente a la exigencia del formato pulido, el creador adopta activamente la estética y la técnica de la "imagen pobre" o el dato crudo. Se priorizan los formatos livianos, torpes y primitivos (texto plano, HTML básico, ASCII, imágenes de baja resolución, protocolos de transmisión simples). Al deshacer el empaque estético de su obra, el individuo reduce drásticamente el peso de su participación en la red. Reduce también qué tan SLOP es, el slop es prístino, incapaz de la crudeza y rusticidad de la comunicación fundamental, porque es precisamente superficie, una superficie dispuesta a la captura y que refuerza los valores que conducen a la captura, la explotación, el control [07, 10]. Esta degradación técnica voluntaria confunde los parámetros de indexación corporativa, que están entrenados para monetizar el contenido de alta fidelidad (en su superficie), permitiendo que la obra circule por debajo de los radares de la optimización algorítmica y recobre una textura áspera que el mercado no puede asimilar fácilmente [09].
Demake frente a las causas de la Alienación Tecnológica
La causa de la alienación es el diseño deliberado de interfaces gráficas "mágicas" y libres de fricción [10]. La trampa de la maquinaria es ocultar su inmensa brutalidad termodinámica, el extractivismo mineral y el calor residual detrás de un diseño inmaculado que no requiere que el usuario entienda cómo funciona lo que está tocando. Se nos enseña a temerle a la línea de comandos, a los cables expuestos y al código fuente [03]. Tememos también a las experiencias sensibles y sensoriales, el feedback háptico controlado es un intento de cruzar ambos objetivos: nuestra necesidad de sentir, y nuestro miedo (inculcado, instalado) de sentir, o tal vez de que el sentir se salga de control [05, 08].
El Demake desarticula esta alienación rompiendo la pátina estética. Consiste en desollar la herramienta comercial para exponer su materialidad. En la práctica, esto significa abandonar las aplicaciones de diseño cerrado (las interfaces de usuario pulidas de los gigantes tecnológicos) y comprometerse, cometer la interacción con los sistemas desde sus interfaces más poderosas, que nos permitan ver las tripas del aparato, accediendo a las tripas de la máquina, modificando procesos a mano y operando hardware sin carcasas que escondan sus componentes. Al deshacer la interfaz amigable, el Demake devuelve la fealdad y la fricción al proceso operativo, compartiendo al participante la lógica de la máquina y eliminando el mito de la magia inmaterial. La tecnología, orgánica, inorgánica, digital, análoga, mineral, emocional, esotérica, se revela como lo que es: materiales ensamblados siendo atravesados por corrientes, campos y ondas [08, 10].
Demake frente a las causas de la Hipersistematización
La trampa que dispara la hipersistematización es la promesa corporativa de ahorrarnos todo el esfuerzo fundacional. El sistema nos ofrece inmensas librerías de código prefabricado, generadores de inteligencia artificial y plantillas estandarizadas para que no tengamos que construir nada desde cero, ocultando el hecho de que estas soluciones están cimentadas sobre la hiper-explotación del trabajo humano previo [01, 07]. Nos acostumbramos a importar bloques masivos de complejidad para resolver problemas simples [06].
El Demake propone desempacar y desechar la dependencia. Deshacer significa negarse a importar el marco de trabajo (framework) corporativo completo. El desarrollador, el artista o el administrador opta por programar, escribir o gestionar utilizando únicamente la lógica fundamental, elaborando herramientas a la medida (artesanales) que hacen exactamente una cosa y pueden tener modularidades con otras, pero cada proceso y cada contingencia tiene sus propios parámetros y sus propias interfaces [04, 11]. Al deshacer el uso de herramientas sintéticas de generación masiva y reintroducir el ensamblaje manual, paso a paso, se erradica la dependencia de la infraestructura corporativa para la creación cotidiana [05]. Se renuncia al atajo extractivista para recuperar la intimidad y la lentitud del oficio [11].
Demake frente a las causas de la Deriva Arquitectónica
La deformación de la arquitectura del software y de las instituciones ocurre porque la industria nos convence de que debemos construir sobre capas de legado interminables (legacy code) y dependencias infinitas para no quedarnos atrás [02]. La trampa es el miedo a perder funcionalidad; terminamos operando sistemas que nadie comprende en su totalidad, engordando el monstruo tecnológico simplemente porque desarmarlo parece demasiado laborioso [06].
El mecanismo del Demake hace cara a esta deformación asumiendo que la complejidad heredada es, en sí misma, una deuda termodinámica y cognitiva [03, 10]. Implica reescribir y simplificar los sistemas vitales para que su arquitectura completa vuelva a caber en el modelo mental de un solo ser humano. Es la migración de plataformas volátiles que requieren constantes actualizaciones de seguridad, hacia protocolos terminados, inactivos y absolutos que ya no necesitan evolucionar para seguir funcionando. Al deshacer las capas de código y burocracia acumuladas, se le amputa al sistema la complejidad ciega que le permitía mutar fuera del control de sus habitantes, devolviéndole a la herramienta su finitud original [10].
Plazas Zombies y Canarios de Mina
Los obreros, artesanos, artistas y pensadores son una especie de canarios en las minas. De muchas formas son indicadores visibles, y algunas veces difíciles de detectar, de lo que está pasando con un sistema, especialmente un sistema de control. No me voy a poner a romantizar el asunto; hitler intentó ser artista, y luego, cuando ya era un líder fascista, dentro de su círculo cercano hubo artistas y diseñadores. Entonces no, no voy a decir que hay una "verdad de ser" artista, y que si esa verdad es "activada", el artista mágicamente se transforma en un ser liminal que nos indica verdades absolutas de la existencia humana.
Es más bien hablar de los hacedores, creadores, investigadores y oficios periféricos como personas cuya labor en un grupo social depende de muchos vectores: de alianzas (como los amigos del Führer), de las movidas comerciales y financieras de insumos, y de gustos que son altamente manipulables y que fácilmente rendimos y entregamos a una máquina voraz. Y esta vulnerabilidad no es exclusiva de artesanos, artistas, filósofos, músicos, periodistas, poetas, libreros, talleristas, profes, consultores, investigadores, linguistas, tecnólogos, en sus varias esferas o estratos, es decir en calidad de profesionales, emergentes, amateur, hobbystas, etc, todos ellos habitan fracturas similares, comparitendo como síntomas, entre otras, esas mismas 4 consecuencias que resaltamos antes.
Para todos ellos, con sus herramientas, procesos, técnicas diferentes, sus plazas han sido capturadas, ya sea por la burocracia de los portafolios y el patronato corporativo de entidades oficiales y privadas, capturadas por museos y galerías (que a menudo lavan su imagen de extractivismo o nexos opresores a través de fundaciones de cultura, artesanías y arte) [02], por el algoritmo de plataformas de distribución globalizada, por el embudo de ventas (sales funnel) de las superficies de divulgación o adquisición de audiencia, por los mega-consorcios de publicaciones o el sistema burocrático de asignación de fondos estatales o corporativos con inversores con intereses volátiles, la burocracia de aplicar a patrocinios de farmacéuticas o laboratorios, o espacios académicos que financien las investigaciones o proyectos: Las plazas de fogueo real están muertas y para existir en estas plazas zombies, los operarios y hacedores son forzados a aplanar sus procesos, su cuerpo de trabajo, su contexto, su trasfondo, su cultura, su identidad [04]. Al músico emergente se le exige una hiper-producción de sencillos y se le obliga a comportarse como un entertainer incesante, sexualizando su presencia o apelando a dinámicas de validación rápida [06, 07]. Al investigador científico se le exige que alinee sus hallazgos con la ideología del Estado o de las corporaciones. Al tallerista se le pide que mutile la complejidad de su saber en píldoras de treinta segundos, vendiendo resultados garantizados. Todos terminan utilizando las mismas herramientas, los mismos presets corporativos y los mismos lenguajes higienizados para no ser penalizados por la máquina [01], erradicando la posibilidad de forjar un fogueo auténtico, orgánico, torpe y honesto con una audiencia a través de semestres o años [05, 11].
Frente a esta maquinaria que exige pátinas inmaculadas (resolución 4K, audios perfectamente cuantizados, tableros de control ejecutivos y laboratorios de caja negra), ¿es posible trasladar estas labores a espacios no cartografiados por el algoritmo? ¿Qué pasaría si el artista expone en sótanos y lotes baldíos; si el músico retira su catálogo del streaming y distribuye memorias USB o CD’s mano a mano; si el tallerista limita sus espacios y profundiza en ellos (a costa, deliberadamente de ampliar la superficie); si el científico publica hallazgos de código abierto directamente a las comunidades pertinentes antes de ser patentados? ¿Es posible atomizar la audiencia y renunciar a la métrica global para recuperar la experiencia de un grupo celular periférico que el patronato corporativo no pueda vigilar ni perfilar? [09]
Hay un discurso aplastante y forzado de "impacto social", "escalabilidad" y "retorno de inversión". ¿Pueden estos hacedores desvincularse de esas subvenciones y métricas condicionales? ¿Pueden asumir el reto y el duelo de perder el estatus, el prestigio y el financiamiento que dan los circuitos hegemónicos? No puede ser fácil. La misma supervivencia, y me refiero literalmente al arriendo, la posibilidad de víveres de calidad, la estabilidad emocional, está en juego. Aquellos que operan con un trabajo diurno (dayjob) paralelo a su creación tienen una ventaja táctica al no depender de las reproducciones o de las ventas corporativas para pagar su vivienda, pero eso también depende del acceso, eso también es una magia que tiene un sustrato termodinámico del que se alimenta, y eso también debe ser puesto en crisis y es posible también afrontar un duelo a ese respecto. ¿Es posible, entonces, desacoplar la supervivencia del cuerpo a la de la obra, y la de la obra a la de su prestigio y plusvalía, financiándo diferentes cuerpos (el propio y el de trabajo y el de la comunidad y el contexto que nos rodea) mediante alianzas horizontales, trueques comunitarios, o asumiendo que ciertos oficios son labores no monetizables que deben ocurrir al margen del sustento económico real? [07, 10]. Este desacople requiere demasiado de sus participantes. Y aún así... no desacoplarse requiere aún más, porque la máquina lo requiere todo: lo que hay y lo que no hay, el pasado y el futuro.
La hiper-sistematización exige que los proyectos crezcan incesantemente. ¿Qué tal reducir la escala y el volumen de producción como un acto de resistencia termodinámica? En lugar de lanzar canciones mensuales para perseguir el algoritmo o escalar la base de clientes, ¿puede un hacedor limitarse deliberadamente a producir menos en volumen, y profundizar la calidad de la búsqueda artística, del proceso, o tal vez incluso también para menos gente, pero gente para la cuál esto sea parte importante también de su proceso y no sólo una curiosidad o un elemento de su paisaje?
Tal vez el músico acepte la invisibilidad global para enraizarse en las problemáticas de su territorio [10], asumiendo que su obra no necesita conquistar audiencias internacionales, sino detonar sentido, consuelo o fricción para las cien personas de su ecosistema inmediato.
De manera paralela, tal vez el investigador se niegue a ceder ante la presión sistémica de enmarcar su curiosidad bajo la rúbrica corporativa de la "innovación" y el "progreso" (ese mandato de descubrir la próxima gran frontera tecnológica que devora recursos geológicos). Tal vez decida dejar de justificar su labor ante esas métricas de escalabilidad para poder legitimar su verdadera pulsión investigativa y el arraigo con su ecosistema: observar su entorno, dedicarse a la ciencia del mantenimiento, investigar cómo remediar suelos calcinados, cómo reparar infraestructuras colapsadas o cómo operar con hardware obsoleto [03]. Es un decrecimiento que asume que ya hay suficiente expansión, y que la tarea urgente es sostener lo que ya existe y está roto.
Por último, la institución exige resultados pulidos y libres de fricción. ¿Puede el creador desarmar esta pátina utilizando estéticas torpes, datos crudos o herramientas rudimentarias con la intención de desmontar el deseo corporativo? Más allá de un acabado "lo-fi" para imprimir un estilo vacío, ¿qué pasaría si se graba con los micrófonos posibles en el entorno acústico disponible, si la ciencia se hace con hardware abierto reciclado, o si la consultoría se entrega en hojas de cálculo planas sin diseño gerencial? [01, 03] ¿Desde qué territorio emocional, socioeconómico, de clase y de raza habla ese creador que usa estos insumos limitados? Al apagar las secuencias automatizadas en la tarima, rechazar el software privativo o entregar el texto con su sintaxis rota natural, tal vez se recupere una textura áspera que resulte indigerible para la asimilación comercial. Tal vez esto le devuelva la fricción y la fealdad a la obra, haciéndola inaceptable para la plaza hegemónica [04], pero ayudándole al creador a depender nuevamente del pulso, la escucha y la interdependencia real, forjando otras raíces, otros creceres y otros haceres [08, 11].
El Duelo Y La Semilla
El extractivismo tecnológico, mediático e institucional ha consolidado sus monopolios explotando el peso de la complejidad y la alienación del propósito. Frente al colapso de la habitabilidad del mundo y la proliferación de la basura cognitiva (System Waste), la supervivencia operativa demanda herramientas mecánicas específicas.
La adopción de los cinco conceptos expuestos —la ignición/congelamiento paradójicos del Deseo, la fragmentación estructural del Demix, la emancipación valorativa del Decouple, el reconocimiento termodinámico del Degrowth y la degradación material del Demake— permite responder frontalmente a las limitaciones operativas de la infraestructura actual. Estas no garantizan la reversión de las ruinas dejadas por el Piroceno, pero articulan un ensamblaje táctico para habitar el colapso, establecer coaliciones prácticas y forjar autonomías locales viables.
En esta sección de cierre ofrezco un preguntario a manera de provocación táctica y material, son interrogantes sueltas para quienes habitan las plazas zombies. Soluciones de baja calidad (decrecidas, desmezcladas, deshechas, desacopladas), fricciones deliberadas, dedos en llagas o cicatrices que duelen cuando nieva, son como miembros o dedos fantasmas para tantear los bordes de la máquina.
Navegar este preguntario y ensayar estas mecánicas de desmonte no promete una utopía libre de fricciones, ni garantiza la reversión mágica de las ruinas que el Piroceno ya ha consolidado. Asumir la posición de la des-máquina es, fundamentalmente, un acto de duelo. Es aceptar que la promesa de conectividad inmaterial y conveniencia infinita era una trampa termodinámica financiada con la calcinación del mundo físico y la explotación de cuerpos invisibles. Pero también es reconocer que la genealogía y evolución mismas (biológicas, social, cultural, artística, filosófica) no es limpia. No hay un gran diseñador configurando una arquitectura prístina del universo. El código genético es sloppy, tanto así que vemos mutaciones en la naturaleza, algunas se corrigen internamente por el mismo cuerpo y otras no, y algunas veces estas mutaciones en efecto participan en la evolución. El fuego, columna del piroceno, no es una fuerza que actúa en soledad, necesita el aire y combustible. Aceptar las mutaciones, el slop, la interdependencia de la simbiosis y el parasitismo (que nos da pie a la simbiogénesis y parasitogénesis, teorías espectaculares e inspiradoras) es duelo y es semilla.
La industria extractivista ha invertido todo su capital, que consiguió y sigue consiguiendo a costa de nuestros cuerpos, en convencernos de que fuera de su infraestructura indexada no hay nada; que fuera de su órden y su control es imposible la existencia, es imposible ser; que abandonar la alta resolución, la hiperproductividad y el crecimiento exponencial equivale a desaparecer en el vacío. Pero el vacío que la máquina tanto teme es, en realidad, el territorio, el cuerpo. Al apagar y prender repetidamente, como obsesos, la secuencia, al ensuciar el código, al subirle y bajarle la corriente al servidor, al enraizarse en lo local y al elegir formas alternativas y nocivas del mercado y lo comercial, no se cae en la nada. Se cae en la tierra. Se es. Se cae en la gravedad de la interdependencia, en la lentitud biológica del aprendizaje, en la temperatura de los equipos y en la mirada torpe pero viva de la comunidad que nos rodea.
Operar como una des-máquina que des-desea no es un ejercicio de pureza moral, queriendo decir que con esto que no es un imperativo calificativo que nos instruye cómo debe ser el ser... Es más tonto que eso, es una estrategia de supervivencia táctica, y tal vez al ser así de tonto, pueda servir... Temporalmente. Porque eventualmente la máquina de cuerpos sin órganos sin cuerpos, lo atrapará.
Es la ilusión decidida y material de recuperar nuestras herramientas y volverlas a saber finitas, y recuperar nuestros oficios para que vuelvan a ser vulnerables. Frente a un monolito corporativo que exige engullirlo todo para no colapsar, la resistencia más profunda radica en atreverse a ser menos, a sonar más bajo, a abarcar menos espacio y a moverse con la lentitud suficiente para que las raíces vuelvan a tocar el suelo.
Qué preguntas se hace una Desmáquina: Preguntario para el Desmonte.
Sobre el Espacio, la Audiencia y el Atrapamiento (Demix)
- ¿Es posible trasladar la obra a espacios no cartografiados por el algoritmo, como garajes, sótanos, lotes baldíos o circuitos de correo postal físico?
- ¿Es viable atomizar la audiencia y renunciar a la cobertura mediática a cambio de la experiencia de un grupo celular periférico?
- ¿Se puede construir una comunidad que el patronato corporativo o el panóptico central no pueda (o quiera) vigilar ni perfilar?
- ¿Qué pasaría si el músico retira su catálogo de los servidores monopólicos (Spotify, Apple Music, Youtube, Bandcamp, Soundcloud) y distribuye su obra en protocolos asíncronos o foros autohospedados?
- ¿Es posible forjar una comunión sonora regresando al intercambio físico de memorias USB y CDs en circuitos locales?
- ¿Es concebible abandonar las versiones de canciones populares como forma de validación musical o de entretenimiento explotativo y usarlos como referentes y disfrute no comercial?
- ¿Es posible priorizar la interlocución directa con la comunidad barrial y los dueños físicos de los espacios sin descanzar en códigos ya absorbidos por la institución (es decir, sin replicar clichés rancios)?
- ¿Puede el consultor corporativo entregar soluciones compartimentadas que vivan en servidores locales desconectados, en lugar de integrarse a la nube unificada de la empresa, en vez de cobrar subscripciones por cosas que pueden instalarse y ser autónomas del cliente?
- ¿Es viable educar a las gerencias a intervenir manualmente para mover la información, forzando a la organización a mantener islas de datos separadas?
- ¿Qué implica para el tallerista abandonar la academia digital indexada (Domestika, Udemy) que retiene la propiedad de los datos y ocupar sus propios servidores limitados?
- ¿Se puede fragmentar a la comunidad de aprendizaje impartiendo talleres únicamente a través de protocolos cerrados o presenciales?
- ¿Puede el escritor abandonar las plataformas centralizadas de newsletters (Substack) o redes de blogs (Medium) para trasladar la palabra a fanzines impresos de tiraje corto o en plataformas digitales que no estén capturadas y promovidas y controladas por la institución?
- ¿Qué pasaría si el librero independiente se niega a digitalizar su inventario en bases de datos globales, impidiendo que perfilen los hábitos de lectura de su comunidad, serviría de algo? ¿Es ese incluso un problema, qué tanto se podría digitalizar en una red cerrada para lograr los alcances sistemáticos de inventario de esto sin tener qué compartir la info de la comunidad, más bien?
- ¿Es posible para el científico evadir los mega-consorcios de revistas privadas (Elsevier) y los muros de pago (paywalls) publicando en repositorios periféricos?
- ¿Se puede distribuir el conocimiento técnico y los hallazgos de investigación directamente a las comunidades afectadas antes de que sean patentados por corporaciones, asugurando no sólo su uso, sino también que puedan defenderse de las tecnologías en caso de que sean explotativas?
Sobre el Valor, la Supervivencia y el Desacople (Decouple)
- ¿Es posible desvincularse de los discursos corporativos de "impacto social" y de las subvenciones, becas, estímulos y otras formas de financiación condicionadas?
- ¿Pueden los hacedores asumir el reto y el duelo material, emocional y social de perder el estatus y el prestigio de los circuitos hegemónicos?
- ¿Puede el sistema social actualmente sostener, con calidad de vida suficiente, a los hacedores que se nieguen a participar de los circuitos hegemónicos?
- ¿Es posible desacoplar la supervivencia del cuerpo de la supervivencia de la obra, financiando ambas mediante alianzas horizontales o trueques comunitarios?
- ¿Se puede asumir la creación, el arte o la música como una labor no-monetizable que ocurre estrictamente al margen del sustento económico real?
- ¿Existe una ventaja táctica inexplorada en mantener un trabajo diurno (dayjob) para no depender de las reproducciones o ventas algorítmicas?
- ¿Podría el músico asumir la aparente "derrota" de pulir su saber y obra musical durante semestres enteros para tocar frente a quince personas, priorizando el fogueo biológico lento en vez de querer una explosión de audiencia?
- ¿Cómo se desacopla a un trabajador (como el músico profesional) cuando el mercado remunera explícitamente su capacidad de sonar y operar como una máquina infalible?
- ¿Podría este trabajador renegociar el valor de su presencia ofreciendo la imprevisibilidad, el error humano y la lectura emocional en tiempo real por encima de la "pista de fondo" inmaculada?
- ¿Puede el consultor corporativo negarse a que su trabajo sea utilizado para reducir personal o automatizar la labor ajena?
- ¿Es posible que la propuesta de valor de un analista deje de ser "te haré producir un 200% más" para convertirse en "le ahorraré deuda técnica y deriva estructural a tu cmpañía"?
- ¿Puede el tallerista desacoplar su enseñanza del mandato de la "superación profesional" o el "aprendizaje productivo" (obtener un certificado para ganar dinero)?
- ¿Es viable posicionar un saber pedagógico (historia, tejido, carpintería rudimentaria) como un fin inútil e improductivo para el capital, buscando solo la interdependencia?
- ¿Puede el escritor renunciar a la economía de los clics, los títulos clickbait y los parámetros de legibilidad algorítmica (SEO)?
- ¿Es posible asumir la pérdida financiera de la invisibilidad a cambio de forjar un pacto de lectura lento y directo?
- ¿Puede el científico negarse a orientar sus preguntas hacia resultados patentables, privatizables o militarizables?
- ¿Qué implica asumir el duelo material de perder grandes fondos de investigación para alinear la ciencia con la supervivencia ecosistémica del territorio local?
Sobre el Tiempo, la Escala y el Decrecimiento (Degrowth)
- ¿Puede un hacedor limitarse deliberadamente a producir menos en volumen para profundizar en la calidad del proceso?
- ¿Es posible dedicar la labor exclusivamente a mantener, reiterar, reparar o reinterpretar una obra que ya existe en lugar de crear un flujo constante de novedades?
- ¿Qué pasaría si el creador abandona la expansión de su currículum internacional para enfocarse en lograr un impacto denso y focalizado en su ecosistema inmediato?
- ¿Puede el músico aceptar el silencio comercial y renunciar a conquistar audiencias globales?
- ¿Qué constituye el territorio de un artista y por qué su obra sería vital para ese lugar en específico?
- ¿Es viable para un trabajador imponer un límite termodinámico a su alcance geográfico (movilidad perpetua), asumiendo un decrecimiento en sus ingresos para recuperar su sostenibilidad biológica?
- ¿Puede el solopreneur corporativo establecer un tope máximo de ingresos y clientes, rechazando nuevos proyectos una vez alcanzada su subsistencia?
- ¿Qué sucede si un consultor o educador se niega a escalar su negocio y a automatizar sus talleres en cursos pregrabados masivos?
- ¿Es posible limitar el acceso de un espacio de transmisión de saberes estrictamente a cinco o diez personas, asegurando un intercambio termodinámico real y focalizado?
- Frente al mandato de "publicar o perecer", ¿puede el columnista o escritor reducir drásticamente su frecuencia de publicación, produciendo un solo texto al año?
- ¿Puede el trabajador de la palabra priorizar la relectura, el mantenimiento del archivo histórico y la preservación por encima de la emisión de nuevo ruido?
- ¿Es posible que el investigador abandone la obsesión corporativa por descubrir la próxima frontera tecnológica (minería espacial, IAG) que devora recursos geológicos?
- ¿Qué pasaría si la maquinaria científica se reorienta hacia la ciencia del mantenimiento: remediar suelos, desmantelar infraestructuras tóxicas o sostener hospitales con mínima energía?
Sobre la Fricción, la Resolución y el Deshacer (Demake)
- ¿Puede el creador desarmar la pátina inmaculada de su obra utilizando estéticas torpes, datos crudos y herramientas rudimentarias para desmontar el deseo corporativo?
- ¿Desde qué territorio emocional, socioeconómico, de clase y de raza habla el creador que decide utilizar insumos degradados o basura tecnológica como propuesta material?
- ¿Qué pasaría si el músico graba con los micrófonos posibles en el entorno acústico disponible por objetivos políticos y filosóficos, en lugar de buscar un acabado estético vacío?
- ¿Es posible que al renunciar a la pulcritud de los estudios y el software privativo, la música recobre una textura indigerible para la asimilación comercial?
- En los eventos en vivo, ¿qué pasaría si se apagan las secuencias que automatizan instrumentos ausentes y se desconecta el metrónomo digital (click track)?
- ¿Puede un ensamble volver a los amplificadores físicos que mueven el aire y generan temperatura, obligándose a depender de la interdependencia real, auditiva y visual de los cuerpos en tarima?
- ¿Qué ocurre cuando el analista corporativo entrega sus consultorías en documentos de texto plano (.txt) u hojas de cálculo sin formato gerencial?
- ¿Puede el trabajador despojar a los tomadores de decisiones del consuelo visual de los dashboards interactivos para obligarlos a confrontar la frialdad cruda de los datos?
- ¿Es posible exponer el lodo del proceso pedagógico, rechazando la iluminación de estudio, la edición ágil y los cortes que eliminan el error (jump cuts)?
- ¿Qué sucede cuando un maestro expone la suciedad, la frustración, las herramientas rotas y los intentos fallidos, deshaciendo la ficción de omnipotencia?
- ¿Puede el escritor o poeta "ensuciar" el texto utilizando dialecto local, jerga o sintaxis rota para confundir a los modelos de lenguaje corporativos (LLMs)?
- ¿Es viable retornar a la máquina de escribir, al texto plano (ASCII) o al mimeógrafo para devolverle a la letra su resistencia a ser escaneada y asimilada limpiamente?
- ¿Puede el científico deshacer su dependencia de las cajas negras corporativas (supercomputadoras, microscopios privativos) mediante la "ciencia pobre" o el hardware abierto?
- ¿Qué pasaría si se diseñan y fabrican instrumentos rudimentarios, hackeables y reparables in situ con piezas locales recicladas, perdiendo resolución pero recuperando soberanía técnica?
Referencias del corpus:
[01] - ALLM (Applied Large Language Models)
[02] - Bot con Ansiedad de Separación
[03] - Horizonte de Uso
[04] - Arquitecturas Cognitivas (Plurisistemicidades)
[05] - Bot = Esclavo
[06] - System Waste / Tokenmaxxing
[07] - Panopticonly Fans
[08] - Más Acá del Prefijo Humano
[09] - Pirocenotopías Espectrales I
[10] - Pirocenotopías Espectrales II
[11] - http://www.youtube.com/watch?v=KqiDqJMxg6o You Truly Don't Understand What Just Happened to Mathematics (Análisis sobre la diferencia entre la resolución algorítmica de problemas y la generación de marcos de comprensión humana).
[12] - https://www.gutenberg.org/ebooks/26184 Simple Sabotage Field Manual by United States. Office of Strategic Services